Presidenta de la Asociación Colombiana de Pediatría. Marcela María Fama Pereira trabaja por el bienestar integral de los infantes.
Siempre ha sentido una gran sensibilidad por ayudar a los niños, de hecho tiene 3 hijos. Pero ese amor por la infancia se le potencializó aún más cuando le tocó hacer el año rural de su carrera de medicina. Allí se dio cuenta de que la pediatría era a lo que quería dedicarse en la vida, porque los pequeños, para ella, son los seres más nobles y puros que existen.
Marcela María Fama Pereira nació en Barranquilla, pero está de acuerdo con que uno no es de donde nace sino de donde se forma y desde hace 28 años se radicó y se educó en el Quindío. De hecho, habla con un acento más del interior del país, que de la costa. Actualmente lleva 3 años —2 periodos— como presidenta de la Asociación Colombiana de Pediatría, que agrupa a 5 regiones en las cuales están inscritos 3000 pediatras.
Es especialista en gerencia de la calidad y auditoría médica. Además, labora en el área de pediatría del hospital San Juan de Dios de Armenia y es docente de pediatría en la facultad de Medicina de la Universidad del Quindío. Esta destacada mujer le contó a los lectores de LA CRÓNICA de dónde le surgió su amor por ayudar desde la medicina a los niños y habló de algunas de sus experiencias.
¿De dónde le surgió su pasión por ayudar a los niños desde la pediatría?
Primero porque trabajar con niños es para mí lo máximo, uno ve en ellos siempre esa pureza, esa bondad, esa transparencia y ese amor del ser humano. Los pequeños son esa parte bonita de la vida, como un mundo mejor, más alegre y agradable con espontaneidad y la dulzura, entonces es muy grato poder laborar con ellos y ayudarlos a mejorar su salud para que eso influya en su calidad de vida. Mientras hacía el año rural trabajé en servicios de urgencias de pediatría y allí veía esa vulnerabilidad de ellos y esa necesidad de protección y de que alguien realmente pudiera ayudarlos a crecer de mejor manera. Recuerdo que conocí a un niño de 8 años que no estaba estudiando porque tenía que trabajar para ayudar a su mamá y a sus hermanos menores.
Un ser humano tan pequeño me parecía increíble que tuviera ese pensamiento porque los niños tienen que vivir esa etapa de la infancia, entonces le ayudé a conseguir todas sus cosas para que entrara a estudiar. Experiencias como esa y otras más me llevaron a reafirmar ese amor por la pediatría y hasta hoy siento que trabajar con los más chicos es lo que llena mi vida, su sonrisa cuando se recuperan, obviamente la parte triste es cuando están muy enfermos. Pero son más las alegrías que las tristezas.
¿Cuál es su postura frente a los padres que maltratan a los niños porque consideran que de esa manera se deben educar?
El comportamiento de los adultos sirve de ejemplo para los niños. Si los maltrato con violencia física o sicológica ellos van a interpretar que esto es lo normal, que así funciona la vida y que eso se debe imitar, porque recuerde que ellos son unas esponjas que absorben todo.
Pero lo cierto es que ningún ser humano tiene que ser sometido a ese tipo de violencia. El castigo físico a los niños es contraproducente porque no genera respeto, sino miedo y terror.
Por naturaleza, el niño es amoroso, es bondadoso, no hay motivos para trastocar eso y mostrarle ese camino de la agresividad. Coherente con eso, pienso que a ellos hay que educarlos, obviamente se reprenden cuando hacen algo indebido, pero por medio de un diálogo asertivo, de una conversación, de una educación, de una disciplina que debe ser con amor, no con violencia y castigos, hay que aprender a poner límites y hacer respetar su posición como adultos, pero por medio de un diálogo constructivo.
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¿Cuáles son las problemáticas más comunes a las que se enfrentan los neonatos con síndrome de abstinencia, que nacen de madres que consumen estupefacientes?
Cuando una madre consume sustancias sicoactivas en el embarazo provoca que cuando el bebé nace lo haga con dificultades de crecimiento y de poco peso.
Además, clínicamente también presentan el síndrome de abstinencia con síntomas como la irritabilidad, pueden llegar a convulsionar, a tener hipoglicemia, temblores, dolores, pueden tener diarrea, sudoración, en general son los mismos síntomas que presenta un adulto con esta problemática de consumir alucinógenos y tratar de dejarlos.
Requieren tratamientos que pueden ser largos y en su situación no pueden acceder a la lactancia materna, que es lo mejor que puede tener un bebé. Además, a largo plazo pueden padecer trastornos cognitivos en el aprendizaje. Eso es un drama que si se maneja adecuadamente y a tiempo se puede superar. En el Quindío hay una población de madres que vienen a tener a sus bebés en el hospital San Juan de Dios y son consumidoras, por lo que nos toca hospitalizar a sus hijos cuando nacen. Hace poco hicimos cuentas y vimos que en un año y medio llegaron más de 30 pacientes con esas características.
¿Que ha sido lo más grato que ha vivido como pediatra?
Vivo agradecida con Dios de todo lo que me ha permitido trabajar en mi carrera de especialización en pediatría porque en la parte clínica es una delicia todos los días llegar y estar con los niños, ofrecerles todos mis conocimientos para que ellos superen sus enfermedades y educar a las madres para que aprendan cómo actuar, no solo cuando están enfermos, sino para prevenir las patologías. Como docente con los estudiantes ahora en esta pandemia les he visto ese interés por aprender y lo exprimen a uno para que les enseñe lo referente a la pediatría, pero también la integralidad del ser humano.
