Con un calendario compartido, se han consolidado como espacios que dignifican la labor agrícola, fortalecen la economía local y crean lazos directos entre campesinos y consumidores.
En el departamento del Quindío, cada fin de semana las plazas de los municipios se convierten en verdaderos escenarios de encuentro. Entre toldos y canastos rebosantes de frutas y verduras, el murmullo de la gente que conversa con los productores locales da vida a los Mercados Campesinos Municipales.
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Más que una feria, estos espacios se han consolidado como un puente directo entre el campo y la ciudad, donde los productores rurales y campesinos ofrecen de primera mano lo que cosechan, sin intermediarios, a precios justos y con la frescura que solo brinda la tierra.
“En el departamento del Quindío contamos con un total de 12 Mercados Campesinos Municipales, conformados por asociaciones de productores. Así mismo, contamos con el Mercado Agroecológico del Quindío, que se realiza en el Centro Metropolitano de Convenciones de Armenia y que reúne diferentes emprendimientos con modelos de vida sostenible”, explicó Diego Iván Agudelo Ramírez, director administrativo de Emprendimiento Rural del departamento.
Mientras hablaba, su tono dejaba entrever el orgullo de ver cómo lo que inició como pequeñas plazas, hoy son escenarios consolidados y reconocidos por la comunidad.
Estas actividades, resaltó, representan un canal alternativo y directo para la comercialización de productos agropecuarios de origen rural, permitiendo que los productores establezcan contacto directo con los consumidores finales.
“De esta manera, fomentan la producción y el consumo local de alimentos frescos y procesados, incrementan los ingresos de las familias rurales, generan oportunidades de empleo, promueven prácticas agrícolas limpias y sostenibles, así como el rescate de productos nativos y la gastronomía tradicional, y fortalecen la economía rural y la asociatividad entre productores”, relató Ramírez a La Crónica del Quindío.
Una programación que conecta al campo con la ciudad
Cada municipio del Quindío tiene marcada en el calendario la cita con sus campesinos y productores. En Génova, Calarcá, Pijao y La Tebaida, la plaza principal se llena de color el primer sábado de cada mes. En Circasia y Filandia, la costumbre se repite el primer y tercer sábado, mientras que Quimbaya ha hecho de este encuentro una tradición semanal. En Salento, en cambio, desde el 8 de marzo los campesinos llegan cada quince días con sus cosechas cargadas en jeeps, camionetas o mulas, listas para ser ofrecidas a los visitantes.
El director administrativo de Emprendimiento Rural, recordó que este movimiento ha contado con el respaldo de las administraciones municipales:
“La constitución de estos Mercados se ha llevado a cabo bajo al liderazgo de diversas asociaciones de productores, que, en articulación con las administraciones municipales y el acompañamiento técnico, han organizado la logística, formalización y promoción de cada mercado”.
Agregó con tono firme, como quien repasa una hoja de ruta marcada por el esfuerzo y la constancia, consciente de que cada Mercado es también resultado de luchas colectivas y acuerdos entre campesinos y gobiernos locales: “En este proceso ellos han seguido una ruta de planeación, implementación y evaluación que les ha permitido consolidar su funcionamiento, garantizar la calidad de los productos, fortalecer la participación de los productores y asegurar la sostenibilidad de estas iniciativas en el tiempo”.
Pero los esfuerzos no se quedan en el ámbito local. El Quindío cuenta además con el Mercado Campesino Departamental, institucionalizado para realizarse cada segundo domingo de junio, en cumplimiento de la Ordenanza 005 de 2024 y la Resolución 8865 del mismo año.
Agudelo explicó que la finalidad de este evento es integrar a productores de los 12 municipios, fortalecer la economía campesina y visibilizar la diversidad de alimentos agropecuarios y transformados que caracterizan al departamento. La primera edición, realizada el 8 de junio de 2025 en Armenia, fue descrita como un éxito rotundo: plazas abarrotadas, productos frescos y el entusiasmo de los compradores que agotaron buena parte de la oferta.
“Desde ya estamos trabajando en la planeación y organización del Mercado Campesino Departamental 2026 —adelantó el funcionario— con el propósito de superar los logros alcanzados y consolidarlo como un evento emblemático para el Quindío”.
Productos por municipio: la riqueza de cada plaza
Recorrer los Mercados Campesinos del Quindío es descubrir que cada municipio tiene su propio sello. Allí, los productos tradicionales corresponden a aquellos que históricamente se han cultivado o comercializado en la zona, mientras que los no tradicionales se refieren a los transformados, nuevos, innovadores o diferentes que también llegan a la venta.
En La Tebaida, los campesinos llegan con miel, plátano, limón, naranja, café, yuca, huevos, pollo y ahuyama, productos que no faltan en los hogares. A su lado, se exhiben productos no tradicionales como plantas ornamentales y hasta un vino de plátano, que despierta la curiosidad de quienes buscan algo diferente.

