La disciplina de madrugar a las 3 a.m. para conquistar el despecho.
La vida de Yeison Jiménez, recién llegado con trece años a Bogotá en 2004, tendrá una ruptura irreversible que lo alejará de lo que parecía ya estaba escrito. Por ahora. Y le hará caso a los quince años al llamado. Semejante a esas vidas a las que el medio no le impone sus ataduras. Por esta vez. Si acaso hubiera tenido un “empujoncito” de doscientos “paquetes”, ¿ pero de dónde, y ¿quién se los prestaría a un muchacho de Manzanares? Corabastos no cree en la lástima. En el billete.
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Y si acaso, Yeison terminaría de vendedor de aguacates. Vive en Bogotá que vuelve los destinos un trapo o hace trepar. Transforma para bien o para mal a quien llega. Fue gracias al gusto de Bogotá por la música ranchera donde el forastero de Manzanares convirtió su obsesión de niño en la determinación real. Porque en Manizales, “ya con doce años me había tocado olvidarme de la música”. En Bogotá en el año de 2007 toma conciencia: “Yo ni siquiera he elegido, yo nací con eso”. Su diccionario, su léxico, su mentalidad verbal, y su fuente de conocimientos está hecha de radios comunitarias, álbumes, videos y música de rockola que se aprende al pie de la letra, de memoria de cuando fue rey de la canción infantil en Manzanares. Su herramienta de difusión la aprovechó metódicamente, conciertos por bares, municipios e internet: “Y me metía y buscaba emisoras comunitarias, me salia puras radios comunitarias, y salía el teléfono, el correo…y yo cogía mi canción la pegaba en el correo, mandaba dos foticos y saludaba, hola soy Yeison Jiménez, artista de Bogotá, este es mi nuevo lanzamiento”. En la primera etapa de los 17 a los 19 años.
Esta mezcla: Bogotá de discotecas y estudios modestos de grabación, el internet, la rutina entre el público de la mayor plaza de mercado colombiana y el primer amor le imprimirán a su psicología el giro en que se juega su destino. Yeison se resiste a la vida repetitiva cuidando cajas de aguacate, “ mojado y sucio”.
QUEDARSE EN ABASTOS O IRSE A CANTAR
Mientras sus recuerdos le dan rencor y ganas de salir como sea del puesto de aguacates: el abandono del padre a los siete años, la separación familiar, verse obligado a abandonar la tarima, donde fue cuatro veces rey de la canción infantil. Pero al amanecer en el puesto de abastos mientras carga y vende aguacates, guarda una obsesión de marginal en Bogotá: la tarima, la rockola, los álbumes y las vidas de músicos populares de Colombia, de México, de Puerto Rico: canciones llaneras, colombianas, de despecho, vallenatos y mexicanas y videos. Por ahora es un niño marginal que adora las canciones populares, son su vida interior y sueña viéndose cantar en una tarima de los municipios de Colombia.
Sería la energía misteriosa y retadora de tantas letras de canciones. Voces internas de la música que lo empujan y lo llaman a resolver su dilema. “ Yo llegaba a las tres de la mañana al puesto y a las 11 me iba. Tenía una hora para bañarme y me iba para el colegio. Así duré cinco años de mi vida”. Y en el subconsciente perturbando su tranquilidad, sonando: “ Aquí traigo dos pasajes o me sigues o te quedas”, el llamado de “ uno sabe que ahí no debe estar”. Marcará la vida de Yeison. Hasta cuando le alcance el tiempo. Es inconsciente casi irracional, sale de adentro “sentir un llamado”.
DE MANZANARES A ABASTOS, DOS PASAJES, O TE QUEDAS O ME OLVIDAN
Corre el año de 2007, tiene 16 años. Trabaja en un lugar que no tiene nada que ver con la música suya ni la de nadie. Y es raro el primer paso que dio. De pura intuición y de resolución. Enviar desde Bogotá a Corama Stereo la radio de Marquetalia, Caldas, la primera canción suya escrita en Bogotá. Con un tema en contravía con los temas de ese momento del género. Trabaja de bultero por $25.000 diarios, los ahorra, va un estudio hecho con una cama donde se sienta el artista y pone el micrófono al frente.
