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La versión 30 del Congreso Nacional de Alcohólicos Anónimos congregó a representantes de todo el país para compartir experiencias de recuperación y renovar el compromiso con quienes aún sufren esta adicción.

El Quindío albergó la versión 30 del Congreso Nacional de Alcohólicos Anónimos, que reunió a centenares de representantes del Eje Cafetero, los Santanderes, el Caribe, el centro de Colombia, el Pacífico y la Orinoquía. Los asistentes compartieron sus experiencias con quienes luchan contra la adicción y con personas del común que buscaban adquirir herramientas para prevenir esta amenaza.

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El evento revalidó la importancia del grupo Alcohólicos Anónimos (AA) en 90 años de existencia, siempre abierto para quienes no encuentran el camino o sienten miedo al fracaso.

“Nos reunimos no por casualidad, sino porque un poder superior —al cual muchos de nosotros llamamos Dios— nos concedió una nueva oportunidad de vivir, servir y compartir este mensaje que un día nos salvó la vida. Cada uno ha recorrido un camino distinto, pero todos hemos pasado por el mismo sufrimiento y la misma necesidad de ayuda. Gracias a un grupo, a una reunión, a una palabra de aliento, comenzamos a descubrir el milagro de la recuperación”, señalaron los coordinadores del evento.

 

Unión, el primer pilar

Los organizadores destacaron que “la unidad nos recordó que no estamos solos, que nos necesitamos unos a otros, que somos parte de una misma familia que solo se mantiene fuerte cuando hay amor, respeto y comprensión. El servicio nos permitió transformar el dolor en gratitud y la gratitud en acción para ayudar a quien todavía sufre”.

“Este Congreso fue la oportunidad sagrada para fortalecer los tres legados que contiene nuestra comunidad. Noventa años, qué regalo tan inmenso: nueve décadas desde que dos seres humanos, buscando una salida, se encontraron y descubrieron que compartir sinceramente su experiencia ayudaba a uno y otro a mantenerse sobrio”, expresaron.

Los asistentes agregaron: “La fortaleza ha sido nuestra compañera, no una de orgullo ni de poder, sino aquella que nace de la fe, de la confianza en un poder superior y del apoyo que nos brindamos unos a otros”.

 

Esperanza, el hilo conductor

“La esperanza es el hilo dorado que une nuestras vidas, la esperanza de un nuevo comienzo, de una vida útil, sobria y feliz. La esperanza que llevamos a cada reunión, a cada grupo, a cada recién llegado que cruza la puerta con miedo, frustración y ansiedad, pero con un deseo sincero de vivir”, puntualizaron.

Los participantes concluyeron: “Que nunca olvidemos que la sobriedad individual depende de la unidad colectiva, que el espíritu de servicio es el corazón de nuestra recuperación. Agradecemos a todos los servidores que hicieron posible este encuentro y a cada compañero que con humildad entrega su tiempo y su corazón para mantener viva la llama de Alcohólicos Anónimos en cada región. Demos gracias a ese poder superior que nos ha permitido llegar hasta aquí y pidámosle que nos guíe para seguir cumpliendo con nuestra misión: llevar el mensaje a quien sufre y mantener viva la esperanza que nos salvó la vida”.

 

Experiencias de vida que inspiran

Varios participantes del Congreso compartieron sus testimonios con La Crónica para alertar a quienes están en riesgo de caer en la adicción y aconsejar a las familias a detectar a tiempo ciertos comportamientos que ayuden a frenar la amenaza.

Juan (nombre ficticio) cayó en el alcoholismo tras una serie de conflictos y falta de oportunidades laborales.

“Pensaba que consumir licor me iba a relajar, a desestresar porque no conseguía trabajo, pero se convirtió en una práctica diaria. Uno cree que va a superar esa situación cuando piensa que se superaron los problemas, pero se vuelve una dependencia”, relató.

Agregó: “Llegué al punto en que me estaba afectando la salud y mi relación con la familia. Reaccioné a tiempo. Fue clave el acompañamiento de mis hermanos. Me refugié en la iglesia, donde también recibí orientación, y ya llevo 14 meses sin consumir”.

Empezar el cambio no fue fácil, pero Juan siempre estuvo rodeado de sus seres queridos y compañeros de AA: “Desde luego que es importante la voluntad propia de salir. Llevo todo este tiempo sin caer, estoy feliz y ahí estoy con mi familia, siempre motivado de hacer parte de estos espacios para ayudar a los demás”.

Manuel (nombre ficticio), otro participante, cumplió cuatro años sin consumir y se ha convertido en un bastión para otros compañeros que luchan por salir del problema.

“Empecé a consumir a temprana edad como una manera de divertirme, como muchos lo hacen, pero llegué a ese punto en que si no tomaba alcohol entonces no era divertido. Perdía la noción y se daban situaciones vergonzosas. Me sentí rechazado, incluso por algunos familiares. Tras la insistencia de algunos amigos y familiares, acudí a Alcohólicos Anónimos”, contó.

Añadió: “No voy a decir que todo está tranquilo. La tentación está ahí, pero también he tenido el acompañamiento de personas que me han mostrado su amor y me ayudan a superarlo. Son cuatro años nada fáciles, pero me mantengo motivado”.


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