Román María Valencia, uno de los fundadores de Calarcá, no solo fue testigo sino protagonista de uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de la historia de Colombia: el Tesoro Quimbaya. Su detallada descripción de las piezas de oro y cerámica encontradas en 1890, publicada en la prensa nacional, constituye el primer relato documentado de este descubrimiento.
En la historia de Calarcá, departamento del Quindío, aparecen los nombres de Segundo Henao, Jesús María Buitrago y Román María Valencia, entre otros colonos que, en 1886, suscribieron el acta de fundación del municipio o aparecen en los primeros documentos del entonces naciente corregimiento de Salento.
De los tres mencionados fue Román María Valencia el primer personaje que descibe las piezas de orfebrería del Tesoro Quimbaya. Este es el nombre que se le atribuyó al fabuloso hallazgo de 1890, cuando varios guaqueros encontraron cerámica y oro en dos tumbas prehispánicas, en un sector llamado el plan de La Soledad, que para ese entonces correspondía a la jurisdicción de Filandia y que hoy es topográficamente el municipio de Quimbaya.
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Don Román María Valencia era oriundo de Sonsón, hijo de Marcelino Valencia y Purificación Álvarez. Había llegado junto con otros migrantes a tierras de colonización y se estableció como comerciante en Villamaría, para luego radicarse en Pereira dónde fue conocido como coleccionista de mariposas y de piezas arqueológicas. Se cuenta también que se desempeñaba en labores de medicina y que cuando llegó al Quindío se unió con don Segundo Henao al proceso de fundación.Se dice también que se ocupó en tareas de agrimensor, pues participó en el trazado de las calles.

La mención como coleccionista de objetos históricos aparece en un trabajo de investigación de la historiadora Carmen Cecilia Muñoz Burbano, titulado “El Tesoro de los Quimbayas: estudio historiográfico y documental”, que fue a la postre el primer proyecto donde aparecen datos histórios sobre el fabuloso hallazgo, su compra por parte del Estado colombiano y su posterior obsequio a la reina de España.Se llevó a cabo ese proyecto de investigación gracias a la convocatoria que había hecho el Ministerio de Cultura en 2001.
En la página 20 de su informe final, del 28 de noviembre de 2003,Muñoz Burbano menciona por primera vez al fundador de Calarcá:
“Román María Valencia también estuvo muy ligado a la guaquería y el coleccionismo en la Colombia de finales del siglo XIX. Tal parece que comenzó a escribir un libro que recopilaba sus experiencias y conocimientos sobre la guaquería y la valiosa colección que poseía; sin embargo la muerte le impidió terminar dicho trabajo.Sería interesante averiguar qué pasó con aquellas notas, que aunque no estén concluidas podrían dar muchas luces en las investigaciones que se están llevando a cabo con relación a estos temas”.
Más adelante, en la página 34, la historiadora caleña se basa en lo escrito por otro cronista, Eduardo Isaza y Arango quien, en su libro “Calarcá en la mano”( Tipografía Renovación, Calarcá, 1930), anota lo siguiente sobre don Román María Valencia:
“… Junto a Segundo Henao y Ramón María Franco, realizaron exploraciones por el valle del río La Vieja en busca de minas de oro,fuentes saladas y guacas. Amigo de don Segundo,lo visitaba con frecuencia en su finca Versalles, en busca de mariposas, coleópteros y aves de hermosos plumajes, todo lo cual preparaba y empacaba en forma de exportar sin peligro de dañarse… Además venía don Román María con el ánimo de buscar minas de oro a lo cual era aficionado, y ya tenía el conocimiento de que en la región abundaban éstas y las guacas”.
Las noticias sobre el hallazgo del Tesoro Quimbaya empiezan a aparecer el 11 de noviembre de 1890, con una información que publica EL CORREO NACIONAL, un periódico de Bogotá, cuyo director era Carlos Martínez Silva, personaje que más adelante formaría parte de la Comisión integrada por el gobierno colombiano para organizar las exposiciones de las piezas del Tesoro Quimbaya en Madrid y en Chicago.Luego vendría otra publicación, del 15 de noviembre de 1890, en el periódico EL TELEGRAMA, también de Bogotá.Después,una nueva información en EL CORREO NACIONAL, del 17 de noviembre mostraría cómo fue de importante esa difusión en una época en que las comunicaciones eran tan precarias. Pues en menos de una semana se conocerían tres comunicados sobre el importante acontecimiento.Se presume, por la profusión de las noticias, que dicho hallazgo se había realizado a finales del mes de octubre o principios de noviembre.
Pero es nuevamente en EL CORREO NACIONAL, del jueves 20 de noviembre de 1890, cuando aparece la primera reseña detallada sobre el Tesoro Quimbaya, gracias a un extenso artículo enviado por don Román María Valencia desde Calarcá, a ese periódico de la capital de la república.La historiadora Muñoz Burbano lo incluye en su informe investigativo, en la página 222, anotando que la importancia del mismo “radica en que es la primera relación que tenemos de las piezas del Tesoro”.
