Los vientos de temporada han contribuido a incrementar el interés en volar cometa.
Llegó el mes de agosto y los fuertes vientos no demoraron en manifestarse, el sol con su calidez también apareció reluciente para crear el ambiente perfecto de tarde de cometas, una tradición que llegó al país hace 40 años.
Daniela Araque Triviño, madre de 2 niñas pequeñas, espera cada año con ansias la época de agosto para compartir con familiares y amigos el clima que ofrece la temporada. “Yo cuando era pequeña salía con mi papá a zonas verdes y grandes para poder volar cometa, él me enseñó todo lo que uno tiene que hacer para que la cometa vuele con éxito”.
La familia salía cada año a conseguir ese pájaro de papel para luego volarlo en cada oportunidad que tuviera, pues debían estudiar y su padre trabajar, así que en las tardes libres que presentaban fuertes vientos aprovechaban y salían a realizar la actividad.
“Recuerdo con mucho cariño esos momentos que compartí, por eso quiero que mis hijas puedan disfrutar lo que yo disfruté” dijo la ciudadana.
Los niños esperan agosto
La hija de Daniela, Michel Chica, de 8 años de edad, dice que agosto es uno de los meses más esperados por ella y sus amigas, ya que puede jugar y divertirse al aire libre. “A mí me gustan mucho los meses de diciembre, octubre y agosto porque son diferentes al resto del año”.
Además, le agrada poder estar con su hermana para enseñarle el proceso de hacer volar una cometa, pues tiene solo 3 años de edad y ya muestra que disfruta el poder verla desplegada en el aire.
Una de las partes más entretenidas para las niñas es poder mirar al cielo y admirar las aves y diferentes figuras de colores, es un espectáculo que llama la atención por la gran altura que pueden llegar a alcanzar
Vender cometas, una tradición de años
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Desde hace 18 años la tebaidense Janeth Correa lleva entretenimiento a las familias quindianas mediante la venta de cometas, un negocio que le permite obtener el sustento de su hogar y contribuir a que la costumbre se mantenga, a pesar del paso del tiempo.
Las ventas del producto han sido suficientes para no abandonar el negocio; sin embargo, desde la pandemia disminuyeron considerablemente y no han logrado recuperarse. “Desde que llegó la pandemia las ventas han estado malas”.
La comerciante expresó que construir cometas artesanales es una actividad que le da satisfacción, pues la realiza desde hace varios años y no pierde la práctica. “Yo las elevo y la gente las busca, yo soy la que las hace aquí en La Tebaida”.
Según doña Janeth, para construir una cometa se necesita de tiempo, dedicación, amor y paciencia. Llevando a cabo dichos pasos las personas continúan comprando sus cometas artesanales, a pesar de que ya existen cometas elaboradas en un material más resistente y con diferentes diseños, “a mí me buscan en mi casa o me llaman desde Armenia para pedirme las cometas artesanales porque elevan muy bien”.
Y es que, pese a que las cometas importadas de China con caricaturas son cotizadas por ser atractivas para los niños, las preguntan muy poco, debido a que su vuelo no es igual de efectivo al de las cometas elaboradas a mano. “Las de ahora tienen muñequitos muy hermosos, pero vuelan poco, entonces casi no gustan”.
Además, para construir una cometa paga cerca de $15.000 por el plástico y este le rinde para hacer marcos para 4 cometas, de allí con los otros elementos utilizados para completar la estructura el valor total de la construcción por cada cometa es de $5.000. La tebaidense no obtiene mucha ganancia por su trabajo, ya que sus clientes piden descuentos que la llevan a ganar solo $1.000 por cometa. Por su parte, las cometas importadas tienen valores de $20.000, $30.000 o $40.000.
Desde su niñez Marco Antonio Díaz recuerda que trabajó con su padre haciendo cometas y vendiéndolas “hace más o menos 45 años mi papá hacía cometas para que nosotros con mis 16 hermanos vendiéramos en el barrio”.
Los niños Díaz salían a las calles y se dividían para poder ofrecer a una cantidad grande de clientes, pues tenían un talento innato para el comercio y lograban vender todos los productos.
Ellos sabían construir las cometas desde cero gracias a los conocimientos de su padre, “él nos enseñó a pulir los palos, poner el hilo, poner la pita, poner el plástico, cortarlo en punta, ponerle cola y por último la aleta”.
No obstante, con el paso de los años la tradición de vender cometas artesanales tuvo que cambiar, pues las cometas importadas y de fábrica empezaron a ser muy apetecidas en el mercado. “Ahora yo sigo haciendo las cometas, pero solo por encargo, las personas me las piden y las hago como ellas quieren, hay veteranos que vienen y las preguntan entonces yo les ofrezco y las llevan”.
Marco Antonio explicó que este año iniciaron las ventas desde el mes de julio ya que en la ciudad se han sentido fuertes vientos y deben ser aprovechados. Además, parte de los clientes son cientos de niños que buscan la diversión en la tradición de agosto. “Ya tenemos un contrato de 200 cometas con un colegio”.
En su punto de venta ubicado en el ordenador vial Vásquez Cobo, junto a la máquina del ferrocarril en el sector norte de Armenia, Díaz ofrece a su público cometas de diseños de fábrica, pero también artesanales, de palitos, hilo y plástico, con todo lo que necesitan aquellos que desean volar la cometa, elevar la imaginación y sentir la nostalgia.
