Uno de los momentos más frustrantes que puede existir como cinéfilo es naufragar en las interminables aguas de las plataformas de streaming para decidir qué ver. En casa tengo Max, Prime Video, Disney Plus, Netflix y Mubi, una joyita que llegó a mi televisor como regalo de cumpleaños que me hicieron unos amigos.
Escarbando en Mubi me he topado con muy buen contenido, y mi lista de cosas pendientes por ver en la plataforma sigue creciendo; pero hace unos días me salió como recomendación una lista de obras de David Lynch que incluía su afamada “Twin Peaks”, una icónica serie noventera que es reconocida por ser una de las obras que cambió la televisión serial.
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Así que sin pensármelo 2 veces, decidí meterme de lleno con esta serie, pero entendiendo varias cosas. Lo primero que debemos tener claro es que es una producción hecha en 1990, por tanto, su ritmo es más pausado, se toma más tiempo en desarrollar las cosas. En cuanto a lo visual, su formato es 4:3, es decir, se ve cuadrada en pantalla, por otro lado, sus efectos especiales son rudimentarios a ojos del público actual.
Teniendo en cuenta los aspectos mencionados y después de ver sus 2 primeras temporadas, debo decir que “Twin Peaks” es un producto que cualquier amante del cine y las series debe ver en algún momento de su vida. Lo que en un principio inicia como un drama policial y de investigación, termina en un experimento visual y narrativo en el que David Lynch nos introduce en un mundo onírico con tintes de terror psicológico y surrealismo.
En “Twin Peaks” seguimos la historia de un pequeño pueblo al norte de los Estados Unidos, que ve alterada su rutina cuando el cadáver de una joven es encontrado a la orilla de un rio. A partir de ese momento y de la mano del agente especial del FBI Dale Cooper, nos introducimos en un universo en el que cada personaje tiene sus secretos y el pequeño pueblo termina convertido en un gran infierno a punto de estallar.
El guion escrito por David Lynch y Mark Frost construye un universo visual y sonoro que atrapa, especialmente por el estilo de dirección de Lynch que nos cautiva con secuencias largas, momentos extrañamente ridículos, silencios plagados de tensión, música inquietante, personajes con muchas capas que demuestran la ambigüedad de la naturaleza humana y los elementos sobrenaturales que se van a apoderando de la serie de forma lenta pero consistente.

Lynch y Frost escriben una historia que tiene muchas capas simbólicas, puntos de giro extraños y un mundo que crea sus propias reglas, lo único que tenemos que hacer los espectadores, es dejarnos llevar por el viaje.
El diseño de producción nos presenta un pueblo que parece detenido en el tiempo, su estética es muy de los años 50 y 60, pero con los elementos tecnológicos de los 90. Las actuaciones están muy bien ejecutadas, especialmente la de Kyle MacLachlan en el papel del agente especial Cooper, con quien me identifico por su amor desmedido por el café y las tortas.
Sin duda “Twin Peaks” es una serie importante en la historia de la televisión, su influencia es muy marcada en producciones como “Los archivos X”, “Lost”, “Stranger Things” o “Dark”, su estilo cinematográfico y el sello de David Lynch como autor está presente en las 2 temporadas.
Así que desde este espacio de opinión, los invito a que se dejen cautivar por el mundo de “Twin Peaks”, pues sus dos primeras temporadas son esenciales para cualquier amante del cine y la televisión. No solo por su calidad narrativa y estética, sino porque abrieron las puertas a una nueva forma de contar historias en la pantalla chica y ahora que tenemos la posibilidad de maratonearla, se convierte en toda una experiencia.
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