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Crece la preocupación de los residentes del departamento al observar que algunos visitantes no siguen los protocolos de bioseguridad para prevenir la Covid-19. 

La Semana Santa para el mundo católico también es una época aprovechada para conocer los paisajes del departamento del Quindío. El comercio local se prepara para recibir visitantes, quienes poco a poco, cumplen con las reservas y comienzan a llenar calles cercanas a las plazas de los diferentes pueblos. 

A diferencia del año inmediatamente anterior, cuando regía el confinamiento total, se estima una llegada considerable de turistas –200.000, según el gobernador- especialmente provenientes del centro del país, para lo cual las autoridades pidieron hacer cumplir los protocolos de bioseguridad. 

Se mantiene el desafío de conjugar el distanciamiento social y la reactivación económica en una misma balanza, donde comerciantes le apuestan a mantener sus ventas con el compromiso de convencer al turista de la importancia de protegerse. 

Desde este sábado comenzaron a llegar los visitantes hasta los distintos municipios, entre ellos Filandia y Salento, localidades que son las preferidas por los viajeros.  

En Filandia, según algunos comerciantes consultados por LA CRÓNICA, han llegado visitantes especialmente nacionales, pues el segmento de extranjeros se ha reducido notablemente a raíz de las restricciones aéreas y sanitarias que persisten en otros países. 

Stefanía Diazgranados Gallo, directora en el Quindío de la Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica, Acodrés, señaló que la expectativa es alta, similar a si se tratara de un fin de año, pero han sido claros en la necesidad de respetar los aforos y medidas sanitarias. 

“Seguiremos manteniendo los protocolos, esto ha sido la clave para la reactivación y queremos continuar recibiendo turistas en el departamento y el llamado es para que sean muy precavidos. Esperamos que esta semana sea de mucho trabajo para nuestro sector y en general para el turismo”, explicó. 

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Persiste desobediencia 

Ingrid Isabel Henríquez Hoyos, vendedora de artesanías en la plaza del municipio, observó desde su puesto la disminución ostensible de turistas especialmente los extranjeros, aunque reconoce que las ventas serán mejores a las alcanzadas en el 2020, año que solo arrojó pérdidas. 

“Definitivamente se observa poco turista, pero el panorama cambia bastante en relación con el año pasado. Consideramos que ahora el cuidado deberá ser un asunto personal y no estar detrás de cada persona para que use el tapabocas o el antibacterial”, dijo. 

Por su parte, Yennifer Arango, comerciante, explicó que al municipio comenzaron a llegar turistas y se espera que aumenten en la medida que pasen los días, pero el miedo radica en el incumplimiento de los protocolos de bioseguridad. 

“A uno le inquieta que las personas se acercan al puesto a tocar la mercancía sin desinfectarse o sin usar el tapabocas. El llamado es a la responsabilidad individual, pues necesitamos trabajar, pero no olvidar que estamos en medio de una pandemia”, indicó.  

Por el contrario, Patricia Gómez Díaz, visitante desde la ciudad de Bogotá, dijo que no quería perder la oportunidad de viajar, pero siguiendo estrictamente los protocolos sanitarios para ella y su familia. 

 “Creo que la vida debe continuar, aunque también debemos ayudar para que el virus no se propague. Por eso, en nuestro caso, además del tapabocas usamos una careta y permanente antibacterial con lavado de manos. Es muy fácil seguir estos pasos, sin negarnos la oportunidad de pasear”, dijo. 

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En Salento 


En Salento, comerciantes de la plaza señalan que, por decisión de la administración local, concentraron a los carritos y artesanías en una misma calle

En el denominado municipio ‘Padre del Quindío’, los turistas no han desaprovechado oportunidad para llegar al pueblo y al Valle de Cocora, uno de los atractivos más visitados. 

Con celular en mano y con su familia a pocos metros de distancia, una mujer trata de tomar una fotografía con la iglesia Nuestra señora del Carmen de fondo. La joven en mención, como varios que transitan el Quindío, lo hacen sin seguir las medidas de bioseguridad. 

 Pese a los llamados y señalética, dispuesta por todos los lugares, algunos insisten en no usar los elementos de bioprotección. Se enojan cuando alguien en el pueblo les pide que lo hagan. 

Viviana Gallego Duque, ubicada en uno de los puestos alrededor de la plaza de Salento, pidió mayor respeto por parte del turista y a la alcaldesa contemplar la posibilidad de limitar los aforos, pues asegura que, durante el puente festivo de San José, las calles colapsaron el número de vehículos. 

“Yo llego aquí con mis medidas, pero es muy triste que el turista llegue y no haga algo tan sencillo como cuidarse. Por fortuna, este año esperamos una recuperación económica, pero necesitamos que también se contemple más orden, tanto a las entradas como en los mismos restaurantes, porque el perjuicio será para todos”, comentó.  
 


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