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Centro de innovación busca integrar a caficultores del Quindío a la cadena de valor

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domingo, 6 diciembre 2020

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El objetivo es entregar al productor todas las herramientas y conocimientos para que al final sea él mismo quien realice los negocios con tostadores internacionales.

En el Quindío se creó el Centro de Innovación y Productividad Agraria, Cipa, que en la actualidad ejecuta los recursos por más de $4.000 millones jalonados a través del Sistema General de Regalías que tiene por objetivo que los pequeños productores se integren a la cadena de valor y sean ellos quienes comercialicen el grano en el mercado internacional. 

Desde el Cipa explican que los cafeteros en la actualidad simplemente van y entregan el café al intermediario o a la cooperativa y sin distinción de su calidad les pagan lo mismo. “Ellos saben que tienen oportunidades en el mercado, pero no saben cómo tener acceso al mayor valor agregado”. 

¿Pero cómo hacer para que esta problemática que ha sido evidente desde los inicios de la caficultura sea revertida? El proyecto, que se ha formulado desde 2011, ha identificado que la clave es que el productor conozca muy bien su finca, sus procesos, cómo funciona el mercado y que se prepare para que al final del proceso se siente a hablar con tostadores internacionales, a quiénes les podrá mostrar su oferta de valor. 

Para ello, desde Cipa se dispusieron antropólogos, ingenieros, biólogos y funcionarios de la gobernación, quienes visitan las zonas rurales, conocen la historia del agricultor, le cuentan sobre el proyecto y, si aceptan, se hacen posteriores visitas para georreferenciar la finca, entregar un mapa al propietario con todas las características del terreno, se toman muestras de café para analizarlas y enseñarle al campesino el resultado de su trabajo, que pruebe su propio café. 

250 familias ya se han sumado al acuerdo de voluntades, que no solo deja por escrito el compromiso de los dueños de las fincas cafeteras de recibir a los funcionarios del proyecto en sus predios, sino a poner lo mejor de sí para aprender más sobre el producto que tienen y en el mediano plazo recibir lo justo por el arduo trabajo que realizan.

También firman los hijos y los nietos, quienes desde ya aprenden sobre la producción y conocerán nuevas formas para comercializar de una manera más rentable, porque uno de los atributos importantes que busca el proyecto es integrar a las nuevas generaciones para que juntos trabajen en la búsqueda de mejores formas de desarrollar el negocio. 

En total serán 800 familias las beneficiadas —alrededor de 3.200 personas en el departamento—, las cuales son presentadas por las alcaldías de cada municipio y luego se verifica que cumplan todos los requisitos exigidos para visitarlos y presentarles la iniciativa —caficultores con menos de 10 hectáreas de producción en sus fincas y con menos de 47.9 de puntaje en el Sisbén—. 

LA CRÓNICA visitó a Pedro José Cubides Hurtado, productor de café desde hace 43 años en el departamento. Actualmente vive con su esposa, 2 de sus hijos y su nieta en la vereda Guayaquil Bajo de Córdoba. 

“El cafecito siempre ha sido rentable, lo que pasa es que se pone duro para trabajarlo porque para uno coger una arroba, cuando hay precio bajito, no nos alcanza y nos mortificamos mucho para poderlo sostener. Pero en este momento tiene un buen precio. La mayoría de mi café lo vendo a la cooperativa porque soy socio, pero también le he vendido a un señor de Barcelona”, cuenta el cafetero de 62 años. 

A pesar de que casi toda su vida la ha dedicado a producir el grano, jamás se ha tomado una taza de su propia cosecha y le emociona la idea de saber que pronto podrá hacerlo, la misma emoción que no pudo ocultar cuando le mostraron su casa ubicada en un mapa que delimitó su predio.

Al final del proceso, don Pedro espera que la venta de su café tenga un buen precio, cambiar la forma en que comercializa y poder seguir adelante con su familia gracias a la caficultura.

Leidy, su hija, manifiesta que el campo es muy importante y disfruta mucho vivir en la finca. “El proyecto me interesa mucho porque quizá en un futuro sea mejor pagado el café”.

En la actualidad están vinculadas familias de Génova. Córdoba, Pijao, Calarcá y continuarán la labor según como los municipios vayan entregando la lista de posibles beneficiarios. Los extensionistas tecnológicos del proyecto también han identificado líderes veredales que los han guiado. 

