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Turquía, la clave en Eurasia

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jueves, 25 agosto 2022

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En esta serie sobre Eurasia dedico esta entrega a Turquía, país situado entre Asia y Europa y cuya antigua ciudad extendida sobre 2 continentes Estambul

¿Qué oriente y cuál occidente? 

En esta serie sobre Eurasia dedico esta entrega a Turquía, país situado entre Asia y Europa y cuya antigua ciudad extendida sobre 2 continentes Estambul, con su espléndida mezquita azul y la transformada recientemente Hagia Sofía (catedral cristiana bizantina) en mezquita, evidencian hechos de las transformaciones que esta nación experimentó a lo largo del tiempo. 

Realidades contemporáneas del siglo XX y sorprendentes retornos o revueltas contra el pasado dan contenido y forma a las identidades y ambiciones de la sociedad turca. En marzo del 2021 con fastuosa celebración repleta de alusiones religiosas, civilizacionales y nacionalistas, el actual presidente de Turquía, Recep Erdogán, celebró la conquista en 1493 de la Gran ciudad de Constantinopla por las tropas del sultán Mehmet. 

Estambul (entonces Constantinopla) es el tesoro urbano de Turquía: allí se encuentra el obelisco egipcio de tres mil años, los mosaicos deslumbrantes de la catedral (hoy mezquita) Hagia Sofía de 1696 años, el sarcófago de Alejandro Magno, el más antiguo bazar del mundo y la vitalidad creativa, comercial y política de esta carismática ciudad de mil rostros, y de relatos milenarios en sus cisternas subterráneas. 

¿Qué de raro tiene el pasado hoy? 

¿Qué de raro tiene que una catedral cristiana ortodoxa, que fue mezquita y después museo, se vuelva a declarar mezquita “abierta a las oraciones” en el 2020? Las creencias y costumbres islámicas de buena parte de la nación turca fueron desalojadas en los años 20 con la política de limitaciones a las autoridades religiosas musulmanas que el gobierno de Ataturk, Padre de la República de Turquía, impuso en su programa de laicización. 

El imperio otomano antecesor de la república fue disuelto, en 1924 se proclamó una constitución de corte occidental, se suprimió el título de sultán y la ley “de destrucción del título de Califa”, soporte religioso y político de la estructura islámica anterior a la actual república y en 1928 se eliminó el artículo constitucional sobre el islam como religión oficial. 

Las leyes de Ataturk impulsaron el cambio del alfabeto persa por el latino, la prohibición del hiyab, velo islámico para las mujeres. Pero desde 1980 el islam ha vuelto. Ni los grupos liberales ni los izquierdistas de centro en el poder lograron eliminar la cuestión islámica, núcleo de la vida social y cultural de la Turquía profunda: la periferia rural, los marginales urbanos y también las capas medias urbanas, los universitarios fueron receptivos al islam político. 

El velo del Islam 

La vestimenta se convirtió en lenguaje de esta vuelta al pasado. El velo para las mujeres, prescrito en el Corán, es una conducta poderosamente identitaria religiosa y nacional (tema de Nieve, novela de Pamuk) Volver a llevarlo o no es ahora una semiótica de elección identitario para las musulmanas de Turquía: “la humanidad está harta de la desnudez”, “el velo no solo representaba su amor por Dios, sino que también era su signo de fe”. 

Sobre esta reconversión de la búsqueda identitaria, no occidentalización, sí a las tradiciones turcas, un líder político de obstinada sagacidad ha postulado una combinación política que lo enfrenta a los países de la Otan, de la que hace parte Turquía y frena las aspiraciones de Turquía a ser miembro de la Unión Europea, ¿Cuál fórmula?

Conservatismo social, democracia, valores islámicos y liberalismo económico. El programa neoliberal que se desprestigió en Turquía desde los ochenta por la corrupción llevó a la superficie política a fuerzas desde abajo: el islam político. 