Por su importancia histórica,me permito transcribir el artículo en mención:
NOTICIAS DEPARTAMENTALES – ANTIOQUIA – MARAVILLAS DEL ARTE DE LOS ABORÍGENES DEL VALLE DEL RÍO DE LA VIEJA.
“Señor Director. Los que leen la historia de la conquista de México y el Perú, ven siempre con asombro las maravillas de arte de aquellos inteligentes aborígenes, descritas por los historiadores, y las grandes cantidades de oro extraído de allí por Los conquistadores.
“No sería menos interesante para nuestra historia lo que se pudiera escribir de los aborígenes que poblaron el Valle del Río La Vieja.
“Hace 4 años que anuncié en La Voz de Antioquia,y en una hoja suelta titulada “Calarca”, la fundación de una nueva población que lleva ese nombre;así como el descubrimiento de las guacas y demás riquezas que contiene este hermoso valle.
Desde esa época he venido observando que no pasan cuatro ó seis meses sin que se hagan nuevos descubrimientos de guacas, de donde sacan el oro en grandes cantidades, y objetos de arte de belleza incomparable;pero lo que hoy causa estupor es que en estos días, en el mismo valle y cerca de la población de Finlandia, han descubierto dos pueblos (como dicen los guaqueros) donde, por el oro que he visto y los informes más fidedignos que he adquirido, pasa de ocho arrobas el oro que han sacado de allí.
“No es la cantidad de oro lo que más llama la atención:es el arte con que está fabricado. El obraje pequeño de joyería está representando figuras alegóricas y animales de toda especie:mariposas, aves, lagartos,sapos, peces, caracoles, etc.;lo demás está en forma de ídolos de oro macizo con insignias y alegorías, como bastones de oro, que representan en sus mangos águilas coronadas y otras aves igualmente con corona; vasijas de oro de servicio doméstico, instrumentos musicales, algunos en forma de corneta,cuyo tañido se oye a larga distancia; en fin, tanta variedad de formas y tamaños,que sería largo enumerar.
“Algunas piezas de oro fino han pesado trescientos castellanos cada una, doscientos,ciento cincuenta,etc.

“Me llamó la atención con especialidad un bastón de oro, cuyo mango representa un grupo primorosamente labrado y que revela una idea completa:sobre el corte del puño descansan dos monos, uno de ellos tiene á sus espaldas un monito: una águila muy bien figurada tiene entre sus garras el monito, los dos monos, con el extremo de sus colas,tienen enlazadas las patas del águila.
“Le remito el dibujo de un ídolo de oro macizo que me llamó la atención por su extraña figura: corona de forma caprichosa, cara irregular, dos alas, un peto de relieve, piernas macizas y sobre ellas una vasija, y en cada mano un cetro. No tenía yo conocimiento de que los indígenas tuvieran ídolos alados en forma de ángeles.
“En cuanto á la cerámica, se necesitan conocimientos especiales para poder hacer una descripción completa de tanta variedad de formas, tamaños, figuras y dibujos en las vasijas; hay figuras con agujeros por donde sólo basta la emisión del aliento para sonar y poderse remedar el canto de algunas aves; se hallan planchitas con dibujos y jeroglíficos grabados y con su mango en forma de sello, las cuales imprimen perfectamente bien; también se encuentran cilindros grabados alrededor.
“Se cree que eran manufactureros de telas, porque en las patenas de cobre sale la tela adherida al óxido y se distinguen bien los hilos y tejidos de forma finísima: esto lo comprueba mejor el gran número de husos ó ruedas de hilar que se sacan de las guacas.
“Llaman la atención las piedras labradas con primor,unas en forma de moler, otras en forma de almirez y de crisol; también las hay pequeñas en forma de cuentas de rosario.Todo esto merece estudio especial.
“Parece, por lo que se ve, que estas tribus serían de las más ricas y adelantadas en la industria; y digo por lo que se ve, porque no tengo conocimiento de que alguno de los conquistadores hubiera penetrado en las altas regiones de este valle, y hubiera visto el menaje de las habitaciones de los Pijaos, para calificar su riqueza y su industria; por la misma razón creo que pudieron conservar su oro hasta dejarlo sepultado.
“En las faldas de la cordillera central existen las minas donde los indígenas extrajeron este oro.
“Todas estas cosas, que debieran conservarse en nuestro Museo Nacional, se pierden indistintamente.
“Yo estoy formando una colección hasta donde me sea posible conseguirla.

Calarcá, corregimiento en el distrito de Salento, á 10 de noviembre de 1890. ROMÁN MARÍA VALENCIA.
