Las consecuencias se evidencian a largo plazo con la posibilidad de contraer desnutrición crónica.
En el periodo comprendido entre enero y abril de 2023 se han registrado 50 casos de desnutrición aguda en menores de 5 años en el departamento del Quindío, de acuerdo a los datos entregados por la secretaría de Salud departamental.
Durante estos 4 meses, Armenia es el mayor exponente de esta problemática con 29 casos; seguida por los municipios de Calarcá y Quimbaya 5; Génova con 4; Montenegro con 3 y Salento y La Tebaida registraron 2 casos de desnutrición infantil aguda. De acuerdo con el informe, de los 50 afectados 21 son niñas y 29 niños.
La desnutrición aguda
La nutricionista Diana María Pineda Ruíz, líder de Inversión social y generación de conocimiento de la fundación Éxito, afirmó que lo primero que pasa con este tipo de desnutrición es que afecta el peso, el menor se empieza a ver mucho más delgado y técnicamente agotados, evidenciándolo principalmente en sus brazos, en los niños más pequeños, este signo se ve mucho a este nivel. En la desnutrición aguda, el niño empieza a perder peso de manera acelerada, presentando mayor riesgo en los menores de 1 año, como consecuencia de una mala alimentación, reflejada en una pobre lactancia materna, siendo esta una gran aliada de la desnutrición aguda”.
En ese sentido desde la secretaría de Salud departamental se agrega que para definir un caso de desnutrición se tiene en cuenta las variables de peso para la talla y cuando se activa ruta de atención integral para la desnutrición aguda moderada o severa, se determinan los diferentes signos asociados a la desnutrición. “Esto ocurre en las diferentes instituciones prestadoras de servicios de salud IPS. Por lo anterior, en esta instancia no tenemos la competencia para definir los signos que presentaron los niños y niñas de los casos reportados”.

Cabe señalar, además, que la desnutrición es un evento multicausal que compromete diferentes factores sociales como conducta alimentaria, pobreza, falta de recursos alimenticios óptimos y saneamiento básico.
“Otra de las causas de este tipo de desnutrición es cuando los niños empiezan a tener enfermedades recurrentes o prevalencias de la infancia como las respiratorias o diarreicas, muchas de las cuales se convierten en un círculo vicioso, porque la enfermedad per se presentan menor peso, menos defensas, siendo más proclives a que los virus y otras enfermedades. Así mismo, converge un factor importante y es el saneamiento básico, ya que este debe sumar valor a la lactancia como primer alimento -vacuna contra la desnutrición-, pues la alimentación de esta leche materna no tiene que estar suministrada bajo recipientes que necesiten manipulación o saneamiento”, agregó Pineda Ruíz.
De desnutrición aguda a desnutrición crónica
Según la experta, la probabilidad de que una desnutrición aguda se convierta en grave es alta y representa un problema estructural no solo para el entorno del menor, sino también para todo su desarrollo como un ser humano.
“Lo primero que pasa en un proceso de desnutrición es que se afecta el peso, de ahí los niños puedan tener un acompañamiento de la familia, de profesionales de la salud, de lactancia materna exclusiva ya que, con una alimentación adecuada, logran salir victoriosamente, pero los que no, empiezan a hacer “un acomode” de lo nuevo que tienen, haciendo ahorros con su propio organismo”.
Explicó, además, que la desnutrición crónica no solo altera el desarrollo cognitivo y físico de los menores en las primeras etapas de vida, sino que también, la falta de comida conlleva, no solo a una baja talla frente a lo esperado para la edad, sino que deja secuelas en el coeficiente intelectual y el desarrollo integral en todas las siguientes etapas de la vida.
Inseguridad alimentaria y pobreza
Según el Dane, en el Quindío en el 2022, 70 de cada 100 nacidos cuentan con una mamá cuyo estudio máximo es bachiller, limitando las condiciones de los menores, naciendo en un entorno cuyas necesidades y bases de crianza se convierten en aliadas de enfermedades como la desnutrición aguda y desnutrición crónica, afectando no solo su desarrollo social, sino que ligando a ello la falta de potencial cognitivo.
“Se necesitan políticas públicas que protejan a la primera infancia y permitan erradicar la desnutrición, para que la formación de los cerebros quede bien cableada desde el inicio de la vida, pues el cerebro humano tiene una formación del 85 % de lo que va a ser el total de su desarrollo neuronal a los 2 años de vida, y a los 5 años, ya se ha formado el 90 % de lo que se tiene en requerimientos de vida humana en condiciones neuronales”, concluyó Pineda Ruíz.
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