Desde su formación en Armenia hasta su destacada labor en México, Claudia Juliana Gómez Mejía ha combinado su pasión por la arquitectura con un enfoque social. Como migrante, diseñó y lideró la construcción del Centro de Asistencia Social y Atención a Migrantes en Sinaloa, un proyecto de gran impacto para quienes buscan nuevas oportunidades
Para la quindiana Claudia Juliana Gómez Mejía, arquitecta por elección y convicción, no existen límites ni fronteras. Creció y se formó en la Facultad de Arquitectura de la Universidad La Gran Colombia, sede Armenia. Desde niña, su talento para el arte fue evidente, y sus padres la incentivaron a seguir una carrera afín. Aunque en un principio se inclinó por la publicidad y la mercadotecnia debido a su interés por la fotografía, terminó eligiendo la arquitectura sin imaginar que en ella encontraría una fusión entre arte, diseño, ingeniería, urbanismo, economía, historia, sociología y psicología.
Con el tiempo, migró a Culiacán, en el estado de Sinaloa, México. Tras un arduo proceso de adaptación, fue contratada por el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia del Estado de Sinaloa (DIF), donde diseñó y lideró la construcción del Centro de Asistencia Social y Atención a Migrantes. En su trayectoria académica, tuvo el privilegio de recibir clases de docentes premiados, como el arquitecto Jorge Pérez Jaramillo de la Universidad Pontificia Bolivariana, y ampliar su formación en una de las pocas oficinas de bioclimática del país, ubicada en Medellín.
Actualmente, continúa trabajando en el DIF de Sinaloa, donde ha adecuado espacios para la población migrante y personas que requieren fisioterapia. Además, cursó una maestría y obtuvo su doctorado en arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México.
¿Qué la llevó a elegir la arquitectura?
Mi padre me insistió en que debía escoger una carrera que me permitiera ser independiente. Entre las opciones que consideré, la arquitectura me pareció fascinante. Ingresé a la universidad el 25 de enero de 1999, pero el terremoto de ese año nos obligó a suspender el semestre y continuar en instalaciones provisionales. Fue un inicio difícil, especialmente porque el lenguaje técnico de la carrera me resultaba desconocido. Incluso reprobé mi primer taller, pero un técnico en dibujo que realicé en el Sena me ayudó bastante, así como compartir con mis compañeros, de quienes aprendí mucho sobre construcción.
¿Cómo llegó a México y logró incorporarse en el DIF?
Cuando trabajaba en Medellín, conocí a mi actual pareja y decidí mudarme a México, de donde es él. Fue un cambio drástico, tanto cultural como en lo relacionado con el clima. Respecto a mi llegada al DIF, la doctora Eneyda Rocha Ruiz, presidenta de la entidad, me contactó tras la recomendación de un vecino, quien destacó mi preparación profesional. Me ofrecieron un puesto en el DIF, donde trabajamos por la niñez y la población vulnerable en general.
¿Cómo fue el proceso de diseño del edificio de atención para migrantes?
Me asignaron un proyecto de mandato presidencial y me dieron un presupuesto para crear un albergue para migrantes. Inicialmente, la idea era adecuar un edificio existente, pero al no contar con uno disponible, decidimos construirlo desde cero en un terreno donado en Mazatlán. La obra finalizó en marzo de 2023.
¿Cómo diseñó el edificio para responder a las necesidades de los migrantes?
Quería que el espacio fuera acogedor y digno. Los migrantes llegan en condiciones extremas, por lo que nuestra responsabilidad era ofrecerles un lugar cómodo y seguro. Me enfoqué especialmente en los niños migrantes, creando áreas separadas para ellos y los adultos, garantizando su protección y bienestar.
¿Representó un reto profesional este proyecto?
Sin duda. Nunca había diseñado un edificio desde cero ni gestionado un presupuesto de 60 millones de pesos mexicanos (aproximadamente 13.000 millones de pesos colombianos). Contamos con el apoyo de un taller de arquitectura en Mazatlán. Durante el proceso, estaba embarazada y, aunque tomé un breve receso por el nacimiento de mi hijo, seguí pendiente del proyecto. Aprendí sobre normativas, licitaciones y gestión de construcción en México.
¿Qué sintió al ver el edificio terminado y en funcionamiento?
Fue una satisfacción enorme. Verlo equipado y saber que serviría a personas en situación vulnerable fue muy gratificante. Más aún, al saber que los propios migrantes cuidan las instalaciones, las mantienen limpias y agradecen la hospitalidad de Sinaloa.
¿Cuál cree que ha sido la clave de su éxito?
La pasión por mi trabajo. Pienso en arquitectura todo el tiempo, y eso me ha llevado a donde estoy.
¿Cómo fue su participación en la rehabilitación del tanque del área de fisioterapia del DIF?
El año pasado inauguramos el área de terapia. Existía un tanque en desuso, así que gestionamos su reconstrucción desde cero y rehabilitamos el espacio. Aprendí sobre normativas de accesibilidad y diseñé un entorno seguro para personas con discapacidad.
¿Tiene planes de regresar a Colombia?
Sí, es mi sueño. Quiero aplicar en mi país todo lo que he aprendido en México.
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