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A través de la Ruta del Vidrio y de proyectos rurales como La Vidriería Terra – 2050, Calarcá ha recuperado y transformado más de 30 toneladas de este material que antes terminaban en los rellenos sanitarios.

El manejo del vidrio en el Quindío empieza a abrir camino dentro de los modelos de aprovechamiento sostenible. De acuerdo con lo señalado desde la Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ), los municipios realizan caracterizaciones periódicas de sus residuos para establecer qué materiales terminan en los rellenos sanitarios.

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“En el departamento, el 51% de los residuos que llegan a los rellenos son orgánicos y el 22% inorgánicos”, explicó la entidad ambiental. “Dentro de este último grupo se identifican los porcentajes correspondientes a vidrio, metal y cartón, con lo cual se orientan las estrategias de aprovechamiento”.

En el municipio de Calarcá, el tratamiento del vidrio —particularmente el proveniente de botellas— ha cobrado especial relevancia, al ser uno de los residuos más complejos dentro de la gestión integral. Históricamente, su bajo valor comercial, con un precio de compra al de apenas $50 a $70 por kilo, ha desincentivado su reciclaje. Sin embargo, el compromiso ambiental que hoy lidera el municipio, apoyado por cerca de 90 recicladores de oficio y una estrategia local de aprovechamiento, empieza a mostrar resultados en la reducción y transformación de este material.

Tal como se informó desde la Oficina de Turismo y Ambiente de la Secretaría de Desarrollo Económico, Ambiental y Comunitario de la Alcaldía de Calarcá, el manejo del vidrio representa un desafío ambiental importante: aunque es un material infinitamente reciclable, su tiempo de biodegradación en la naturaleza puede alcanzar los 4.000 años. Cada botella desechada permanece por milenios, ocupando espacio y afectando los ecosistemas.

A su vez, desde la Oficina se destacó que pese a su baja rentabilidad, los recicladores locales venían realizando un esfuerzo constante, recuperando en promedio 500 kilogramos de vidrio al mes, es decir, cerca de seis toneladas al año.

En este contexto, la entidad explicó que desde el 3 de abril de 2025 se puso en marcha la Ruta del Vidrio, un programa de recolección selectiva que, hasta la fecha, ha desarrollado 29 jornadas municipales de recolección, realizadas de manera ininterrumpida cada miércoles en la tarde.

A través de esta iniciativa se han logrado recolectar cerca de 6.5 toneladas de botellas de vidrio, evitando su disposición en los rellenos sanitarios y aportando al fortalecimiento de la economía circular.

Estas acciones complementan las aproximadamente seis toneladas anuales que recuperan los recicladores de oficio del municipio, lo que representa más de 12.5 toneladas de vidrio al año que ya no ocupan espacio en el relleno sanitario.

 “Al transformar estas botellas en nueva materia prima, Calarcá le apuesta directamente a la Estrategia Nacional de Economía Circular y reduce la demanda de recursos vírgenes”, se destacó desde la Oficina de Turismo y Ambiente.

Por último, la entidad hizo un llamado a toda la ciudadanía para unirse a este esfuerzo colectivo. “Realizar una separación en la fuente adecuada y entregar los materiales aprovechables a los recuperadores de oficio es fundamental para asegurar el futuro ambiental y la sostenibilidad de la región”.

Cada pieza elaborada —vasos, copas, floreros y lámparas— conserva la identidad del vidrio original y se convierte en un símbolo del aprovechamiento sostenible.

Transformar, no fundir: una apuesta rural por la economía circular

James Cadavid López y John Jairo Leal Canal lideran un modelo de economía circular que combina innovación, educación ambiental y transformación social en la zona rural de Calarcá.

Otra alternativa que contribuye al cuidado y la protección ambiental es La Vidriería Terra – 2050, ubicada en la vereda Potosí, zona rural de Calarcá. El proyecto se enfoca en recuperar las botellas de vidrio no retornables para evitar que contaminen rellenos sanitarios —donde permanecerían miles de años— y reducir la demanda de materias primas vírgenes.

“El camino inicial fue una verdadera proeza. Ante la escasez de información en el país sobre el proceso artesanal, el proyecto se construyó a base de prueba y error”, aseguró James Cadavid López, creador y líder de la iniciativa.