Los cooperantes del proyecto son la gobernación del Quindío, bajo la supervisión de la secretaría de Agricultura; la Organización Nacional de Cadenas de Cafés Especiales y Sostenibles —Cadena Cafés—; Sociedad Promotora de la Innovación y la Gestión Tecnológica del Agro —Spring @gro SAS—, la Corporación Cintagro y Álvaro Tobón Jaramillo como cooperante financiador. 

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El proyecto es resultado de la convocatoria 523 de Colciencias

En el marco de la convocatoria 523 —que fue la primera del país para crear empresas de base tecnológica— nace la Corporación Cintagro, Nubia Estela García Moreno, su directora ejecutiva, explica que el proyecto fue priorizado dentro de 38 iniciativas que presentó el departamento e iniciaron el proceso.

A través de diferentes mesas técnicas desde 2017 hasta 2019 —año en que reciben aval del Ocad—, después de 7 envíos y de cumplir todos los requisitos, les dan el proyecto por aprobado y la gobernación acepta ejecutarlo, por lo que empieza todo un proceso de estructuración del convenio. Desde 2014 el Quindío no tenía un proyecto en ciencia, tecnología e innovación. 

Con la integración de Colombia a la Ocde, Colciencias crea los centros de innovación y productividad, por ello en el Quindío se creó el Centro de Innovación y Productividad Agraria, Cipa, con recursos de Colciencias. 

Cambiar la manera de hacer las cosas

Álvaro Tobón Jaramillo, cooperante en el proyecto, indica que tras una experiencia previa que habían tenido en Génova para vender el grano a una tienda internacional de café, entendieron que cuando quisieron manejar la vinculación de los caficultores con el mercado, de la misma manera que lo han hecho siempre —con una asociación— no funcionó.

“Lo que había funcionado para hacer la conexión fue la relación que se montó y que se pudo conocer en detalle cuál era el producto de cada uno y poder hacer la integración de una oferta en la cual conocíamos básicamente un elemento central que era la calidad. Después entendimos que el mercado requiere cantidad, calidad y oportunidad, pero a nosotros siempre nos han tenido pensando en la calidad”. 

Tobón Jaramillo relata que también entendieron que Colombia tiene una ley de cadenas, es decir, que el futuro del desarrollo rural territorial si no se hace en un sistema de cadenas no va a funcionar, por lo que no se trata de eliminar intermediarios, sino integrar los productores a la cadena, a ver qué tanto profundiza y gana en valor. 
 
Para lograr ese objetivo se crearon 3 organizaciones independientes: Cadena Cafés, liderada por Manuel López y caficultores del Quindío, Risaralda y Caldas y que tiene como objeto promover la política pública; Cintagro, para poder crear una institucionalidad de ciencia tecnología e innovación, y Spring Agro, que es una sociedad comercial que va a apoyar a los caficultores. 
“Cintagro se creó en 2015 como organización de base tecnológica, cuando recibieron el acta de cierre en julio de 2017 de la convocatoria 523, se abre la oportunidad de que Cintagro ya consolidado y con el apoyo de Colciencias podía participar. Aquí no estamos inventando nada raro, estamos mejorando las condiciones de un maltrato que ha venido dándose durante 100 años a ver si logramos que el caficultor aparezca y eliminamos una falla en el mercado generada por el Estado”, puntualiza. 

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Innovación e investigación, 2 cosas diferentes

Como el Cipa no es un centro de investigación, sino de innovación, se realizó un convenio con las universidades para hacer la investigación, particularmente con la facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica de la Universidad Tecnológica de Pereira, que va a adelantar estudios de la infraestructura científico-tecnológica y científico-física para modernizar la maquinaria en las labores de trilla y beneficio —con menor ruido y menor consumo de energía— que se construyen en la actualidad en las instalaciones del Cipa y que será una de las herramientas que los caficultores vinculados al proyecto tendrán a su disposición desde el primer trimestre del año entrante. 

El director de innovación del proyecto, Carlos Alberto Guevara, precisa que los emprendimientos de base tecnológica o de conocimiento  tienen consideraciones diferentes a uno tradicional, porque no se derivan productos, sino que lo que se requiere es investigar y validar hipótesis que se tienen sobre el desarrollo del negocio, validando en terreno para ajustar la propuesta de valor. 

“La falta de progreso material y de aislamiento del campesino debe cambiar. Con este proyecto no se busca eliminar los intermediarios, lo que se quiere es que los productores realmente participen en la generación de valor y en la cadena de llegar al mercado internacional. Innovar requiere entender los problemas y eso solo lo pueden hacer quienes están metidos viviendo y sintiendo”. 

 


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