Un símbolo vivo de la identidad local, gracias a su riqueza patrimonial, la memoria arquitectónica y el uso cotidiano por parte de la comunidad.
Circasia, dentro del engranaje turístico del Quindío, sobresale por su parque principal, el espacio más vital de cualquier conglomerado urbano. Aunque en otros municipios, esos lugares de encuentro se deterioran poco a poco(por la indebida refacción de sus instalaciones o por la pérdida del sentido identitario),el de Circasia conserva aspectos que lo hacen singular por dos razones: el apego de sus adultos mayores al disfrute de la estancia cotidiana y el arreglo funcional de la fuente y piletas de su centro estructural.
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En cuanto a los adultos mayores, ya es común verlos sentados, en un muro bajo del estrado norte, conversando y rumiando recuerdos. Lo que ha reforzado aquel componente humano que debe tener un parque principal, al convertirse en el escenario para el solaz y entretenimiento de estos personajes.

En general, el parque – o la plaza – no sólo tiene su encanto en cada municipio. Dicho lugar ha configurado una personalidad arquitectónica, que marca profundamente a sus habitantes. Antaño, las familias principales habitaban las casas de sus cuatro cuadras aledañas, las que estructuran el marco circunvecino, donde entre 20 y 25 moradas antiguas fueron generalmente las primeras instaladas en el proceso fundacional de cada población. La consideración simbólica de sus casas; el acervo testimonial de los protagonistas que merodean al interior de la cuadrícula que conforma su espacio central; los equipamientos, detalles y monumentos del espacio público. Son éstos los tres componentes que ayudan a construir la historia colectiva de un parque. Por eso, con regularidad, el busto de Bolívar o de otros ilustres personajes, así como la disposición de los símbolos locales, van constituyendo la marca perenne y forjadora de la identidad.
Circasia, en este momento, con su parque concurrido y visitado por familias locales y de turistas( que caminan por su trazo interior o se sientan en sus bancas), va marcando la pauta en la apertura de una perspectiva de turismo social, humanizado y cultural. Su parque principal se ha constituido en el punto nodal, desde el cual se irriga una campaña curiosa que, difundiendo el lema de “Circasia es más que el parque”, ha sembrado conciencia de lo importante que es para todos ese núcleo central del municipio.

Sin embargo, lo primero que debe reconocer el ciudadano es su parque principal, para después desplegar su interés de pesquisa en las calles y carreras que desde aquel espacio se proyectan.
Un primer vistazo al interior del parque va dejando la impresión de encontrar en él un compendio de la memoria. El conjunto monumental más importante lo conforman las piletas y su fuente, la estatua de Bolívar y el pasadizo que se dispone en forma de puente. Cada uno de ellos presenta una configuración simbólica especial.
En las piletas, recientemente restauradas, los peces han sido la atracción. Mientras se adecua el espacio recuperado, esos ejemplares se han trasladado a otra poceta y pronto volverán para convertirse en destino de las miradas, al verlos nadar en sus aguas. Esas piletas, con su fuente, alguna vez, fueron el motivo de inspiración de un poeta, Noel Estrada Roldán, quien les dedicó un soneto. La placa de mármol, instalada en 1997, y que dejaba notar en su superficie aquellas letras poéticas, ya no está al lado de las piletas. Algún día desapareció. Sin embargo, la referencia escrita del escritor Helio Fabio Henao Quintero, en su libro titulado “Diálogo con Simón Bolívar, El Libertador” (Optigraf, Armenia 2016), nos dejó la prosa de aquel poema, titulado “La Fuente de Circasia”:
El surtidor levanta la memoria
del agua, y al venir de la ladera
se satura de eterna primavera
que la ciudad te brinda promisoria.
El pueblo te contempla ensimismado
porque encuentra en tu bella arquitectura
la semblanza mirífica que augura
un porvenir de sueño realizado.
Nos recuerdas a Trevi, la fontana
que en la Roma inefable se engalana
de ritmo coreográfico y jocundo.
La música del agua en ti realiza
el ballet melodioso de la brisa
y el palpitante renacer del mundo.
El componente humano del interior de aquella cuadrícula que es el parque, se enaltece con la presencia de sencillos personajes. Están los viejos que se sientan a compartir sus cuitas. Los vendedores de tinto y comestibles. El que arrastra la carreta donde se reparan zapatos. Y una supervivencia especial de Circasia, las carretas de madera, tal vez los últimos carruajes artesanales de tracción humana. Sus dueños los emplean para transportar pequeños trasteos.
Pero un personaje siempre llama la atención. Es el viejo Nicasio Perdomo, el embellecedor de calzado más veterano del Quindío, un agradable contador de historias de su terruño.