En Calarcá, la tradición se siente en el aroma del café y en la frescura de las frutas como el plátano, limón, naranja y mandarina, además del fríjol, miel, pollo y los huevos. Pero el mercado sorprende con las llamativas plantas ornamentales y las arepas de guadua, un producto no tradicional que se ha ganado un lugar en la mesa.

Salento reúne café, plátano, naranjas, limones, mandarinas y plantas aromáticas, una combinación que se complementa con propuestas no tradicionales: salsas, antipastos, mermeladas de cidra y frutas, quesos madurados, yogures, dulce de leche, panes de masa madre y plantas ornamentales.

En Filandia, los visitantes encuentran café, plátano, cítricos, yuca, hortalizas y tilapia, pero también productos poco comunes como plantas ornamentales, artesanías en fibras naturales, mantequilla ghee, pakchoy, rúgula, que enriquecen la oferta local.

El turno es para Quimbaya, donde abundan plátano, naranja, limón, café, aguacate, mandarina, yuca y huevos. Como novedad, los campesinos ofrecen salsas y antipastos, que aportan un toque gourmet a la tradición.

En Montenegro, el mercado se llena de naranjas, plátanos, limones, café, huevos y miel, mientras que los productos no tradicionales van desde plantas ornamentales y medicinales hasta morteros en piedra, que rescatan la herencia artesanal.

Armenia, capital del departamento, concentra miel, plátano, mandarina, naranja, yuca, café, cidra y limón, pero también invita a probar mantequilla ghee, queso ricotta, quesos madurados y chocolate artesanal.
En Pijao, la plaza ofrece plátano, café, naranjas y limones como parte de su canasta tradicional, acompañados de innovadores snacks de plátano.

En Córdoba, los campesinos llegan con huevos, cebolla larga, plátano, fresas, hortalizas, naranjas, pollo, yuca, fríjol, panela y miel. Junto a ellos aparecen chocolates artesanales, yogures y snacks de plátano, como productos no tradicionales.

En Buenavista, la tilapia fresca, el café, plátano, mandarina, huevo, banano y naranja mantienen el carácter campesino, mientras que las mermeladas de frutas rescatan el sabor dulce de la región.

Génova aporta a la feria plátano, café, naranja, huevos, miel, hortalizas, banano, cúrcuma y pollo, pero también canastos tejidos en zuncho, un reflejo de la tradición artesanal que distingue al municipio.

En Circasia, los visitantes encuentran plátano, tilapia, cítricos, hortalizas, banano, café y miel, junto con una oferta variada de productos no tradicionales: arepas de mote, pulpas de fruta, vinagre de manzana y snacks de plátano.

Finalmente, el Mercado Agroecológico del Quindío (MAGRO), con sede en Armenia, se ha consolidado como un espacio alternativo. Allí, los productos tradicionales como plátano, café, hortalizas y miel conviven con una diversidad de opciones no tradicionales: salsas, antipastos, arepas de pringamosa, kombuchas, mantequilla ghee, kéfir, arepas de mote, carnes veganas, plantas medicinales, conservas, productos con CBD, vino de miel, snacks Sacha Inchi.

