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Ilustre pintor colombiano, intelectual de valía, nacido en Circasia el 26 de octubre de 1926 y fallecido en Armenia el 18 de septiembre de 1998, sus padres Alejandro Valencia Vallejo, oriundo de Salento, funcionario público y María Jesús Mejía Rivera, nacida en Santa Rosa de Cabal, en dicho hogar cinco hijos: Fabiola, Mario, Antonio, Rodrigo y Camila.

Cursó sus estudios básicos en el afamado colegio de los Echeverris, Lázaro y Julio, y culminó su bachillerato en su ciudad natal.

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Su antiguo profesor Julio Echeverri logró que fuera becado por el Concejo Municipal de Circasia para estudiar pintura en la Escuela de Bellas Artes de la benemérita Universidad Nacional de Colombia, en 1940, donde fue profesor de pintura y fundador de la revista Plástica. Viajó a la Guajira en 1950, para empezar a recoger experiencias visuales.

Contrajo matrimonio con la destacada pintora, grabadora y muralista Lucy Tejada Sáenz, nacida en Pereira el 9 de octubre de 1920 y fallecida en la sultana del Valle el 2 de noviembre de 2011, una de las grandes exponentes femeninas de América Latina, en dicha unión dos hijos: Alejandro, escultor y Claudia, pintora.

Becado para Europa

Auspiciado por un concurso de la Federación Nacional de Cafeteros, en el Salón Nacional de Arte Moderno de Bogotá, Antonio se ganó una beca y su señora Lucy Tejada media beca, para estudiar en la reputada academia San Fernando de Madrid- España- 1952. Con esta exquisita formación y el enorme talento de artista comenzó su brillante periplo en el viejo mundo, que duró alrededor de treinta años.

En su extensa y hermosa producción artística y su participación en eventos culturales, es necesario destacar: Primer premio en la bienal Hispano- Americana en Barcelona 1955, exposición Picasso y el arte contemporáneo de Ginebra, 1956, primera exposición personal en el Ateneo de Madrid, 1957, premio en la tercera Bienal de Alejandría, con sus inicios en arte abstracto, 1959, en 1961 es invitado a la VI Bienal de Sao Paulo, premiado, en lo sucesivo tres de sus cuadros reposan en este museo.

Rumbo Alemania

En 1963 se traslada a Francfort con el fin de especializarse en la técnica antigua y moderna del vitral, con esa formación en dicha ciudad obtiene un premio con la realización de un vitral moderno en una de las iglesias. En 1965 es invitado a la exposición internacional del vitral en Lyon-Francia-.

Período de los grandes murales

En 1968 inicia la elaboración de los murales, en la ciudad alemana de Múnich con mármoles italianos. En la ciudad de Brescia, en Italia lugar habitual de residencia del artista, realiza un relieve de grandes dimensiones en una tumba familiar.

En 1970 hizo la restauración de la capilla propiedad de la familia del Papa Pio XII en Brescia, paneles de mosaico que cubren toda la capilla, una obra que logra culminar en 1972. 

  Regreso a la tierra

Invitado por el gobierno de Colombia, se traslada en 1974 al Departamento del Huila, ciudad de Pitalito, merced al apoyo del gobernador, senador y alcalde Héctor Polanía Sánchez, allí gracias a este auspicio, realiza un gran mural en piedra y mármol en el Palacio de la Gobernación. Según la crítica en esa superficie aparecen los detalles del panorama cultural del Huila, el sanjuanero, la gastronomía y el turismo. En 1975 culmina el mural. En dicha región sentó fama de buen contertulio por sus saberes e inteligencia, sus amplios conocimientos de literatura y poesía.

En 1976 en su tierra natal invitado por las autoridades eclesiásticas hizo el gran relieve en cemento de la catedral de Armenia, para afianzar el muralismo en el período de su obra clásica. Regresa a Italia y trabaja y expone en varias ciudades italianas, hasta 1980.

