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Paola ha convertido sus desafíos en fortalezas. Desde vender empanadas en su niñez hasta convertirse en un símbolo de autenticidad y amor propio, su historia invita a aceptar la diversidad como fuente de verdadera belleza.

Paola Andrea Ruiz Buitrago, Miss Quindío Universal 2025, nació con labio leporino, una condición que marcó su camino desde la infancia. A pesar de los retos médicos y sociales, nunca perdió su esencia ni su belleza auténtica. Su historia refleja la fuerza de quien se acepta y se ama a sí misma.

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Desde niña, Paola mostró una gran determinación: vendió empanadas para apoyar a su familia, una muestra temprana de su esfuerzo y compromiso. A los 14 años migró a Estados Unidos en búsqueda de mejores oportunidades para su familia, y desde entonces ha trabajado arduamente para alcanzar sus metas. Becada para estudiar Derecho y Ciencias Políticas, encontró en el arte, la moda y la comedia una forma de expresión que le permitió compartir su creatividad y empoderar a otros. Su paso por el modelaje y las redes sociales ha sido un espacio para promover la empatía, la aceptación y la alegría, valores que la han acompañado en todo su proceso.

Como Miss Quindío Universal, Paola utiliza su plataforma para romper estigmas y mostrar que la belleza no es perfección, sino inteligencia, amor propio y autenticidad. Su mensaje invita a todos a reconocer su valor único y a construir una comunidad basada en la comprensión y el respeto, recordándonos que la diversidad es fuente de verdadera belleza.

¿Cómo fue crecer con un labio leporino en un mundo que muchas veces no acepta las diferencias?

Fue muy difícil. Desde niña sentí que llamaba la atención por algo que no podía controlar. Las miradas, los comentarios, incluso de personas cercanas, dolían más de lo que podía expresar. Me hice amiga de la soledad, porque sentía que no encajaba. Eso me marcó mucho en la autoestima, y durante años luché con la idea de que quizá no era suficiente, que debía esconderme para no sufrir.

¿Cómo afectó eso su relación consigo misma y con los demás?

Me costaba aceptarme. Había días en los que no quería verme al espejo, porque veía solo lo que me faltaba y no lo que era. Eso se tradujo en miedo a relacionarme, a ser rechazada, a no ser amada. Pero también aprendí que ese dolor podía transformarse, que podía ser la base para encontrar mi fuerza y valor.

¿Qué fue lo que le ayudó a comenzar a sanar y aceptarse?

La terapia fue clave, me ayudó a entender que no estaba rota ni era menos por tener una diferencia física. También las personas que me apoyaron sin juzgarme, que vieron más allá de mi apariencia. Poco a poco, empecé a amarme, a valorarme como soy y a reconocer que mi historia tenía un poder que podía compartir.

Decidió entonces participar en un certamen de belleza. ¿Qué representó ese paso para usted?

Fue un acto de valentía y de desafío a todos los estándares. Entrar a ese mundo, sabiendo que la perfección parecía ser la única bienvenida, fue una manera de decir: “Estoy aquí, merezco estar”. No fui solo por la corona, sino para abrir camino, para que nadie se sienta excluido o invisibilizado por sus diferencias.

¿Qué sintió al ganar?

Fue un momento de liberación y orgullo. Sentí que representaba a muchas personas que no se sienten aceptadas. La corona fue más que un símbolo de belleza; fue una voz para la inclusión, un mensaje de que todos merecemos respeto y amor.

¿Qué desafíos enfrentó durante esa experiencia?

Fueron muchos, desde los retos físicos hasta las críticas y el peso emocional. Hubo momentos en los que dudé de mí misma, en los que parecía más fácil rendirme. Pero cada obstáculo me hizo más fuerte y me reafirmó que estaba luchando por algo más grande que yo.

¿Qué mensaje quiere dejar a quienes enfrentan dificultades similares?

Que no están solos. Que sus diferencias son parte de lo que los hace únicos y valiosos. Que el amor propio no siempre es fácil, pero es el camino para vivir con dignidad y esperanza. Y que nunca permitan que el juicio de otros defina su valor.

¿Qué sueños tiene para el futuro?

Seguir abriendo puertas para otros, trabajando por la inclusión y la aceptación. Me emociona pensar que con cada paso que doy, puedo inspirar a alguien más a quererse y a luchar por su lugar en el mundo.

¿Nos puede dar un adelanto de lo que se viene?

Por ahora, el domingo subimos a Miami para abrir una pasarela en la Swim Week. También, el 4 de junio haré mi primera propaganda para Univision. Además, seguimos en charlas con una ONG que trabaja de la mano con Miss Universo Colombia para apoyar a niños con labio leporino en Colombia.

 

 


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