Y había que espantar al gato. Y le pondrá alas a su voluntad y a su destino, dos décadas después. El sitio está lejos de la música pero cerca de la cultura popular del arte de las canciones. ¿Cómo un muchacho de pueblo cafetero se agarra a la tabla de salvación de las letras de docenas de canciones que sabe de memoria, y toma la decisión: seré cantante sin tutores ni conservatorios? “ Llevaba 3 años viendo amaneceres todos los días, y escribo una canción que yo le encontraba mucha lógica”
En Abastos donde el día a día es de precios de bultos, de cajas de arvejas y de arracachas y aguacates. Pero allí hay una clave que no cualquiera sabrá darle uso para hacerse al destino. La oportunidad la vio Yeison Jiménez. ¿De dónde le vino tal realismo? ¿Y si se hubiera quedado en Manzanares, en Medellín con su regionalismo duro de roer? Fue una bendición que no. En abastos se sueltan a gritos los dichos populares y se atraviesan pedazos de música popular.
En las pausas del trabajo los coteros cuentan historias de las farras en los centenares de discotecas bogotanas. Fue su excepcional intuición de la cultura popular oral y musical, la que conmueve y hace palpitar a Bogotá, donde hará Yeison su camino . No sería en Manzanares tampoco en Medellín. La suerte estaba en Bogotá.
Atrás quedó el pueblo, distanciado del padre. Dejó la casa y se fue a vivir sólo “ me fui de la casa a los dieciséis años” “y probé un poco de todo eso malo que nos brinda el mundo”. A otro se lo come la ciudad. No a Yeison. Es impensable. Porque le hablaba su voluntad de espíritu colombiano. Lo protegían las raíces en tierra cafetera. El lenguaje de la semiosis cíclica de las canciones populares.
¿LA MÚSICA LO SALVÓ DEL “FANGO”?
Y no se fue “al fango” como él decía con la letra de un bolero. También su recuerdo de la tarima de rey de la canción infantil. Lo salvó. Y su alma romántica adolescente, tejida con frases de letras populares, Y la adversidad le dio la talla: “ no me rindo fácilmente”. El aventurero de 16 años, Yeison, tiene un talento para plantearse su dilema de existencia, formularlo en letras interiores y dar el paso. Y lo excepcional es que sea tan temprano.
Ponía en acción, decidiendo los dilemas que iba viviendo. Con las palabras precisas: “son dos problemas que atormentan la vida”. ¿Se queda en Abastos o se va a cantar “vagabundo por el mundo”?. Pero no uno de los vagabundos de la rockola de rancheras, boleros y de las letras de canciones. Al tema del vagabundo, del aventurero parrandero que va y viene, fascinando al pueblo por décadas, Yeison le hará una transfusión de juventud. Con nuevos medios audiovisuales en Bogotá, revivirá al viejo aventurero. Lo reescribirá con gracia, con ganas de disfrutar la vida. Yeison se rebeló contra la melancolía mustia. Le dijo -”hasta aquí conmigo”, a la impotente melosería del despecho de “Medallo”.
Lo hará con método lírico, que le confirmaría en el año 2009 en La casona, “es por ahí”. en el burdel donde tuvo su primer concierto con afiche grande. Pero no se queda ahí, es el examen que pasa en esa tarima de aquel perdido burdel. Y antes y después internet, las radios comunitarias y en la tierra suya radio Corama Stereo con su canción “Te deseo lo mejor.” Éxito sin precedentes en la radio de toda la región cafetera: Armenia, Pijao, Manizales, Marquetalia, Pereira y Sonsón.
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