Fieles que desfilan por la tumba de una mujer pidiendo favores económicos, ánimas que son invocadas para laborar como escoltas invisibles y novenas en las que creen los católicos, pero para los satánicos no significan nada.
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Mensajes como esos se ven a diario en una tumba del cementerio Los Ángeles de Circasia, donde reposan los restos de una mujer, que aunque no fue religiosa, le atribuyen milagros económicos. Sus creyentes le suplican que les ayude a ganarse la lotería o el chance.
“Uno encuentra permanentemente en su tumba 3 o 4 números, que la gente cree que son los que van a ganar en determinado sorteo. El sepulturero cumple con su labor y, probablemente, le dicen que limpie y pinte para que esos números no se vean. Pero al otro día aparecen de nuevo”, reveló el antropólogo Roberto Restrepo Ramírez.
Añadió que el culto que le hacen a esta mujer es el más interesante fetiche funerario que existe en el Quindío. En cierta ocasión, una estudiante que analizaba las dinámicas de los cementerios se encontró con una llave en la lápida de Bernardina Martínez, como se le conoció en vida. No era difícil deducir que quien puso aquel elemento allí le estaba implorando al alma de ella para que le concediera una casa.
“A tal punto que la iglesia católica, que administra los campos santos, sabe muy bien que el día que desaparezca esta tumba, pues se van a encontrar con el malestar ciudadano porque allí se facilita el requerimiento personal de mucha gente”, predijo Restrepo Ramírez.
Nadie conoce la historia que tuvo la mencionada dama, pero desde hace tiempo en torno a ella hay extrañas peregrinaciones de creyentes. Es la tumba más visitada de ese campo santo y, quizás, del Quindío.
Las comunidades, según sus creencias, construyen ritos y ceremonias para honrar a los difuntos y para pedirles favores de toda índole con la esperanza de que desde el más allá, los espíritus les darán una manito para enfrentar ciertas calamidades que agobian al ser humano.
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¿Se les debe pedir protección a las ánimas?
En torno a las ánimas benditas existe, por ejemplo, la creencia de que si se les reza con frecuencia y devoción, ellas pueden proteger de todo mal y peligro. Pueden actuar como escoltas invisibles. Hay quienes aseguran que han estado en peligro de ser atracados en calles solitarias y sorpresivamente, los delincuentes ven una multitud de personas que rodean al devoto, por lo que los maleantes huyen del sitio y el protegido se salva de un mal momento. En Copacabana, Antioquia, existe la figura del paseador de las ánimas, un hombre que las saca a la medianoche y camina con ellas mientras hace sonar una campana y repite una y otra vez: “Ánimas benditas, ¿quién las pudiera aliviar? Que Dios las saque de penas y las lleve a descansar”.
Frente este tipo de creencias y ritos, el sacerdote Yeison Henao Herrera, comunicador de la diócesis de Armenia y párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Paz en el barrio Ciudad Dorada, explicó que a las ánimas debemos llamarlas fieles difuntos y que lo único que desde la fe católica se hace es pedirle a Dios que les perdone sus pecados y les conceda la salvación, pero no hay que pedirles favores terrenales de ninguna índole, tampoco el de la protección, porque a quienes se les pide eso es a los santos que gozan de la presencia de Dios e interceden por las personas ante Él, porque tampoco hacen milagros. “Eso serían prácticas que van en contra de la fe católica, por eso un creyente no podría estar afirmando que le pide a las ánimas que lo despierten o que encuentren ciertas cosas”.
Un satánico muerto en los brazos del catolicismo
Por otro lado, lo irónico al final de la vida para la mayoría de los satánicos es que, casi siempre, por disposición de sus familias, sus cuerpos terminan en medio de los ritos y ceremonias religiosas.
Un practicante de esta creencia, que pidió omitir su identidad, recordó que cuando falleció Héctor Escobar, que era considerado uno de los papas negros en el mundo, terminó en medio de los ritos católicos. “Por acá uno paga una cuota en las funerarias y todas asumen que los difuntos son cristianos o católicos”, expresó.
Añadió que cuando lo llevaron a la cremación se recitaron unas poesías y unas cosas más enfocadas con su ideología. Cada satanista celebra a su manera la forma en la que finalizan su vida sus seres queridos. Pueden hacerlo con su círculo familiar amenizados con la música o que se reúnan personas con pensamientos afines, pero no existen ritos especiales. El satanista teísta podría hacer algún tipo de ceremonia para iniciar su descenso al inframundo.
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Nueve días de rezo para los católicos, ninguno para los satánicos
El padre Henao Herrera aseguró que las novenas surgieron hace cientos de años en la fe católica porque al morir el creyente se confronta con sus mismas convicciones y suele discutir con Dios, porque el fin de la vida de un ser querido no es nada fácil de afrontar. “De allí surge también una necesidad de hacer oración, de que no peleemos con Dios con eso de que “¿Por qué se fue y por qué murió, porque el Señor me la quitó?”, sino que haya una comunión con esos seres amados que ya no están y lo hagamos desde la fe”.
La Nona en la iglesia católica es una de oración que se reza a diario a las 3 p. m., hora en la que murió Jesús, por esto el número 9 indica dolor y sufrimiento y se dice que de ahí surgen las novenas que se rezan con el fin de pedir por el eterno descanso del difunto.
En cambio para los satánicos las novenas no son relevantes porque al morir el cuerpo, muere todo. Para ellos el cielo y el infierno se viven ahora y aquí en la Tierra. “Para nosotros no existe el paraíso ni creemos que el cuerpo va a llegar a otro estado que implique otro tipo de vida. Lo que puede lograr uno como persona está acá. Lo que sucede con el cuerpo después de la muerte no es tan importante”, concluyó un miembro de esa comunidad en Circasia.
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