En una pequeña escuela rural del Quindío, dos maestras transforman cada jornada académica en una lección de vida. Con abrazos, sonrisas, compromiso, trabajo colaborativo y una metodología que promueve la autonomía, Ruby Villegas y Natalia Restrepo enseñan con el corazón a 32 niños campesinos que sueñan con salir adelante y adquirir nuevos conocimientos en medio de las montañas.
“Ver la inocencia de los niños, su sonrisa en el rostro por venir a la escuela y ser recibida con un enorme abrazo, es lo que más me motiva a enseñar”, estas son las acciones que día a día recuerda Ruby Villegas Giraldo, docente por más de 22 años en escuelas rurales del departamento del Quindío.
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En el marco de la celebración del Día del Maestro que se lleva a cabo cada 15 de mayo, se rinde homenaje y reconocimiento a las labores de enseñanza que ejercen los docentes. Asimismo, es un día que permite reconocer el esfuerzo, compromiso, dedicación y responsabilidad por parte de todos los educadores.
Actualmente, Villegas Giraldo ejerce su labor de enseñanza en una de las cinco sedes que hacen parte de la institución educativa Baudilio Montoya, se trata de la Escuela Potosí, ubicada en la vereda Potosí del municipio de Calarcá.
Allí, junto con su colega Natalia Restrepo Ramírez, guían a 32 niños campesinos de grados preescolar a quinto de primaria. De preescolar a segundo son 13 alumnos y de tercero a quinto 19, teniendo así un total de 32 estudiantes.
Escuela nueva en el campo
Ruby Villegas Giraldo, aseveró que en la institución educativa se trabaja bajo una modalidad que se conoce como “Escuela nueva”, un modelo pedagógico que permite combinar distintos grados en un solo salón, siendo dos docentes quienes se dividen los grados y de esa manera, se encargan de enseñar todas las asignaturas. Esto lo llevan a cabo a través de cartillas o guías que permiten y facilitan el trabajo de una manera personalizada:
“Nosotros manejamos unas guías y también tenemos el gobierno escolar, lo cual permite que se designe a un estudiante como monitor para que transmita las instrucciones brindadas por el profesor al resto de compañeros, además, es quien ayuda a reforzar un tema, aclarando que es un monitor por cada materia. No obstante, el docente está brindando su apoyo en todo momento”.
Del mismo modo, agregó que: “ Una de las ventajas de esta metodología, es que los niños son muy autónomos, lo cual permite que el profesor tenga varios grupos en el mismo salón”.
Igualmente, el rol de los estudiantes como monitores permite que las actividades académicas se realicen de forma ordenada y práctica. En este caso, los grados cuentan con un monitor de disciplina, quien ayuda a controlar el comportamiento y estar pendiente de los estudiantes en caso de que la docente esté realizando otras actividades; monitor de material, que se encarga de alistar el material y las guías que se trabajarán en el día; monitor de aseo, quien vigila que las basuras estén depositadas en el lugar correcto y que el salón no esté sucio, y finalmente, un monitor de asistencia que tiene en cuenta las fallas y participación de cada alumno.

Es de considerar que, cada guía de trabajo trae cuatro unidades, lo que significa que, cada una se divide en los cuatro periodos académicos que tiene el año escolar. “Cada unidad tiene su parte básica, es decir, de presaberes o conceptos, luego está la actividad práctica que es donde el niño hace sus ejercicios y por último la actividad de aplicación en la que se hace un refuerzo”, dijo la docente.
Aunque las docentes tienen claro que se debe manejar todas las asignaturas, se cuenta con un tiempo mínimo para la solución de ejercicios, así como también para el trabajo individual o grupal.
“Yo les tengo un timbre de mi celular para que sepan cuándo termina la materia y podamos continuar con otra. Para que ellos también sepan que se tienen que afanar, que deben hacer las cosas y no deben charlar demasiado. La ventaja es que no se tiene que forzar a ver más de tres materias al día, simplemente se hace lo posible, pero cada día es distinto”, aseguró Natalia Restrepo Ramírez, docente de los grados tercero, cuarto y quinto de la Escuela Potosí.
Retos y recompensas del aula rural
“A mí me ha gustado mucho enseñar en el campo, yo siempre he trabajado en escuela rural y lo hago con mucho amor, por ende, no se me ha dificultado”, aseveró Villegas Giraldo.
Por su parte, Restrepo Ramírez, afirmó que el reto más complejo en el día a día es poder distribuir el tiempo para enseñar todas las asignaturas a tres grados diferentes, donde cada estudiante es único y aprende de una forma distinta:
“El reto más complejo es que tenemos niños muy diversos y tenemos diferentes grados. Sin embargo, manejamos las cartillas que son una gran ayuda y apoyo para transmitirle todos esos conocimientos a los niños, para que ellos se vuelvan un poco más autónomos; sin embargo, se hace un aprendizaje muy personificado, muy de tú a tú, porque cada niño va en un nivel diferente, cada niño aprende a su ritmo”.
Del mismo modo, enfatizó que una de las dificultades, pero que no afecta en gran medida a los estudiantes, es el acceso a Internet, puesto que, al ser una zona rural, la señal se convierte en un factor que imposibilita tener una conexión estable. “Aunque el Internet ayuda a investigar o resolver actividades, desde la escuela lo que hacemos es dejar talleres de repaso en casa sobre temas vistos previamente, sin que el estudiante tenga que indagar por su cuenta; nosotros procuramos dejar las mínimas tareas, pero sí aprovechamos la jornada académica para enseñar lo que más se pueda, porque entendemos las dificultades que ellos pueden tener al vivir lejos de la ciudad”.

Por otro lado, Restrepo Ramírez dijo que a pesar de trabajar con tres grados en un mismo salón, la actitud y ganas de aprender están siempre presentes en los estudiantes: “Todos los días llegan acá con la mejor actitud, aman venir a la escuela y eso ha sido una de las cosas más lindas que me ha parecido. Ellos siempre lo reciben con un abrazo, con una sonrisa, con una fruta o con alguna historia”.
El mensaje y la invitación que extiende Ruby Villegas Giraldo, es a que todos los docentes ejerzan su labor con paciencia, amor, dedicación y sobre todo, disposición. “Los niños del campo te dan amor, son inocentes, les gusta que el profesor les explique y les enseñe, ellos están en un mundo donde no son groseros ni altaneros, entonces esto es lo que el profesor debe valorar de sus estudiantes”, destacó.
Finalmente, Natalia Restrepo Ramírez, concluyó que la enseñanza necesita vocación y entrega para entender que cada alumno es diferente y tiene sus propia manera de aprender: “La enseñanza no es fácil, pero es de mucho amor y de mucha vocación, porque sé que todas las condiciones no son las mismas, además, porque hay sectores llenos de adversidades para llegar a la escuela, pero sin lugar a duda es la profesión más linda que hay. Todos somos unos campeones de la docencia”.

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