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Una pasión que lleva 48 años

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jueves, 9 enero 2020

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Doña Fanny Valencia Castrillón tiene al cuadro cafetero tatuado en su alma. 

“Yo arrancaba con el equipo para varias ciudades. El único estadio que no conocí fue el de Barranquilla, de resto estuve en todos porque no me perdía ningún partido del Quindío”, recordó doña Fanny Valencia Castrillón, quien lleva 48 años de pura fiebre y pasión por el equipo milagroso. Ella es una de sus hinchas más fieles y ha vibrado con los jugadores cuyabros en las buenas y en las malas. 

Cuenta que de sus 72 años de vida, 48 los ha dedicado a seguir y a alentar al Deportes Quindío. “Cuando el equipo jugaba le decía a mi marido y él me daba para que fuera, pese a que no compartía el mismo gusto”, rememoró doña Fanny mientras recorría su habitación, en la que cada elemento aludía al cuadro cafetero. 

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Las paredes de su cuarto en la morada del barrio Las Acacías de Armenia hablan de ese sentimiento que la invade y que parece no tener una explicación, pero que está en ella, como si fuera su propia sombra: fotos del onceno en cada una de las épocas, recortes de periódicos que narraban esos días alegres, pero también los grises del verde y blanco. “Una amiga que sabía de mi amor por el Deportes Quindío cogió la foto del bus y la pintó en un cuadro y me lo regaló”. 

Hasta la cama, ese sitio sagrado para descansar, lo tiene adornado con los colores del escudo y la bandera. También hay gorras, bolsos, vasos, sillas, cojines, almohadas y banderas adheridas al techo del cuarto. La cadenita que carga en el cuello también tiene el escudo del Deportes Quindío. 

“Todo lo que tenía que ver con el equipo la gente me lo regalaba o yo lo compraba y lo he ido coleccionando”, cuenta esta dama, quien ha hecho de su habitación un santuario de adoración al elenco.

Es como si tuviera al grupo de jugadores tatuado en su alma y somatizado en su entorno. En la temporada pasada mantuvo la ilusión cuando los directivos presentaron a siete refuerzos que la alcanzaron a ilusionar con el ascenso a la primera categoría del fútbol profesional colombiano, pero que al final le bajaron la moral. 

“Tenemos mucha esperanza con que Quintabani nos va a subir a la A, pero falta mejorar la nómina. Llevamos 6 años en la B, ya es justo que el señor Ángel consiga buenos jugadores para que sea un equipo competitivo”. 

Doña Fanny se emociona y habla con ímpetu cuando se le menciona cualquier asunto del equipo, que esta semana cumplió 69 años de existencia. 

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Conocida y querida 

Reveló que en estos años se ha ganado el cariño de jugadores, técnicos y hasta de los directivos. A todos los ha invitado a almorzar en su casa y muchos, cuando se van a ir del equipo, pasan por allá a darle un regalito y un abrazo antes de partir. 

Con orgullo, esta adulta mayor me muestra una camisa del cuadro cafetero en la que se lee: “Con cariño para la mejor hincha: doña Fanny. Lucho Paz."

“Esta me la regaló Marquiño, aquella me la dio Fabián Morales”, chicanea. 

Recordó que su hermano jugaba en el equipo de Obando, Valle del Cauca, y ahí empezó a sentir gusto por el fútbol. 

Al llegar a Armenia, cuando vivió por el estadio San José, todas las tardes se iba a ver entrenar a los deportistas. Se llevaba a los hijos y cargaba la comida. Fue como un amor a primera vista que la marcó para el resto de su vida. 

 

“Soy feliz yendo a verlos jugar”

Relató que de los tres hijos que tiene, dos heredaron su amor por el equipo. “Evelio me llama desde Estados Unidos y me pregunta por los resultados de los partidos, cuando no puede oír las transmisiones por la radio. Me dice que si no tengo plata para ir a acompañarlo, que me la consiga prestada y después él me la paga”. 

Entre los jugadores que han pasado por la institución deportiva mencionó que uno de sus preferidos es el argentino Daniel Alberto Tilger porque “en la cancha se le notaba alegría y amor por la camiseta”. También recordó al portero Alejandro Otero que “un 19 de diciembre, antes de irse del equipo, vino a la casa y me regaló galletas y un vino”. Algo parecido hizo Iván Vélez, quien le dejó de obsequio su camisa con el número 16 antes de decirle adiós. 

 

¿Qué piensa de Rodallega? Le indagué. Entonces, en un tono bajito, opinó que le pareció una persona con mucha soberbia y prepotencia. 

También añoró la época en la que las riendas del grupo las tenía Fernando ‘Pecoso’ Castro. Confesó que le dolió mucho su salida y reconoció que aunque es una buena persona y un excelente técnico, a ratos, con su temperamento fuerte, era grosero. 

La lista de jugadores y técnicos que aprecia es tan larga que no habría espacio para incluirlos aquí. 

Lo cierto que es doña Fanny se lamenta porque debido a una bronquitis crónica que viene padeciendo, el año pasado solo pudo ir a tres partidos del equipo de sus amores. “Cuando no voy los escucho por radio porque seré hincha del Deportes Quindío hasta la muerte”. 


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