Voces que nacen de la tierra
En los Mercados Campesinos se entrelazan voces e historias de quienes los han convertido en mucho más que un simple espacio de venta: un símbolo de identidad y resistencia.
En Calarcá, Diana Milena Dimatea Aranzazu recuerda con claridad su llegada, hace siete años, con sus productos de plantas aromáticas, ornamentales y árboles. Con el tiempo, pasó de ser vendedora a liderar el mercado. “Desde hace año y medio lo lidero, conociendo de cerca las necesidades, situaciones y luchas de mis compañeros campesinos”, relató.
Su experiencia no ha sido solitaria. Con un grupo de mujeres conformaron Mujeres PAN Colombia, un colectivo que ha aprendido a transformar plantas alimenticias no convencionales, esenciales para combatir el hambre en familias con recursos limitados.
“Ser parte de este mercado ha sido profundamente enriquecedor, no solo para mí, sino también para todas las familias productoras que aquí encontramos un espacio digno para compartir con ustedes el fruto de nuestro esfuerzo”, afirmó con orgullo.
Para Diana, el mercado es más que transacciones comerciales: “Es un punto de encuentro, de confianza, apoyo mutuo, conocimiento y saberes, donde conservamos nuestras tradiciones y reafirmamos el lema que nos identifica: somos una gran familia unida”.
Desde Salento, Eulalia Capié Sánchez, describió con precisión que la rutina del Mercado Campesino comienza cuando aún no amanece:
“Un mercado campesino empieza desde la madrugada —dijo—. Los campesinos salen de sus veredas con mulas, jeeps o carros cargados de productos. Llegan al pueblo, arman los toldos, organizan todo y venden hasta la tarde. Al final, regresan a sus casas”.
La acogida, aseguró, ha sido maravillosa, sobre todo por parte de los turistas, quienes valoran ver al campesino vendiendo directamente lo que cosecha. “Para mí, esta es una forma de dinamizar la economía local. Además, es una experiencia que me llena de orgullo y gratitud, porque no solo comparto mis productos, sino también mi historia y raíces”,
Al mismo tiempo, Claudia Inés Morales, presidenta del Mercado Campesino de Montenegro, cada encuentro es motivo de gratitud.
“Cada Mercado Campesino es un recordatorio de que la tierra nos une y que juntos mantenemos vivas nuestras tradiciones. Creo que le debemos apostar a más espacios como estos para que los campesinos sigan dignificando su labor”.
En su voz se percibe la importancia de estos espacios como plataformas de dignificación: “He conocido personas que valoran el trabajo del campo, he aprendido de otros campesinos y he sentido el apoyo de una comunidad que cree en lo que hacemos”.
Finalmente, en Quimbaya, la voz de Sandra Isabel Pérez Largo, representante del Mercado Campesino, resume el sentir de muchos de sus compañeros. Explicó que la expectativa no solo está en mejorar los ingresos, sino también en elevar la calidad de lo que ofrecen.
“Para mí, los Mercados Campesinos son más que una vitrina comercial; representan un reconocimiento a la labor campesina —afirmó—. Cada producto lleva consigo el esfuerzo de las jornadas diarias y, sobre todo, el amor que ponemos en lo que llevamos a la mesa de los consumidores”.
Respaldo institucional: el reto de consolidar los mercados
El secretario de Agricultura del Quindío, Bryant Stiven Naranjo Raigoza, reconoció que la consolidación de los Mercados Campesinos representa un gran reto para la administración.
“Ha sido un desafío visibilizar y dignificar la labor de nuestros campesinos a través de herramientas comerciales. Para eso son los mercados: una plataforma que permite a los productores comercializar directamente, sin intermediarios, en las calles de nuestros municipios”, explicó.
Uno de los pasos más importantes, añadió, fue lograr acuerdos municipales que permiten establecer los 12 mercados en el departamento, cada uno con fechas y parámetros definidos por los concejos locales. “El reto principal es que estén vigentes, activos, que sean realmente una herramienta comercial sostenible”, enfatizó.
Más allá de las palabras oficiales, se percibe un hilo común: el deseo de que los Mercados Campesinos sigan siendo un puente vivo entre el campo y la ciudad, un lugar donde la tradición agrícola se transforme en orgullo, alternativa comercial, encuentro y futuro para el Quindío.
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