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Tocando vidas: la inspiradora travesía musical de Jhon Alexánder Correa

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viernes, 23 febrero 2024

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Hacer música mañana, tarde y noche se ha convertido en su mejor proyecto, ese que con amor y respeto ha impactado más de 600 vidas que encuentran en este arte su lugar seguro, una familia.

En 1982, Jhon Alexánder Correa Roldán llegó al mundo para convertirse no solo en un músico en todo el sentido de la palabra, sino para ser el puente que une a la discapacidad con la posibilidad de crear sentidos y esperanza, y pulir esos talentos con capacidades diversas, por medio de los instrumentos. 

Este músico de corazón y horario completo nació en el municipio de Filandia, Quindío, pero partió hacia Antioquia, donde vivió 6 años; un año después, regresó a su tierra natal para quedarse y marcar la historia desde lo que mejor sabe hacer, interpretar instrumentos, cantar e instruir. 

Desde los 12 años, la música se convirtió en su todo, gracias al proceso que inició en la casa de la cultura municipal. Capacitándose y a medida que transcurrió el tiempo, se vio involucrado en diferentes expresiones musicales como la banda sinfónica, la banda músico-marcial, y las bandas que hacen parte de las instituciones educativas como el colegio Sagrado Corazón de Jesús, el mismo en que estudió todo su bachillerato. 

A los 18 años cuando las chirimías llegaron a su vida ejerciendo la dirección de un grupo de personas con discapacidad, que no solo le removieron las fibras, sino que le permitieron descubrir que sus ganas de enseñar lo que mejor sabe hacer, interpretar instrumentos, podría convertirse en una herramienta con el poder transformar vidas y corazones con capacidades diversas, mediante la música, el arte y la edificación de sueños. 

¿Desde entonces no ha dejado de trabajar con chirimías, de qué procesos ha hecho parte? 

Yo inicié en el año 1999 con un grupo formato de chirimía, conformado por personas con discapacidad, su nombre es ‘Aroma y café’ y aún está vivo este proceso en la casa de la cultura de Filandia. Gracias a este proceso surgieron otras agrupaciones en este mismo formato musical como lo es el grupo ‘Tambores de tierra libre’ de Circasia, como ‘La nueva vida’ de Salento; estos son grupos conformados con personas en situación de discapacidad y adulto mayor. 

¿Qué le ha apasionado de trabajar con estos grupos y qué retos ha enfrentado en este proceso? 

Precisamente es un reto que uno se pone, al principio cuando yo me di la oportunidad de trabajar con el primer grupo de discapacidad, yo mismo me cree esa discapacidad mental, yo decía, cómo a una persona que le faltan sus brazos, su oído, la visión, puede aprender la música, sabiendo que la música tiene un grado de complejidad muy grande; entonces este es un reto que uno se crea, cómo poder llegar a que estas personas, teniendo en cuenta esta limitación, puedan abordar un instrumento y logren hacer cosas muy productivas en el instrumento. Es así como empiezo a investigar a capacitarme también y hemos logrado grandes cosas, sacar grandes músicos que tienen una discapacidad, pero en tarima o en una puesta en escena, son músicos al cien por ciento. 

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En ese sentido, ¿qué debe tener un director y qué ha tenido usted de especial para poder trabajar con ellos y poder formar músicos? 

Tengo compañeros que han estudiado conmigo en la música, porque, además, trabajo con población infantil, primera infancia, juvenil, adultos mayores, pero músicos que le apuesten a trabajar con la discapacidad, somos más bien pocos, porque ahí más que uno ser un profesional musicalmente hablando, tiene que tener mucho amor, carisma, respeto, tiene que ser muy dedicado ya que con ellos se aprende de una manera repetitiva, un ejemplo es que hoy pueden venir dos horas a clase y dentro de 8 días vuelven y hay que volver a repetir, entonces hay que tener, amor, paciencia y respeto por esta población. 

¿Qué ha sido lo más lindo de este proceso?

Sin duda es ver la satisfacción de cada uno de los integrantes que hace parte de los grupos y ver esa gratitud tan grande de las familias, porque ellos así no se lo digan a uno, se nota ese agradecimiento, ese amor, ese respeto hacia el profe. Es muy gratificante porque son personas que se convierten en un ejemplo de vida, de superación para todos los públicos donde uno vaya con ellos. 

¿Qué procesos viene adelantando y cuál es el futuro suyo como profe, y el de estas chirimías? 

En este momento en el departamento estamos trabajando fuertemente en los procesos de formación musical, enfocados en las músicas tradicionales en la casa de la cultura de Salento, Circasia, Filandia y la Institución Educativa Rufino José Cuervo Sur de Armenia. La idea es que estos procesos sean un espacio de ocupación del tiempo libre, pero más que esto, que se conviertan en una apuesta donde la música sea un proyecto de vida para todas estas personas. Quiero llegar a que en los diferentes escenarios, espacios del departamento, en cada rinconcito puedan haber estos espacios de formación y lógicamente, seguirme capacitando cada vez más para brindar un mejor servicio. 

¿Qué caracteriza a Jhon Alexánder persona y músico? 

Como persona, respeto y amor por las personas que me rodean, desde mis alumnos hacia toda la población con la que trabajo, en el departamento tengro aproximadamente 700 alumnos en los sitios donde trabajo; y como profesional, me entrego en cuerpo y alma, me entrego todo porque a mí no me pagan por trabajar, a mí me pagan por hacer lo que me gusta, hacer música y compartir los pocos conocimientos con mis alumnos.

Invito a los entes gubernamentales, a los secretarios de gobierno e incluso a los rectores para que le apuesten a la cultura, puesto que esta es la herramienta que tenemos para combatir todos los males que nos acechan, tenemos que arrancar de raíz todo lo que sea malo y así apostarle a la cultura. 


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