La magnífica descripción de las piezas del Tesoro Quimbaya (la primera, bien detallada),en la pluma de uno de los fundadores de Calarcá, muestra el interés de un simple ciudadano por el tema arqueológico. Pero es necesario hacer algunas precisiones a partir de dichas líneas:
– La mención que alude a la profusión de los “nuevos descubrimientos de guacas” denota el intenso saqueo que se desarrollaba en esa época, cuando también se estaba fundando el poblado de Montenegro.
– La descripción de un “bastón de oro con dos monos y una águila”, así como la de “un ídolo de oro macizo con dos alas, un peto de relieve y piernas macizas” corresponde a dos figuras que probablemente pertenecían al hallazgo del Tesoro Quimbaya, que había comprado don Román María y que luego vendió a otro coleccionista.No entraron a ser parte de la colección de piezas entregadas como obsequio a la reina de España, pues correspondían probablemente a un lote que habían adquirido Vicente y Ernesto Restrepo. Parece que estos dos señores, padre e hijo – quienes hacían parte del equipo del Gobierno nacional para la posterior Exposición Histórico Americana de Madrid en 1892 – las habían comprado a intermediarios, junto con otras piezas de oro y cerámica.Se supo posteriormente que ellas hicieron parte de la transacción que don Ernesto Restrepo hiciera con el Field Museum de Chicago, donde ahora ellas reposan.
– En cuanto a la cerámica descrita por Don Román María, es dable determinar que corresponden a alcarrazas o vasos silbantes, a rodillos o sellos para estampar y a volantes de huso, piezas éstas que se empleaban para el hilado del algodón.
El artículo de don Román María Valencia fue también reproducido,en el año 2016, por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España y el Museo de América,cuando se publicó un voluminoso libro llamado “El Tesoro Quimbaya”, bajo la edición científica de Alicia Perea, Ana Verde Casanova y Andrés Gutiérrez Usillos.
En esta publicación,refiriéndose a las dos piezas de orfebrería descritas por Valencia, y que ahora están exhibidas en el Field Museum de Chicago, se consigna lo siguiente a manera de acotación y varias preguntas:
“…La colección de orfebrería de Vicente Restrepo fue la segunda en importancia en la Exposición Histórica Americana de 1892, después de la del Gobierno…”
“… Vicente Restrepo describe los principales objetos de su colección, pertenecientes al hallazgo de La Soledad y comprados a Tomás Henao, manifestando que esta colección estaba integrada por más de 75 piezas menores…”
“…En esta colección se encuentran también las dos primeras piezas descritas por Román María Valencia, un palillo para la cal y un colgante estilo Darién.Pero,por qué Restrepo no hace referencia a que forman parte de su colección? Por qué no les asigna la procedencia de Filandia? Por qué no se refiere a ellas como formando también parte del conjunto del hallazgo? Sin duda porque estas piezas formaban parte de las que Román María Valencia había adquirido del lote que se quedó en Filandia,aunque es probable que alguna también fuera adquirida en Manizales y que ofertó en primer lugar al Museo Nacional. Posteriormente Restrepo las adquirió a este coleccionista a través de Valeriano Marulanda, y de ahí su interés en no desvelar la procedencia de estas piezas cuyo destino primero había sido el museo, con la finalidad posiblemente de evitarse posibles problemas con el mismo o con el Gobierno”.
La publicación de noticias sobre el Tesoro Quimbaya continuó con profusión, después de la aparición de la noticia del artículo de don Román María Valencia:

El mismo 20 de noviembre de 1890,en EL RELATOR, un periódico fundado en 1877,se publicó un artículo titulado “ANTIGÜEDADES INDÍGENAS”.
El 21 de noviembre, en la revista bogotana LA CAPITAL,número 14,se publicó un artículo que titulaba “GRAN TESORO”.
En la Revista Comercial e Industrial, del 25 de noviembre de 1890, aparece un singular titular que dice lo siguiente:
“GUACAS. Me escriben de Pereira,con fecha 12 del presente: “Los guaqueros en Filandia están de fiesta…”
Y fue el 6 de diciembre de 1890 cuando EL CORREO NACIONAL publicó la segunda más detallada relación de las piezas del Tesoro Quimbaya, artículo respaldado por las iniciales G.R.R.
El extenso escrito pudo corresponder a Don Gonzalo Ramos Ruiz, otro de los más grandes coleccionistas de objetos arqueológicos del siglo XIX. En la publicación presenta la descripción de las piezas de orfebrería,dividiéndola en grupos.El grupo 1 es el de las “seis preciosas figuras humanas de distinto y gran tamaño”. Y los grupos 10 11 y 12 corresponden a los “collares de moscas, pulseras, cintillos, etc.
En 1891, cuando las piezas del Tesoro Quimbaya ya estaban en Bogotá, un italiano llamado Carlo Vedovelli Breguzo publicó el primer catálogo de venta, bajo un nombre curioso, la “Colección Finlandia”.
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