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El Quindío como propuesta turística de sostenibilidad y cuidado ambiental es a lo que apuntan las autoridades locales. Activistas en defensa del territorio insisten que sin pedagogía ambiental no hay futuro para los ecosistemas del territorio.

El defensor de recursos naturales y montañista Jessie Alberto Ortiz Toro camina con respeto y calma la cordillera Central. No lo hace por deporte, aunque es escalador profesional. Lo hace para observar desde las alturas los cambios que el turismo ha dejado en su tierra, observar el cambio que arriba se siente por la actividad humana abajo y, a diferencia de quienes acuden en masa a posar frente a una hamaca colgada entre dos palmas, o con la idea de encontrar calma en este paisaje natural. Jessie busca proteger el ecosistema que lo vio crecer. Es activista ambiental, pedagogo y un defensor convencido de la Palma de Cera, árbol nacional de Colombia y símbolo de Salento.

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“Salento desborda su capacidad de carga en un 300% y el Valle de Cocora ha sido el más afectado”, advierte.

Participó en la construcción del Plan de Manejo de la Palma de Cera 2015–2025, un documento que prometía proteger relictos boscosos, restaurar palmares y establecer programas de monitoreo genético. Nunca se ejecutó. “Es el único árbol en Colombia con su propia ley, pero ha sido completamente desatendido por el Estado”, lamenta Jessie.

 

¿Crisis de agua?

Además de la pérdida de hábitat, el agua es una de las mayores preocupaciones en Salento. Jessie Alberto lo resume con claridad: “La planta de tratamiento de aguas residuales no cumple los estándares actuales. Fue diseñada para una población local mucho más pequeña, sin prever el crecimiento exponencial del turismo ni la densidad hotelera y de restaurantes que hoy tiene el municipio”.

Durante temporadas de lluvia o fines de semana festivos, la infraestructura colapsa y la ciudadanía debe vivir cortes intermitentes de agua. Se presentan desbordamientos cuando llueve y el sistema no es el más adecuado, poniendo en riesgo los recursos hídricos y la salud ambiental del entorno. “No se trata solo del consumo doméstico”, insiste Jessie, “sino del agua que se usa en todos los servicios turísticos, que multiplica la presión sobre la fuente”.

El concejal Jaime Arias coincide. Recuerda que el Valle de Cocora tiene un rol vital como regulador hídrico: “Allí se regula el agua para más de 300.000 habitantes” Además afirma la importancia de este Valle. “Cocora no solo hace parte de la identidad de los salentinos, también tiene una valía nacional. El hecho de que esté en el billete de cien mil pesos representa un reconocimiento que trae responsabilidades. Desde los gobiernos locales hasta el nacional, y también desde la ciudadanía”.

Una fotografía borrosa

Jessie ha liderado durante más de una década un proyecto para proteger la palma de cera, llamado Palcera. Su propósito es materializarlo como un Museo Científico Botánico que promueva la conservación de este árbol emblemático y, al mismo tiempo, sirva como espacio pedagógico para sensibilizar sobre su cuidado. No ha sido fácil. Los estudios ambientales disponibles son escasos y, en muchos casos, obsoletos.

Al respecto, el alcalde de Salento, Santiago Ángel Morales, reconoce que el municipio arrastra un rezago en su ordenamiento ambiental. “El 87 % del territorio está bajo alguna figura de protección, pero los mapas no han sido actualizados. La fotografía aérea con la que se delimitaron los suelos está desactualizada y la nubosidad impide ver con claridad”, explicó. No obstante, aseguró que actualmente se adelanta un convenio con la Universidad Tecnológica de Pereira para actualizar el Distrito Regional de Manejo Integrado, DRMI, y definir usos del suelo compatibles con actividades agropecuarias y ecológicas.

 

Entre el paisaje y el recuerdo de una postal

La Corporación Autónoma Regional del Quindío, CRQ, admite que el control ambiental ha sido limitado. La capacidad institucional y técnica no ha estado a la altura del crecimiento exponencial del turismo en la región. Aunque se han impuesto restricciones en algunas zonas, normalmente hay personal de la CRQ en el municipio, muchas intervenciones sobre el paisaje natural escapan a la regulación.

Jessi lucha por conservar ese paisaje del Valle de Cocora, esa identificación tradicional. Mientras tanto, el Valle de Cocora y sus alrededores, insisten en ser capturados por los visitantes como una simple postal o una escenografía pensada para subir a las redes sociales. Las bancas, los corazones gigantes, las ventanas de flores o marcos que representan las casas de bahareque y otros objetos “instagrameables” transforman el entorno en una búsqueda de un ‘me gusta’ apresurado en redes sociales. Ahora, Jessie se enfrenta a un nuevo reto, el de conservar y concientizar a las personas del correcto uso donde están los ‘spots’ o avisos publicitarios en la parte baja del Valle del Cocora, instalados caprichosamente por dueños del terreno privado.

El director de la CRQ se refirió a la instalación de estos spots, “Nosotros velamos por el cuidado de la Palma de Cera, mediante la vigilancia, control, la inspección, y quien atente contra esta especie que presenta una alta importancia ecosistémica, se adelantarán las acciones sancionatorias por nuestra parte. Los spots publicitarios, estas actividades, no son compatibles ni son permitidas de acuerdo a la zonificación del DRMI y por ello se está adelantando el proceso sancionatorio”.

 

Pedagogía

 

Junto a Jessie, Germán Alonso Aristizábal López, quien con firmeza y tenacidad también se dedica a realizar pedagogía ambiental, despertar conciencia y sensibilidad en las personas en relación con la naturaleza, su valor y cuidado. Lleva adelante como cada año, cual idealismo sigue en pie, la “Marcha Carnaval, en defensa del agua, la vida y el territorio”.

Pero al parecer no son los únicos que creen que la pedagogía es la alternativa para un turismo ambiental sostenible,desde las entidades como la gobernación del Quindío, la alcaldía de Salento y gremios como Anato y Cotelco apuestan a lo mismo, realizar un turismo sostenible, de respeto y amigable con el medio ambiente.

El desafío ahora está entre las acciones a tomar desde los diferentes actores en el territorio, aunar esfuerzos y articular las diferentes propuestas pedagógicas para llegar a un bien común y mayor, el cuidado y la preservación del medio ambiente. ¿De qué sirve entonces, las diferentes acciones pedagógicas que toman desde distintos frentes de lucha si no hay un acuerdo entre todos los involucrados? ¿Cuál será el paisaje o el panorama a ofrecer a locales y turistas en los próximos 5 años?


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