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Símbolo de identidad, memoria y unión para las comunidades latinoamericanas, en especial Colombia y Venezuela.

El origen de esta fecha se remonta a 2012, cuando la organización Venezolanos en el Mundo (VenMundo), integrada por Rafael Muorad, Luisana La Cruz y Tony De Viveiros, decidió realizar un evento que movilizó a la comunidad venezolana dispersa en distintos países. La iniciativa buscaba, en un principio, crear un espacio de encuentro que permitiera fortalecer lazos comunitarios, acompañar a quienes habían migrado y mantener viva una tradición compartida, es decir comer arepas.

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Ese año se llevó a cabo el primer Arepazo Mundial, una actividad que consistió en preparar y compartir arepas en distintos lugares del planeta al mismo tiempo. El éxito de la convocatoria fue inmediato y, debido a la acogida masiva, VenMundo institucionalizó la fecha a partir de 2013, fijando el segundo sábado de septiembre como el día en que se celebrara de manera oficial la identidad arepera en el mundo.

La historia de la arepa se remonta a tiempos precolombinos, cuando los pueblos indígenas de lo que hoy son Venezuela y Colombia, la elaboraban a partir del maíz molido. Este alimento formaba parte de la dieta cotidiana de las comunidades originarias, quienes lo cocinaban en piedras.

Con el paso de los siglos, la arepa sobrevivió a la colonización y se adaptó a las transformaciones sociales, tecnológicas y culinarias. Hoy, pese a los debates académicos y culturales sobre su verdadero origen, es innegable que constituye un elemento esencial en la mesa de ambos países.

Mientras en Venezuela se la reconoce como “el pan nuestro de cada día”, en Colombia se reinventa de región en región con preparaciones que van desde lo más simple hasta lo más elaborado.

Dos países, dos tradiciones

Aunque comparten nombre y esencia, la arepa venezolana y la arepa colombiana presentan diferencias notables que reflejan la diversidad cultural de cada nación.

En Venezuela, la arepa suele ser más gruesa, de unos 12 a 15 centímetros de diámetro. Su textura crujiente por fuera y suave por dentro, ya que se logra gracias al uso de harina de maíz precocida. Los rellenos se han convertido en un sello de identidad, entre ella destaca la popular “reina pepiada”, que contiene pollo, aguacate y mayonesa hasta la “pelúa” a base de carne mechada con queso amarillo o la emblemática con queso de mano. En cada combinación, la arepa funciona con ingredientes creativos.

En Colombia, la tradición es diferente. Las arepas suelen ser más delgadas y con un diámetro de 7 a 10 centímetros, elaboradas con maíz cocido, se caracterizan por su textura más suave y esponjosa; depende de cada región, pueden servirse solas, acompañar otros platos o llevar ingredientes como chicharrón, chorizo, queso fundido o hogao, la tradicional salsa criolla a base de tomate y cebolla. En Antioquia, por ejemplo, la arepa de maíz blanco acompaña desayunos y cenas, mientras que en la costa Caribe la arepa de huevo es una insignia gastronómica.

La arepa como símbolo migrante

Uno de los factores que consolidó el Día Mundial de la Arepa fue la migración; en la última década, millones de venezolanos han salido de su país y con ellos llevaron sus costumbres, entre ellas la preparación de arepas. En ciudades como Madrid, Bogotá, Santiago de Chile, Miami o Buenos Aires, restaurantes y emprendimientos tienen como protagonista a este disco de maíz.

Este fenómeno no solo ha permitido que la arepa sea más visible en el panorama internacional, sino que también ha generado oportunidades económicas para emprendedores. Muchos de ellos encontraron en la venta de arepas una forma de sostenerse económicamente y, al mismo tiempo, de preservar su identidad cultural en contextos de desarraigo.

El Día Mundial de la Arepa no se limita a un acto culinario; es un recordatorio de pertenencia. Para quienes se encuentran lejos de sus países de origen, preparar una arepa es recrear la mesa familiar, revivir recuerdos de infancia y estrechar vínculos comunitarios.

Cada año, la celebración es un espacio para resaltar la diversidad de rellenos y formas de preparación. Nombres como “viuda” (sin relleno), “dominó” (caraotas negras con queso) o “rumbera” (pernil con queso amarillo) dan cuenta de la creatividad y riqueza cultural que rodea a la arepa.

Un patrimonio compartido

Aunque existen diferencias notables entre la tradición venezolana y la colombiana, la arepa funciona como un patrimonio cultural compartido que une a ambas naciones. En lugar de enfocarse en la disputa sobre su origen, el Día Mundial de la Arepa busca resaltar el valor que tiene como alimento ancestral que ha sobrevivido al paso del tiempo y que sigue reinventándose en cada región y en cada mesa donde se prepara


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