De acuerdo con Cadavid, el nombre Terra – 2050 hace alusión a una proyección ambiental: “Para el año 2050, cerca de la mitad de la población mundial podría no tener acceso al agua potable. Con nuestro trabajo queremos aportar, aunque sea un poco, a mitigar esa problemática y dejar un mejor planeta a las futuras generaciones”, detalló.

El proyecto que retomó operaciones en 2023 tras una pausa derivada de la pandemia, se consolidó como un faro de inspiración: un espacio para compartir conocimiento y brindar herramientas a personas interesadas en replicar la iniciativa. A través de técnicas de corte y pulido, las botellas de vidrio no retornables se transforman en productos de diseño y larga vida útil, como vasos, copas, recipientes, candelabros, floreros y lámparas.

“Esta labor ha permitido transformar aproximadamente 23 toneladas de vidrio a la fecha. Además, se han gestionado y enviado 24 toneladas a otras empresas de reciclaje, alcanzando un impacto total de 47 toneladas recuperadas que han evitado un destino contaminante”, señaló Cadavid, quien lidera la iniciativa junto a John Jairo Leal Canal, su socio.

Las etapas de lavado, corte y pulido se realizan con métodos de bajo consumo hídrico que aportan directamente a la economía circular. El agua utilizada se recircula y desinfecta con cloro, mientras que la energía se administra de manera eficiente mediante herramientas diseñadas por los propios emprendedores.

De esta manera, la visión de James y John Jairo ha trascendido. Su filosofía se resume en la premisa: “Preferimos mil proyectos de una tonelada que un solo proyecto de mil toneladas.

“La Vidriería apuesta por la multiplicación del impacto social y ambiental, compartiendo abiertamente su proceso a través de asesorías y facilitando herramientas y maquinarias necesarias a nuevos emprendedores. Este modelo de apoyo ya ha beneficiado a 103 proyectos de vidrio en Colombia y en otros países”, afirmaron.

El taller funciona en una casa rodeada de vegetación, con techos bajos, mesas metálicas y estanterías llenas de botellas clasificadas por color. Allí llegan semanalmente nuevas botellas recolectadas por la comunidad del sector. Una vez recibidas, comienza un proceso dividido en varias etapas que combina el saber artesanal con principios de sostenibilidad ambiental.

 

Etapa 1: Lavado, desinfección y retiro de etiquetas

El recorrido del vidrio comienza en la zona de lavado y desinfección. Las botellas se sumergen en tanques con agua, jabón y cloro durante varias horas hasta que las etiquetas se ablandan. Luego, con esponja de alambre inoxidable, se retiran los restos de papel y pegante, dejando el vidrio completamente limpio.

“Nosotros recirculamos el agua que usamos”, aclaró López. “El sistema se mantiene con cloro y agua lluvia, así no extraemos agua de la llave constantemente. Es parte del compromiso ambiental del taller”.

La limpieza es fundamental: cualquier residuo puede alterar el corte o fracturar el vidrio en los siguientes pasos.

Etapa 2: Secado y selección

Una vez limpias, las botellas se dejan escurrir y secar al aire libre sobre rejillas metálicas. Luego se clasifican por color, tamaño y tipo. Las más comunes son las transparentes y verdes, aunque también trabajan con vidrios ámbar y azules. Las piezas que presentan daños o irregularidades se destinan a reciclaje externo para transformarse en otros objetos como den ellos “nada se desperdicia”:

Etapa 3: Trazado y corte artesanal

Es la fase más técnica y delicada. Cada botella se coloca en una máquina trazadora —fabricada en el mismo taller— que permite marcar la línea exacta del corte con una cuchilla ajustable. Luego pasa a una segunda máquina de giro, donde un soplete de gas produce una flama que recorre lentamente el trazo.

“El corte se hace con calor y rotación”, aseguró Canal. “Hay que mantener la temperatura adecuada para que el vidrio ceda sin quebrarse. Cuando suena un ‘click’, sabemos que la botella se ha abierto perfectamente”.

Las máquinas, elaboradas a partir de motores reciclados, soportes metálicos y piezas de bicicletas, son ejemplo del ingenio local aplicado al reciclaje.

Etapa 4: Pulido y acabado

Después del corte, los bordes se lijan y pulen con piedra y esponjas abrasivas para eliminar las aristas filosas. Cada vaso pasa por tres fases de pulido: dos en el borde y una en la base. El proceso puede durar entre 15 y 20 minutos por pieza, dependiendo de la forma y el espesor del vidrio.

