Mientras los productores luchan por sostener sus negocios, los compradores aseguran que la arepa, alimento cotidiano, se está convirtiendo en un lujo.
El aumento en los costos de producción de las arepas, impulsado por el alza en el precio de la masa, el carbón y otros insumos, ha llevado a que el valor de venta de este producto tradicional también se incremente. Productores aseguran que sostener el negocio se ha vuelto cada vez más difícil, mientras los consumidores ya perciben el impacto en sus bolsillos.
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Celmira Cárdenas, quien lidera desde hace más de una década un negocio de venta de arepas en el municipio de Armenia, con ventas diarias que oscilan entre 110 y 120 unidades, afirmó a La Crónica del Quindío que la inflación ha afectado directamente su producción.
Según sus cálculos, después de cubrir los costos de materia prima, el servicio de gas y la mano de obra, la ganancia libre mensual es alrededor de $320.000 y $560.000, vendiendo cada arepa a $800 y dependiendo la cantidad de producción. Este ingreso, según explicó, se destina principalmente al pago de los otros servicios públicos y a la compra de productos básicos para el hogar.

Uno de los principales factores que ha encarecido la producción de arepas es el aumento en el precio de la masa de maíz. “Antes el kilo costaba $2.500 y ahora está en $4.500. De cada kilo se obtienen aproximadamente 18 arepas, y en mi negocio se requieren entre 10 y 12 kilos al día, según la cantidad de pedidos”, explicó.
El proceso de cocción también ha requerido ajustes. Inicialmente utilizaba carbón, pero el incremento en su precio —de $27.000 a $40.000 por bulto— la llevó a optar por el gas domiciliario, que representa un menor gasto, donde mensualmente paga $70.000. Además, el negocio genera un empleo adicional: una trabajadora que recibe $30.000 diarios por moldear las arepas.
“Si no cambiaba al gas, prácticamente el bulto de carbón diario se llevaba toda la ganancia, y no alcanzaba para los otros gastos. También, le pago a una empleada porque sola es muy difícil para mí”, argumentó Cárdenas.
Entre el ahorro en insumos y la fidelidad de los clientes
En cuanto a la materia prima, la empresaria explicó que prefiere comprar la masa ya preparada en lugar de procesar el maíz desde cero, ya que el proceso casero implica costos adicionales en el servicio del agua.
No obstante, aseguró que la masa blanca es la más utilizada en su producción, a pesar de que la masa amarilla es más económica. La decisión de mantener este tipo de masa responde a las preferencias del público.
“Antes molíamos el maíz en la casa, pero eso lleva más gasto porque toca cocinarlo, lavarlo y se gasta mucha agua, además de que los servicios están muy caros. Por eso ahora prefiero comprar la masa ya lista”, señaló.
Complementó: “Casi no trabajo la masa amarilla porque la gente prefiere la blanca. Es un poco más costosa, pero ya los clientes conocen el sabor y el tamaño de la arepa que hacemos, entonces no quiero cambiar eso”.
Cárdenas también subrayó que la venta de arepas en su sector mantiene una demanda constante, gracias a los clientes locales, visitantes y conductores que transitan por la zona.
“Gracias al público y a los clientes que ya tiene mi negocio, puedo vender todas las arepas. De lo contrario, si aún no me conocieran, podría perder ganancias y se me quedaría casi toda la producción”.
Sin embargo, reconoció que el negocio no siempre es suficiente para sostener a su familia de cuatro integrantes. “Con este trabajo he podido cubrir algunos gastos básicos, pero para complacer a mis hijos, apoyar sus estudios y otras necesidades, he tenido que buscar ingresos adicionales. Además, mi esposo ha tenido que aportar dinero, porque las ganancias no nos alcanzan para cubrir gastos extras o salidas en familia”, indicó.
“Cada vez toca pagar más por la misma arepa”
El aumento en los precios de productos de la canasta básica sigue generando preocupación entre los consumidores, quienes perciben con inquietud cómo alimentos tradicionales y cotidianos, como las arepas, se encarecen progresivamente.

Yeison Stiven Vargas Vanegas, comprador habitual de arepas, expresó su preocupación no solo por el impacto económico que representan los recientes aumentos, sino también por las implicaciones que estos tienen en el acceso a una alimentación digna para las familias.
“No estoy de acuerdo con el aumento de los precios de la canasta familiar. Productos tan sencillos como las arepas ya cuestan alrededor de $800, y cada vez toca pagar más por la misma arepa. Esto afecta directamente a los hogares. Incrementar el costo de un producto tan esencial solo genera mayores dificultades para acceder a una alimentación digna y justa. Por eso, es necesario buscar alternativas que protejan el bolsillo de los consumidores sin sacrificar la calidad del producto”, enfatizó.
Por su parte, Ana Sofía García, otra compradora frecuente, señaló que el incremento en el precio la ha obligado a reducir la cantidad que suele llevar a su casa. “Antes compraba varias para toda la familia, pero ahora me toca limitarme porque no alcanza para lo mismo. Con $5.000 ya no compro lo que compraba antes. Y es triste porque la arepa siempre ha sido algo típico, algo de todos los días, y ya se está volviendo un lujo”, afirmó.
A su vez, Isabela Ríos, compradora habitual en el sector donde vende Celmira Cárdenas, también manifestó su molestia: “Uno ya no sabe si seguir comprando o buscar otra opción porque cada vez la arepa está más cara. Yo antes pagaba $500 o $600 y ahora ya va en $800. Eso para uno que compra todos los días es un gasto que se siente en el bolsillo”.
Concluyó que seguirá comprando mientras le sea posible, pero advierte que si el precio sigue subiendo, tendrá que buscar alternativas: “Si se siguen subiendo, a uno le va a tocar aprender a hacerlas en la casa o simplemente dejar de comerlas. Porque por más buenas que sean, uno no puede gastar más de lo que tiene”.
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