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La prudencia al volante reduce el riesgo, protege a todos los usuarios de la vía y evita pérdidas irreparables.

La tarde de ayer jueves 26 de febrero se presentó ante la Fiscalía General de la Nación el hombre que conducía el vehículo que arrolló y causó la muerte a dos personas en la Autopista del Café. El hecho ocurrió el sábado en la noche, en el tramo entre Armenia y Circasia. Las víctimas, Nicole Valeria Vargas Gómez y William Andrés Paipa Rojas, trabajaban y se dirigían hacia un establecimiento nocturno cuando intentaron cruzar la vía. Un automotor los arrolló, mientras el conductor continuó su marcha.

Frente al hecho, la comunidad expresó rechazo. Las autoridades ofrecieron una recompensa de hasta 10 millones de pesos para obtener información que permitiera identificar y ubicar al responsable. La presión institucional y social incidió en la decisión de presentarse voluntariamente. Al cierre de esta edición avanzaban las diligencias de judicialización y se esperaba un pronunciamiento oficial. Entre tanto, en Circasia se realizaba una velatón en memoria de las víctimas y como exigencia de justicia.

Tristemente, una decisión de ese sábado llevó la tragedia a tres familias, las de las víctimas fatales y la del conductor. Y es que ningún siniestro vial impacta a una sola persona. Cada acción imprudente se expande en dolor, consecuencias penales y fracturas sociales. Sin embargo, este momento no es para señalar, ni para alimentar el escarnio; es el instante recordar una verdad pasada por alto, la mayoría de los siniestros viales se pueden evitar.

En corredores tan importantes como la Autopista del Café se instala una peligrosa normalización del exceso de velocidad. Muchos olvidan que la vida va primero, que llegar tarde bien, vale más que no llegar. Acelerar por encima de los límites convierte cualquier vehículo en un arma mortal. La física no negocia, la distancia de frenado aumenta con la velocidad. El margen de reacción disminuye. El riesgo crece.

Conducir implica pensar en el otro. Peatones, ciclistas, motociclistas y demás conductores comparten el mismo espacio. La responsabilidad exige atención permanente a las condiciones del vehículo, al estado de la vía y a factores inesperados. Conducir a la defensiva permite anticipar errores ajenos y reaccionar a tiempo.

Sobrepasar en curvas, ignorar señales, descuidar frenos o luces y, de manera especial, beber antes de manejar, constituyen conductas que elevan el riesgo de forma inaceptable y lamentablemente es lo que, a diario, los medios de comunicación del departamento debemos registrar por la irresponsabilidad de muchos y no solo en los corredores viales más estratégicos, sino, incluso en el casco urbano de Armenia.

El mensaje entonces es recordar que la seguridad vial requiere empatía y autocontrol. Un conductor, al girar la llave, asume una responsabilidad legal y moral: la vida propia y la ajena dependen de ese acto cotidiano. No más tragedias evitables.


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