“Hacer un vaso puede tomar unos seis minutos cuando ya se domina el proceso”, comentó Leal. “Pero los diseños especiales, como floreros o lámparas, requieren más tiempo y precisión”.

El taller mantiene un ambiente de trabajo en el que el sonido de las pulidoras se mezcla con el zumbido de los motores improvisados y el reflejo del vidrio en las paredes. Cada pieza terminada se limpia, se inspecciona y se guarda cuidadosamente para su entrega.

Etapa 5: Reutilización creativa y cierre del ciclo

Las partes superiores de las botellas, que normalmente se desecharían, se convierten en candelabros, lámparas o elementos decorativos. En ocasiones, se integran varias piezas de diferentes colores para formar instalaciones artísticas. De esta manera, el proceso garantiza que nada se pierda: todo el vidrio que ingresa tiene un destino útil.

John Jairo Leal Canal sostuvo que además del trabajo con botellas, en el taller también se aprovechan los residuos generados durante el proceso. “Lo que hacemos es encapsular el material que nos sobra”, explicó mientras mostraba una serie de placas y plaquetas elaboradas en el lugar. “Estas piezas están hechas con vidrio triturado y cemento blanco, con un espesor de entre 4 y 5 centímetros. Las usamos como huellas de paso o plaquetas tipo granito”.

El taller incluso reutiliza el polvillo fino que resulta del pulido con agua. “Ese polvo es como harina de trigo. Si lo dejamos ir por las cañerías, contaminamos el suelo y las fuentes hídricas. Por eso lo mezclamos con cemento blanco, vidrio triturado e incluso ladrillo molido. Así lo encapsulamos en las placas, que pueden servir para pisos o enchapes. De esta forma cerramos el ciclo. Todo lo que sale del vidrio vuelve al vidrio o al cemento, pero nada se desperdicia”, relató.

Para ambos emprendedores y cuidadores del medio ambiente, cada pieza lleva una historia: el color verde, ámbar o transparente revela el origen del vidrio recuperado, mientras el diseño final refleja la filosofía de reutilizar con propósito.

“El sonido de cada máquina y el brillo del vidrio en movimiento son parte de la rutina diaria en La Vidriería Terra – 2050, donde la creatividad se mezcla con la conciencia ambiental”, puntualizó James Cadavid López.

 

Importancia científica y ambiental del vidrio en el reciclaje

Desde el punto de vista científico, el vidrio desempeña un papel fundamental en los procesos de reciclaje. La bióloga Angie Juliana Blanco Matajira explicó a La Crónica del Quindío que este material se produce a partir de compuestos como la arena, el carbonato de sodio y la caliza, todos extraídos de la tierra.

“El vidrio es 100 % reciclable y nunca pierde su calidad. Siempre mantiene sus propiedades, por lo que puede reciclarse una y otra vez sin afectar su composición”, aseguró.

Blanco detalló que una vez obtenidas las botellas recicladas, el vidrio se transforman en calcín, un material que es vidrio molido obtenido de esas botellas. Este calcín, al conservar la calidad original, permite fabricar nuevos productos de manera indefinida.

“Cuando se utiliza calcín, se requiere menos temperatura para generar vidrio y producir nuevos objetos. Esto se traduce en menores emisiones de CO₂. Además, como ya no es necesario extraer materiales originales como la caliza, también se reduce el impacto ambiental asociado a la extracción y destrucción de hábitats naturales”, argumentó la bióloga.

Según Blanco Matajira, el vidrio es un material que “se deja trabajar muy bien” y que representa un ejemplo claro de economía circular.

“Aunque actualmente el vidrio tenga un valor económico bajo, sigue siendo un material sumamente versátil y valioso por su capacidad de ser reutilizado muchas veces”, enfatizó.

La experta agregó que en sectores industriales, como el de las bebidas, el vidrio resulta rentable gracias a mecanismos como las botellas retornables, que permiten aprovechar su durabilidad y resistencia.

Finalmente, advirtió sobre la importancia de reutilizarlo: “Cuando el vidrio termina en vertederos o ecosistemas acuáticos, puede tardar entre cinco mil y seis mil años en descomponerse, ya que no es biodegradable. Por eso, hay que aprovecharlo al máximo, fundirlo y darle nuevos usos todas las veces que sea posible”, concluyó.


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