“En una parte importante del departamento se reportan suelos saturados, laderas inestables y estructuras sometidas a mayor presión hídrica”.
La temporada de lluvias que enfrenta el Quindío es, además de inusual, intensa y acumulativa. Los datos técnicos confirman una alteración significativa del comportamiento climático y explican la sucesión de emergencias que han impactado al departamento en pocas semanas.
Ayer martes, como lo reseñamos en portada, un vendaval derribó un árbol de gran altura en la plaza Bolívar de Calarcá. Dos personas resultaron heridas y un establecimiento comercial sufrió daños considerables. La magnitud del hecho presumía un desenlace fatal, por fortuna no ocurrió.
Días antes, durante el fin de semana, Génova registró doce emergencias en distintas veredas por deslizamientos, crecientes súbitas y pérdida de banca en vías terciarias. La intervención con maquinaria permitió habilitaciones parciales, pero la simultaneidad de eventos colapsó la capacidad municipal.
La Unidad Departamental de Gestión del Riesgo de Desastres del Quindío reporta 43 emergencias asociadas principalmente a la temporada invernal. La tipología incluye remociones en masa, vendavales, caídas de árboles y daños viales. En el sur del departamento persiste alerta roja por amenaza de deslizamiento, mientras otros municipios permanecen en niveles de riesgo importante.
Y es que, según la Corporación Autónoma Regional del Quindío, enero de 2026 registró un incremento del 102 % en precipitaciones frente a años recientes. Armenia alcanzó 242 %. En el Centro de la Guadua, en Córdoba, la variación se aproximó a 500 %. Sectores de Salento oscilaron entre 56 % y 300 %. Los caudales de los ríos aumentaron entre 8 % y 25 %, proporción relevante en sistemas de montaña.
Lo más complejo de la situación es que febrero se ha mantenido en la misma tendencia. En una parte importante del departamento se reportan suelos saturados, laderas inestables y estructuras sometidas a mayor presión hídrica. Bajo tales condiciones, un árbol con deterioro interno, como el de ayer en Calarcá, cede ante ráfagas intensas. Una vía recuperada semanas atrás, como la del fin de semana en Génova, pierde nuevamente estabilidad. Un talud aparentemente firme se fractura tras lluvias persistentes.
La revisión técnica del arbolado urbano, el monitoreo de puntos críticos, la limpieza de drenajes y la intervención temprana en fallas geológicas constituyen medidas necesarias. Representan protección de la vida y del patrimonio.
La ciudadanía también tiene una responsabilidad concreta: evitar tránsito por zonas inestables, abstenerse de actividades en ríos durante jornadas nubladas y reportar oportunamente cualquier señal de riesgo. La prevención depende de decisiones individuales informadas.
El departamento mantiene capacidad de respuesta y articulación interinstitucional. Sin embargo, la recurrencia de eventos confirma que la excepcionalidad pierde carácter extraordinario, no hay que bajar la guardia.
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