La vida la conectó con el arte para liberar su creatividad y emociones.
Una quindiana fue la única artista colombiana en participar este año de la Bienal de Arte de Londres.
Se trata de Ana Lucía Cano Villegas, de 41 años, radicada en Barcelona, España, que reconoció su conexión con la pintura cuando tenía 35 años y desde ese momento trabaja en ella, razón por la cual no se reconoce a sí misma como artista, pues considera que aún le falta mucho recorrido y aprendizaje en este campo que llena de felicidad sus días.
Con una obra inspirada en la pandemia y los cambios generados en la relación humana, llegó al salón de exposición de la Bienal, al que se postularon más de 1.000 artistas, pero solo 450 fueron convocados.
¿Quién es Ana Lucía Cano Villegas?
Nací en Armenia, toda mi familia es del Quindío, especialmente de Quimbaya. Vengo de una familia de mujeres, mi abuelo murió muy joven, y dejó a mi abuela con 6 hijos, mi madre es la mayor, ella se fue para Medellín y yo estudié toda la vida allí.
Mi infancia la viví entre Medellín y Quimbaya, en este último mi abuela tiene una finca que se llama Villa Hermosa y básicamente en la finca era todo libertad, comía maíz con las gallinas, montaba a caballo, mula, mejor dicho, tuve una infancia maravillosa.
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Salí del colegio y todos pensaban que debía estudiar ingeniería civil, pero estudié arquitectura en la Bolivariana y después de eso trabajé en Austria, luego me fui a estudiar a New York, realicé una maestría en diseño arquitectónico, y allí hice un edificio institucional para la Policía de New York y después una torre de hotel y residencia; pero luego, me di cuenta de que en ese momento de mi vida, la arquitectura no respondía a lo creativa que quería ser y a la libertad que necesitaba y empecé a escribir cuentos cortos.
Luego de escribir cuentos cortos que no tuvieron gran trascendencia, pero que fueron muy importantes para mí, empecé a pintar de una manera muy orgánica, más como un ejercicio creativo por un tiempo y empecé a ver que yo pensaba con las manos y que tenía esta creatividad estancada, eso fue en el 2015.
Mi carrera como artista hasta ahora es muy corta, pero ha sido muy intensa, porque desde que empecé este proceso nunca he dejado de pintar y me ha costado mucho llamarme a mí misma artista, porque da miedo apropiarse de un nombre que lleva tanta responsabilidad, me ha tomado un tiempo llamarme artista.
Empecé a hacer cosas a pequeña escala, muy controlada, y con el tiempo fui escalando y tomando mucho más en serio mi lado inconsciente y mi lado infantil, y yo tenía todo ese universo ahí. Inicié con dibujo en tinta, pero era lo que tenía a la mano y ahora trabajo con acrílicos, siento que me falta mucho por explorar.
¿Qué mueve e inspira a Ana Lucía?
Yo pienso que la inspiración tiene muchas patas, es decir, yo creo en el trabajo del día a día, no creo que haya que estar con conexión directa al cielo para sentarse a trabajar, si usted hoy no se siente inspirado, creo que hay que sentarse a estudiar, a explorar, porque hay muchas maneras de hacer arte.
Yo creo que mi baúl de herramientas más importantes es mi infancia porque es el sitio donde encuentro mi mayor expresividad y que el adulto que soy ahora me permite ejecutarlo, pero la creatividad explosiva vive en esa infancia que no desaparece en el subconsciente de nadie.
¿Qué representa el Quindío para usted?
Este territorio está tan metido en mi sistema que yo ni siquiera podría decir qué es lo que es quindiano en mi obra. El sentido del humor, por ejemplo, me interesa mucho que las obras sean expresivas, agresivas, pero, al mismo tiempo, que tengan sentido del humor, yo crecí rodeada de cuentistas y estos grandes cuentistas no reconocidos han influenciado la obra. Los aromas, no hay olores como en el Quindío, yo reconozco el olor de humedad en la tarde, de la leña quemándose cuando están haciendo la comida en las fincas, el olor de la peladora y de la cáscara de café, la neblina, tantas cosas que están en mí que no podría separarlas, porque yo soy eso, soy Quindío.
¿Cuál ha sido esa obra que la ha marcado?
Hubo una obra muy importante y no pensé que iba a tener tanta relevancia, fue un dibujo que hice cuando estaba escribiendo cuentos cortos, lo hice con un lápiz azul y café —bebida—, y el dibujo que hice es bastante expresivo, recuerdo unos pavos y tenía relación con un libro que estaba leyendo —Ulises de James Joyce—, en ese dibujo había mucha información sobre lo que yo estaba pasando sin saberlo, fue una conexión con mi subconsciente.
¿Cómo llega a la bienal?
La obra de la bienal fue un encargo que me hizo un amigo, algo alusivo a la amistad, y pasó el tiempo y empecé a pensar en esa obra y estábamos en plena pandemia, entonces hice 3 obras porque me gusta trabajar en series —porque cuando se trabaja en serie, sea en texto u opciones de edificio, le quita el peso a una sola cosa—, entonces uno era un apretón de manos, otro el beso y por último el abrazo. Cuando me enteré de la bienal dije que iba a participar, participé con una sola pieza, pero la verdad debí haber participado con el tríptico. Así, El apretón de manos fue escogida y exhibida en la Bienal de Arte de Londres, este año.
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¿Qué mensaje ofrece El apretón de manos?
Las manos que son una parte tan cotidiana del cuerpo, que las llevamos tan al desnudo, que las exponemos en tantas cosas, en la pandemia se convirtieron en un monstruo, ahora el acto de dar la mano que era normal genera asco o temor, nos cambió la percepción de dar la mano, de dar un beso o un abrazo. En mi obra en esas 2 manos cada dedo es como un gusano, es algo agresivo, pero expresivo.
¿Cómo fue esta experiencia en la Bienal?
Estaba con mi esposo y un amigo, cuando me enteré que estaba en el listado de convocados y nos emocionó mucho, celebramos bastante porque yo no me lo esperaba, yo soy muy joven en esto y tengo que aprender mucho, pero fue una sorpresa y una validación muy gratificante porque para todo el mundo puede ser un fracaso dejar la arquitectura y ponerse a pintar. Esa validación hace que esto ya sea legal y tengo mi corazón ahí.
Además, de lograr hacer parte de la Bienal, me gané la participación en una exposición colectiva con mi obra, en una galería de Londres.
¿Qué le diría a los futuros artistas?
Es difícil decir esto en un país donde hay tantos problemas y de verdad que cuando hay hambre es difícil hablar de otra cosa, pero la creatividad te hace libre.
Quiero decirles a los niños que crean en ellos mismos y en sus propias obras, no le crean a nadie que no son buenos o que son menos que otros. La pregunta para mí siempre es ¿Qué tan feliz está haciendo a su niño interior? Si usted se acuerda de su versión pequeña y no la ve feliz es hora de cambiar el patrón.
Además, hay unas visiones super estrictas de lo que es bello y yo nunca creí en eso, para mí bello son tantas cosas: la cara del trabajador de la finca que me servía el tetero; no nos limitemos a lo que nos dicen que es bello, hay muchas cosas bellas y en el Quindío aun más. Creer en uno es la mejor decisión que se puede tomar, la decisión más liberadora.
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