El distinguido exgobernador del Quindío y senador de la República, Rodrigo Gómez Jaramillo, antiguo compañero de aulas escolares del pintor y muralista, lo invito en 1985 a que hiciera una gran obra en Armenia.

La epopeya del Quindío

En Armenia la obra máxima del maestro, amplio mural en primer piso de la gobernación, la más bella y espectacular perspectiva del Quindío con amplia visión histórica: comienza con lo prehispánico, la relación con España, la colonización, el carro y el tren. Concluye enseguida en el majestuoso mural con los personajes de la realidad social, literaria de la región. En la parte superior se refleja el ambiente inicial de la región y el maestro incluyó personajes emblemáticos y familiares, personajes típicos y desde luego símbolos raizales de amplio contenido social e histórico. Es una obra maravillosa que el maestro Valencia pintó entre 1985 y 1986 y que permanece majestuosa para la delectación de propios y extraños.

El mural resultó afectado por el terremoto de 1999, restaurado en 2003, pero sus principales arreglos en la gobernación de Carlos Eduardo Osorio, cuando se denominó el primer piso donde está el mural, Sala Antonio Valencia Mejía, que además es utilizada para exposiciones y lectura social.

Mural del parque del café

En 1994 es invitado a realizar la gesta de la caficultura en el estupendo Parque Nacional de la Cultura Cafetera, en un mural apasionante que muestra la gesta del café, los detalles de la fauna, las faenas de los cogedores y las diferentes actividades del grano, el símbolo esencial del café en la vida económica y social de la región. Una obra singular.

La Casa de la Cultura de Circasia, que lleva su nombre, alberga para siempre, óleos y obras del maestro, el boceto de la epopeya y otros recuerdos, muchas pinturas entregadas por su hijo Alejandro como homenaje a la tierra natal del maestro.

Rafael Casariego, crítico y conocedor del arte español, en la presentación de una exposición en Madrid expresó: “ (…) En su obra no cabe la mimesis de la naturaleza, ni de la figura humana, ni de los animales, ni de los objetos, trata el dibujo y el color con plena libertad certeramente administrada, al tiempo que no escamotea los valores pictóricos(…) supo escoger y beber en muy buenas fuentes, pero supo también incorporar, digerir y asimilar lo mejor que vio para dejar a su vez un mundo propio fácilmente reconocible y lleno de acentos personales(…)”.

Su destacada esposa la pintora Lucy Tejada lo describió como un hombre alto, buen mozo, con gran parecido a Manolete, gran retratista: él captaba con total nitidez, muy rápidamente tanto el carácter como la mirada de la gente.

Antonio Valencia fue un artista inconmensurable, sencillo y bonachón que nunca perdió las costumbres sencillas de su tierra que amó. Brillante, amplio conocedor de libros y poemas, lector de vastas lecturas, se formó como muralista, vitralista y pintor de excepcionales condiciones, brilló en Europa, pero contrario a los pintores de París y el propio caso de Botero, no fue experto en publicitar y comercializar su estupenda producción pictórica, que en todo caso como hemos dicho, se encuentra exhibida en los mejores museos de Europa, y en su propio país.

Con la oportuna colaboración del ilustre dirigente cívico y cultural Luis Fernando Ramírez Echeverri, la sobrina del maestro, Yolanda Londoño Valencia y el diligente amigo Jairo Arcila funcionario de la oficina de cultura, he podido presentar a mis lectores y a las nuevas generaciones, la vida y obra de un eximio ciudadano de la región, que supo brillar con luz propia en los más rutilantes escenarios del arte mundial.

Un pintor exquisito, sencillo, valioso y talentoso, cuya obra enaltece su inmenso bagaje intelectual y su trazo y dedicación, un ejercicio existencial que sobresalió en los salones más prestigiosos del arte y la cultura. Valioso embajador de la región en otras latitudes, su vida y obra enaltece el nombre del Quindío y a su apreciada familia, una obra imperecedera. Gratitud maestro.


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