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En los Andes de Quindío se encuentran cuatro especies de palmas de cera.

Las palmas de cera constituyen una de las maravillas botánicas del mundo. Fueron dadas a conocer al mundo científico en 1807 por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland en su libro “Plantas equinocciales”, a raíz del viaje que los dos científicos realizaron por los Andes de Quindío, a principios del siglo XIX, exactamente en octubre de 1801.

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Las palabras de Humboldt, en carta al naturalista Bertold Seeman, en 1855, describen la asociación ecológica de estas palmas al bosque, asociación que hoy es prácticamente inexistente, debido a la depredación ecológica sufrida en la región: “Hallé este árbol en el Paso del Quindío entre Ibagué y Cartago [antiguo Pereira]… en compañía de árboles de Podocarpus [pino romerón] y Quercus granatensis [roble]”.

 

El género Ceroxylon, propuesto por Aimé Bonpland en 1804, abarca en la actualidad 13 especies, distribuidas exclusivamente en los Andes de Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia, y de ellas 7 ocurren en nuestras cordilleras y en la Sierra Nevada de Santa Marta.

 

La palabra Ceroxylon proviene de dos nombres griegos κηρός, kèròs, que es ‘cera’ y ξύλον, xylon, que significa ‘madera’. Humboldt decía que “los habitantes de los Andes de Quindiú (sic) fabricaban cirios con la capa espesa de cera que envuelve el tronco de una palmera [Ceroxylon andicola, que hemos divulgado en las plantas equinocciales, t.I p.9, lam. I y II]”. Efectivamente los antiguos pobladores raspaban la cera del tronco de la palma, la derretían y la mezclaban con grasas animales, con cera vegetal o con cera de abejas. Sin embargo, en el escrito titulado “Sobre la cera de palma de los Andes de Quindío”, el naturalista Jean Baptiste Baussignault concluyó, luego de varios experimentos, que “la cera de palma es una especie de resina, y por tanto es impropiamente que se le da el nombre de cera; nos referimos a la que produce el Ceroylon andicola”. Santiago Díaz lo confirmó: “el análisis químico de la cera hecho en París por Baussignault dio 2/3 de resina por 1/3 de cera”.

 

En los Andes de Quindío se encuentran cuatro especies de palmas de cera: Ceroxylon quinduense, Ceroxylon vogelianum, Ceroxylon parvifrons y Ceroxylon alpinum. El nombre original propuesto por Humboldt y Bonpland para la palma de cera fue Ceroxylon andicola, y la especie que describieron corresponde a la C. alpinum, que es la predominante en el Valle de Cocora, con más de 2.500 ejemplares. Para la palma de cera del Quindío el naturalista alemán Gustav Karl Wilhelm Hermann Karsten propuso en 1859 el nombre de Klopstockia quindiuensis y fue el botánico también alemán Hermann Wendland quien la reclasificó un año después como Ceroxylon quindiuense. Su población en el departamento del Tolima, alcanza los 400.000 ejemplares.

 

El botánico Armando Dugand, como director del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, fue quien propuso en 1949 que la especie Ceroxylon quinduense fuera el Árbol nacional de Colombia ante el Comité Organizador del III Congreso Suramericano de Botánica, que finalmente no se realizó. Dijo entonces: “La especie… es probablemente la más hermosa del género y es además la palmera más elevada del mundo. Es también elemento muy destacado y característico del paisaje andino colombiano…”. Fue adoptada oficialmente como Árbol Nacional por la ley 61 de 1985, que dispuso además una serie de normas para protegerla, con base en la propuesta presentada por el entonces Representante a la Cámara por Risaralda, Carlos Arturo López.

 

Durante la llamada colonización antioqueña, la palma fue utilizada para alimentar con sus chontas a las piaras de cerdos que traían desde Antioquia. Algunos ejemplares adultos de la región de Toche pueden tener entre 180 y 250 años (Bernal, verb). En Cocora solo se conservan algunos adultos viejos y muy pocos juveniles.

 

Todas las palmas de cera colombianas están en alguna categoría de amenaza. Es urgente, en consecuencia, poner en ejecución el “Plan de conservación, manejo y uso sostenible de la palma de cera del Quindío”, propuesto por Bernal, Galeano y Sanín, y hacer una labor sistemática y permanente de reproducción y reintroducción de ejemplares de ésta y de todas las demás especies del género.


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