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Un periodista hecho a pulso que va de la mano de Dios

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lunes, 27 septiembre 2021

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Con orgullo asegura que se formó en la universidad de la vida.

Everardo Valencia Aguirre es un veterano del periodismo quindiano, tiene una amplia trayectoria en medios, especialmente en la radio y desde hace 8 años acompaña la historia de La Voz de la Esperanza, emisora de la Diócesis de Armenia.

A sus 73 años se describe como un católico por convicción y tradición, que nació y creció en una familia de arrieros. Sus padres, Manuel de Jesús López Valencia y María Elicenia Aguirre Valencia le enseñaron la religión y el don de cumplir la palabra.

¿Quién es Everardo Valencia Aguirre?

Yo soy de origen calarqueño, hijo de 2 arrieros, a mi padre le tocaba transitar el Camino Nacional entre Ibagué y Cartago transportando mercancía o carbón.
En mi familia fuimos 15 hijos, 6 murieron muy pequeños, quedamos 9, de esos, todos mis hermanos bachilleres, la mayoría dedicados a la docencia, el único que se salió de ese rol fui yo, que me fui por el lado de los medios de comunicación.

Desde los 13 años empecé a trabajar en La Voz de Calarcá,  pero no como periodista, porque estaba muy joven —para esa época en Colombia no había facultad de periodismo—, empecé a barrer y a virutear las instalaciones de la emisora. Inicié por lo bajo, pero yo no quise quedarme allá, yo veía a la gente  trabajando y entonces un día, Nelson Sabogal Vásquez me dijo que si quería aprender a trabajar esto y yo asistí a un radioteatro, e inicié mi labor como periodista y a los 15 días me pagaron 120 pesos —la primera quincena—, y como empecé a tener plata ya no volví a estudiar, perdí ese año en el Robledo, de Calarcá. A pesar de que mi mamá me decía que no me dedicara a la radio porque no me iba a durar toda la vida, que siguiera estudiando.

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¿Cómo fue su formación como periodista?

Las facultades de periodismo surgieron después de la ley 51 de 1975, y nosotros los periodistas más antiguos nos hicimos en la universidad de la vida, siendo cargaladrillos, andando con la libreta de apuntes, con lapicero y ya después entraron las grabadoras y últimamente entraron los celulares, pero anteriormente éramos empíricos, nos hicimos en la lucha y en la tarea. 

Yo retomé mis estudios de bachillerato en el Instituto Pijao, porque mi hermano era el tesorero de allá, al finalizar ese año de estudio y luego de estar 2 años en la radio, como a mis 15 años me llamaron y me mandaron a hacer control en Manizales, porque los muchachos le habían hecho huelga al gerente y me tocó trabajar una semana desde las 6 a. m. hasta 11 p. m. 

Yo me dediqué a trabajar y estudiaba el segundo medio año, ese primer semestre yo lo trabajaba, aprovechaba que mis hermanos o cuñados eran profesores y me abrían cupo y así logré terminar hasta cuarto de bachillerato y después de eso me presenté al ministerio de Comunicaciones para obtener la licencia de locución, y tuve que presentar 2 exámenes, uno sobre cultura general y  otro sobre radiodifusión y música, y conseguí la licencia.

Seguí trabajando en las emisoras acá en el Quindío, de La Voz de Calarcá pasé a La Voz del Comercio que fue una escuela, luego volví a trabajar en La Voz de Calarcá cuando Ardila Lülle compró las emisoras  y ahí hice la gestión para obtener la tarjeta de periodista, y teníamos que presentar declaración extrajuicio de 3 periodistas que lo conocieran a uno en la labor, ya fuera escrito o radial, porque en esa época no había canales de comunicación; y nos presentamos en el ministerio de Educación, entonces nos dieron la tarjeta de periodista. 

¿Cómo fue ese recorrido en los medios?

Empecé en La Voz de Calarcá, que era aliada de RCN, luego pasé a Caracol, ahí volví a encontrarme con Ernesto Acero Cadena, que había trabajado antes en RCN y nos encontramos otra vez en el ejercicio periodístico, donde ejercí como locutor hasta la década de los 80 y luego me llamaron a ser director de noticias de La Voz de Armenia, en Todelar, estuve ahí hasta 1989 cuando vendieron la emisora. 

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Seguí en la radio y en algunas empresas privadas y estatales; hubo una época donde era, en simultáneo, asesor de prensa del Seguro Social, del ICBF, Comfamiliar, la cámara de comercio y de Telearmenia.

Esos cargos fueron porque fui dando a conocer mi trabajo, porque se sabe que el periodista empieza con un sueldito mínimo y es posible que nos paguen más si ven que tenemos destrezas y capacidades, y hacemos las cosas bien.

¿Desde cuándo empezó su trayectoria en los medios?

Yo empecé en 1963, especialmente en radio. Estuve 7 años en La Patria de Manizales, estuve en la crónica deportiva durante mucho tiempo cuando en el estadio San José se hacía el tema de declaraciones de los jugadores.

¿Cómo ha sido esa labor con la Diócesis de Armenia?

Yo siempre he sido católico, cuando estaba monseñor Roberto López Londoño y Carlos Arturo Quintero Gómez era presbítero, él un día convocó a varios periodistas para formar la delegación de comunicaciones y después de eso, él fue trasladado, pero en su regreso consiguió benefactores y se adquirieron equipos, para abrir la emisora, que el 15 de septiembre del 2013 abrió sus puertas.

¿Cuál debe ser la esencia de los nuevos periodistas?

Debemos hacer las cosas bien, extraordinariamente bien, leer mucho, porque a un abogado se le puede perdonar que no sepa de medicina o periodismo, pero a un periodista no se le perdona que no sepa de lo que va a entrevistar, debe conocer todas las áreas.

Sobre todo, los periodistas de provincia y ciudades pequeñas deben saber de todo. Y lo más importante es ser persona, no porque soy periodista soy más importante. La humildad nos lleva lejos.
 


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