Una mirada más amplia del entorno nos da el compendio más rico de expresiones y bienes materiales, que hacen del parque de Circasia un tesoro colectivo patrimonial. Deben mirarse esos elementos con sentido emocional, porque son producto de la intervención adecuada y consciente del patrimonio urbanístico. También están los pequeños detalles, los que irónicamente enriquecen el entorno, por ser singulares.
Comienzo con un elemento que sólo guarda un parque del Quindío. La “urna del tiempo”, una bóveda subterránea que contiene los objetos y bienes significativos de la historia local y que se abrirá el 10 de agosto de 2034.
Sigo con otros elementos sencillos, perceptibles sólo por la pesquisa sutil y patrimonial: Las palomas del prado y las que se posan en la cabeza de la estatua de Bolívar. En el piso de una de las piletas, los dibujos que delinean el frontis del templo desparecido en un incendio. Las pequeñas esculturas que representan leones en dicho espacio. Los carruajes en miniatura, en especial el jeep y la chiva en pequeña carrocería, para que se transporten los niños. Las bancas coloridas de madera. Los viejos troncos de árbol y los arbustos jóvenes. Entre ellos un ejemplar de árbol de molinillo o copachí, que una asociación ambientalista sembró hace algunos años. El paso por el centro semiarqueado que une a las dos piletas, y que algunos interpretan como la representación del puente de Boyacá. Los puestos de comida y de bebidas, así como las nuevas casetas para el expendio de los cafés especiales.
En el propio marco urbano del parque, las casas se han engalanado de colores. Resaltan todas por su belleza, algunas por su antigüedad histórica y una última por su novedosa construcción esquinera, en el remate de la cuadra occidental. Esta última fue levantada en tres pisos, para servir como centro artesanal, en remembranza de la técnica constructiva del bahareque.
Sobre este último aspecto arquitectónico (el bahareque) varias casas del marco del parque conservan los detalles que se remontan a más de un siglo de tradición. Vale la pena mencionarlos, como que ha sido posible recuperar la información sobre ellos, desde el actuar investigativo que ha desplegado la Fundación Guaicamarintia:

Las baldosas del antiguo bar de Arcadio y del billar aledaño. Las aldabas de las puertas de la cafetería Selecta. El ambiente tradicional del café y el pintadito en los billares del bar Champion.
La esquina histórica de Circasia( calle 7 y carrera 15), donde la placa conmemorativa de la fundación, que recuerda los nombres de los pioneros fundadores, se empotra en la pared de la casa más representativa. Pues esa casona es de connotación especial, por dos factores:
– El histórico: en su balcón curvo y esquinero, el caudillo Jorge Eliécer Gaitán pronunció uno de sus discursos.
– Y el más destacado actualmente, el del sentido que tiene en cuenta la restauración de bienes patrimoniales: la casa es objeto de refacción y restauración, debidamente direccionada por su propietario. Entre otras cosas, para conservar los pequeños detalles ornamentales, respetar la arquitectura de la colonización y recuperar, en una de sus puertas, la pintura escondida del artista menos recordado y valorado en Circasia, Cipriano Echeverry.
La observación continúa con las otras esquinas y con el resto de evidencias arquitectónicas. Se destaca el balcón atípico en la casa de la carrera 14 con calle 7, pues su delicada ornamentación se acopla con los detalles del interior, donde los cielorrasos poseen bellos diseños y colores. El componente cultural y de las artes se expresa a través de la gestión de un cultor, pues en la mitad de esta cuadra occidental opera uno de los organismos más queridos, “Cine gratis con Crispetas”, pues en su pequeño tablado se desarrollan grandes acciones en el cultivo teatral.
A pesar del avance de un turismo masivo y depredador, que incide en la destrucción del patrimonio arquitectónico del bahareque, otras cuatro casas conservan su esencia en el marco del parque. La vivienda contigua a la renovada alcaldía municipal. La esquinera de la calle 5 con carrera 14 Las dos sobrevivientes de la carrera 15 entre calles 5 y 6.
Sin embargo, y para que un recorrido patrimonial arquitectónico de los valores de la colonización multirregional se destaque, la existencia de una de las tres cuadras de bahareque más conservadas del Quindío, debe enorgullecer a los circasianos. Se trata de la calle 5 entre carreras 14 y 15. De esquina a esquina, se recuerda el incendio del templo Nuestra Señora de las Mercedes, soberbia construcción religiosa de maderas finas, forrada en lámina de cinc importada. Y la casa de dos pisos de la otra esquina de la cuadra, la de balcón curvo. Une a estas casas, por su cumbrera o zarzo, el sentido de la vida comunitaria. Si bien todas las casas son independientes ahora, el continuo de su techo de tejas de barro nos invita a ponderar el espíritu de unión comunitaria de la época de los viejos constructores de las casas.
Historia, arquitectura tradicional, convivencia ciudadana, disfrute de un sitio de encuentro y tradición. Valores éstos que hacen del parque principal de Circasia todo un tesoro patrimonial.

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