El vendedor de limonadas de Estambul 

De vendedor de limonadas en calles marginales y futbolista profesional a alcalde de Estambul, pasando por ser líder de la agremiación juvenil de su partido, y con acciones que le ganaron admiración en Turquía: Contrariando el veto institucional sobre el rol político del islam, siendo alcalde electo de Estambul, Recep Erdogan en público dijo: “Las mezquitas son nuestros cuarteles, las cúpulas nuestros cascos y los minaretes nuestras armas y soldados fieles”. 

Fue condenado a 120 días de cárcel en 1999. Debió renunciar a la alcaldía de la ciudad milenaria. El país había cambiado su talante laico, el retorno de los valores islámicos dentro de Turquía y en la enorme diáspora turca de 4 millones que viven en Alemania fue captado por Erdogan. En 2014 en las primeras elecciones directas, Erdogán regresó como presidente de Turquía por el partido de la Justicia y el desarrollo. 

El territorio de Turquía y su carácter 

Estambul donde creció el presidente Erdogan, es un mundo de sorpresas, de códigos simbólicos, de hábitos persistentes que se adaptan a los cambios: casi todo es visible, pero el arte está en mostrar una parte y en no vacilar en hacer visible una calculada acción. Estambul vive en el rumor, la cultura turca valora el seref, preocupación por el lugar que se ocupa en la jerarquía y por el honor visible en público. 

Consciente de ser territorio llave entre los Balcanes, la estepa rusa, el mar negro, el Egeo y el mediterráneo de civilizaciones, comercio, fronteras culturales y étnicas. Turquía es soporte geopolítico de influencia en Eurasia. La imagen que valoran sus 70 millones de habitantes se vincula al fortalecimiento del rol regional que logró su actual presidente. El impulso al turismo, 35 millones de visitantes anuales que buscan ocio y santuarios de las civilizaciones griegas, bizantinas, o el colosal túnel subterráneo de 1.6 km, a 60 metros bajos el nivel del mar Bósforo que en Estambul une Europa con Asia. 

Cuenta con el favor de un entorno internacional euroasiático donde surgieron nuevos protagonismos globales de diestra actuación internacional que aprovecha y ahonda las profundas fisuras del senil poder occidental. 

La carta de Turquía en Eurasia 

El fracaso de occidente, derrotado en 2021 en Afganistán, la incongruente política exterior europea, el jaque mate de Putin a las élites políticas europeas, fortaleciendo la carta rusa del rol geopolítico del petróleo, la cautela de China puesta contra la pared por la desmañada provocación de Nancy Pelosi visitando Taiwán en el espacio geopolítico de soberanía de la República popular de China; estos hechos crearon en el sistema de Eurasia un entorno afortunado a la política exterior de Turquía. 

Turquía siendo asociada de la Otan negoció su voto favorable al ingreso de Suecia y Finlandia, que aceptan no apoyar al partido kurdo de los trabajadores, considerado por Ankara una organización terrorista. Turquía no es ya aliado incondicional de la Otan o de EU, como en los 50 y 60. El repunte de las identidades islámicas dio a la élite política de Turquía un escenario para un giro al islamismo político: 

¿Putin, aliado de Erdogán? 

La catedral cristiana de Hagia Sofía, en tiempos de Ataturk declarada museo, en 2020 se entrega a las autoridades islámicas que deciden que sea mezquita. El papel geopolítico en los Balcanes y en Asia Central con muchas ilusiones políticas se establece a través de la organización de estados turcos con sede también en Estambul. Turquía se jugó la carta de negociación con Rusia este agosto. En un momento de conflicto de Rusia con EU y la UE por Ucrania. En una conversación que duró cuatro horas en el balneario ruso de Sochi, Putin y Erdogan acordaron abrir una nueva página en sus relaciones con acuerdos comerciales, de defensa, agrícolas, políticos. Turquía pagará en rublos el gas ruso.

Esto no impide que Turquía aspire a ser mediador con Rusia en el conflicto de Ucrania. Turquía es clave para entender Eurasia. 
 


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