El profesor Orlando Mora Valencia lleva más de una década impulsando los sueños de los patinadores de Calarcá.
El amor por el deporte y ofrecer nuevas oportunidades a la infancia calarqueña son las razones que mueven al profesor Orlando Mora Valencia para entrenar a niños y jóvenes de la ‘Villa del Cacique’ en la disciplina del patinaje.
Él fue un deportista de talla nacional e internacional que un día decidió impulsar los sueños de los más pequeños, pues sabe que es una disciplina exigente que forma campeones para el deporte y para la vida.
Hablemos de Orlando Mora Valencia…
Soy un hombre de 53 años, mis raíces están en el Quindío, mi madre es de Quimbaya y todos mis hermanos nacieron acá; yo nací en Bogotá, pero viví mi infancia en el departamento, esta es la tierra que amo.
Desde muy joven me enamoré del deporte y entrené patinaje en el barrio San Antonio, en Bogotá, así empecé a competir a nivel nacional; logré varios segundos y terceros lugares hasta que finalmente quedé como campeón en una maratón en Villavicencio, Meta.
¿Cómo llegó a los Estados Unidos?
Bueno, fueron varias las competencias en las que participé acá en Colombia y en alguna oportunidad me preguntaron si quería ir a Estados Unidos, dije que sí, pero con el paso del tiempo no llegó ninguna invitación.
Cuando menos lo esperaba, me llegó una invitación de la embajada americana, y así, me fui como patinador profesional a los 26 años.
Allí estuve durante 11 años, entrené a niños y niñas y competí por 6 años, donde recibí varios reconocimientos. Quedé de segundo en una competencia en California, por lo que me invitaron a una maratón en Miami, allí entrené durante un año y quedé de campeón en mi categoría, y salí por el periódico de New Jersey como un colombiano que hacía historia.
¿Qué le ha dejado el patinaje?
El patinaje me ha dejado mucho, todo lo que soy, pero mi mejor experiencia fue contar con la compañía de mi hija, a quien llevé a los Estados Unidos cuando ella tenía 7 años y heredó el amor por el patinaje, fue campeona nacional en el 2002 y 2003, y se dedicó al patinaje profesional durante 8 años.
¿Por qué decidió regresar al Quindío?
Como tengo mis raíces quindianas le dije a mi mamá: yo me voy para el Quindío, quiero trabajar con los niños de allá, que hagan deporte y no se pierdan en las esquinas, en las drogas y el alcohol.
¿Cómo empezaron los entrenamientos en Calarcá?
Una muchacha patinadora entrenaba a unos niños, pero los dejó, entonces los cogí y los entrené gratis casi 10 meses, los transportaba y entrenaba; los niños decidieron ponerse el nombre Halcones Dorados de Calarcá, entonces empezamos un proceso de formación e inscripción en la liga. Empecé con niñas de 4 años, ahora tienen 14 y son campeonas nacionales.
Fue un proceso difícil mientras inscribimos nuestro club deportivo, pues es un deporte costoso y se necesitan espacios aptos para el entrenamiento, nos tomó 8 años sacar campeones nacionales.
¿Cuántos niños y niñas han sido formados por usted?
He tenido un promedio anual de 78 niños en Calarcá, 47 en el corregimiento de Barcelona; lo que hacemos es visitar los barrios para ver cuáles niños potenciales están ahí para poderles ayudar y colaborar, de Llanitos, por ejemplo, hemos entrenado hasta 39 niños. En total, durante estos 13 años han sido alrededor de 1.200 niños, niñas y adolescentes en Halcones Dorados.
¿Cómo son recibidos estos espacios deportivos en barrios vulnerables?
Llegar a un barrio y querer incursionar con algo positivo para la comunidad no es fácil, porque hay oposición: las barras, los muchachos que ocupan la cancha, que consumen, que juegan fútbol, pero uno habla con ellos y les dice que vamos a formar y a hacer un cambio, que les den una oportunidad a su hermana, a su hijo, su sobrino, y ellos acceden. Yo siempre he manejado una pedagogía donde al niño hay que darle camino.
Aparte de triunfos y medallas ¿Qué deja el deporte?
Este deporte reúne a la familia, y para este caso, me decía un papá en Llanitos: “Yo lo apoyo en lo que necesite, desde que usted llegó a la vida de mi familia, todo cambió”, porque es el sueño de una familia, van todos a ver la competencia donde participa el niño; para mí es una recompensa ver que se generan cambios por los niños, por ejemplo, el papá que toma trago prefiere irse casa porque su hijo compite al siguiente día y quiere ir a verlo.
¿Cuál es su más grande orgullo?
Mi mayor orgullo y homenaje es el saludo de mis estudiantes o la sonrisa y la alegría de un niño cuando cruza la meta en una competencia, el orgullo que ellos sienten es el mío.
¿Qué resultados ha obtenido Calarcá bajo su liderazgo?
Hemos participado en varias competencias, logrando campeones regionales, nacionales y panamericanos, en este último, Nelson Eduardo Machuca, de 8 años, obtuvo 6 medallas, Allison Quintero, de 8 años, trajo 3 medallas y Mariam Rivera, de 9 años, obtuvo una medalla, dejando en alto el nombre de Calarcá y del Quindío.
Igualmente, tengo 2 niños que se fueron con sus padres a España y ahora son campeones en ese país, estaban entrenando conmigo desde los 3 años y ahora siempre ponen la bandera calarqueña cuando ganan.
¿Qué ha aprendido de sus estudiantes?
Los niños me han enseñado a ser paciente, a tener tolerancia, a ver la vida de la mejor manera, por más difícil que esté.
Muchos de mis estudiantes se han ido, otros regresan, otros son profesionales y también hay algunos que decidieron ser docentes de patinaje, eso me llena de satisfacción, este deporte no es fácil, es muy costoso, pero si uno quiere hacer un cambio puede lograrlo, y yo me dedico a transformar vidas y a hacer un camino para apoyar los sueños de los demás, de los más pequeños y de sus padres.
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