El proyecto busca trabajar la relación de las abejas y el ser humano en la zona norte del municipio de Armenia, con el fin de implementar estrategias que protejan y conserven estas especies.
Conocer para conservar
Esta primera parte de la investigación se realizó en 10 parques y bosques públicos del norte de la ciudad, en donde ubicaron trampas para capturar las abejas y para, además, realizar un conteo de las plantas que están en floración y que, potencialmente, podrían ofrecerles recursos a las abejas. Hasta ahora, han recolectado alrededor de 35 especies de abejas y 120 especies de plantas potencialmente visitadas por las abejas. El municipio de Armenia no tiene registros del número de especies de abejas ni su identificación.
La segunda parte del proyecto consistió en la construcción de una encuesta que, en palabras de Andrea Sierra Isaza, estudiante investigadora del proyecto, “buscó identificar cómo las personas perciben las abejas, de acuerdo con eso es que podremos conservarlas. También buscó establecer si las personas pueden diferenciar una abeja nativa de otros insectos, porque hay una percepción generalizada de que la Apis mellifera (la amarilla que vemos en todo lado) es la única representante de las abejas, sin embargo, esa no es nativa y es diferente a las nuestras”.
Destacado
120 especies de plantas visitadas por las abejas.
La docente uniquindiana, Mónica Valencia Rojas, trabaja con la línea de biología de la conservación en dinámicas socioculturales: “el proyecto busca comprender la forma en que se perciben las abejas, cómo tenemos unas emociones en torno a ellas, si tenemos acciones y actitudes hacia las mismas y esto cómo nos puede servir de insumo para fomentar la educación ambiental”.
Para ello, la estrategia de apropiación busca dar a conocer acciones de conservación para que toda la comunidad quindiana comience a implementarlas, y aquí viene la tercera parte del proyecto, que trata de la creación de jardines para polinizadores en sus entornos, o también hoteles de abejas, así como espacios de diálogo de saberes sobre los roles que tienen las abejas en nuestro ecosistema, espacios pedagógicos que lleven a la sociedad a saber diferenciarlas.
Más recursos para las polinizadoras
Generalmente se cree que dentro de las ciudades hay poca biodiversidad, lo cual no es cierto, expresó el docente investigador uniquindiano Óscar Marín Gómez. La biodiversidad aporta diferentes servicios ecosistémicos como provisión, captura de carbono, descomposición, control biológico, entre muchos otros, sin embargo, un grupo muy importante de esta biodiversidad es el de los polinizadores (abejas, mariposas, polillas, moscas, entre otras especies), pero, sobre todo, el de las abejas.
El grueso del proyecto busca realizar el estudio de las interacciones y establecer unos hoteles para polinizadores. ¿Cómo así que hoteles? Para los polinizadores, explicó Marín Gómez, existen diferentes estrategias de conservación, las fundamentales son: conocimiento, importancia para los ecosistemas y reducción de agroquímicos.
Entonces, los investigadores decidieron implementar la estrategia de construir los jardines y hoteles que son mezclas de diferentes especies de plantas, principalmente nativas, que tienen flores distintas, que brindan los recursos que estas abejas u otros polinizadores necesitan: “Si eres una abeja solitaria y tienes dónde comer o dónde moverte, pero no tienes dónde vivir o dónde dormir, ¿qué haces? De ahí nace la idea de estos hoteles, que básicamente son unas cajitas que tienen diferentes troncos con unos huecos para que lleguen las abejas solitarias (pequeñas de colores marrones o metalizados, o las grandes, no las melíferas) a nidificar, lugar en el que pueden quedarse a vivir y criar, o pueden estar solo de paso”.
Es por esto que en el campus de la Uniquindío se está llevando a cabo la instalación de estos hoteles para polinizadores con la intención de estudiar las interacciones de las abejas solitarias y de generar conciencia por parte de la comunidad, pues la mayoría de las abejas no son peligrosas, al contrario, son fundamentales para nuestra supervivencia.
Laboratorios vivos
Los hoteles y jardines polinizadores pueden ser replicados en las comunidades como estrategia de conservación. La implementación de jardines, huertas o pequeñas siembras de plantas tanto en escuelas, instituciones educativas o en los barrios en los que vivimos funcionan como pequeños laboratorios vivos que sirven para despertar los sentidos, escucharlas, verlas, comprenderlas de una manera distinta, para que desde edades cortas hasta edades mayores aprendamos de dónde viene y qué proceso conlleva lo que comemos a diario.
Destacado
Hoteles: espacios habilitados para abejas solitarias.
- Temas relacionados :

