Nos trasladamos a 29 km de la capital quindiana, a Filandia, el municipio conocido como la ‘Colina iluminada del Quindío’.
En esta ocasión, los encantadores caminos del pequeño ‘Corazón de Colombia’ nos llevaron a la ‘Colina Iluminada del Quindío’, Filandia, el segundo municipio más antiguo del departamento después de Salento, fundado el 20 de agosto de 1878.
Las historias alrededor de lo que hoy compone este lugar se hacen escuchar en cada esquina, se dice que fue habitada por la tribu Quimbaya; sin embargo, con el paso de los años e investigaciones arqueológicas se desconoce quiénes fueron los pobladores de este territorio “se ha comprobado que los Quimbayas también habitaron la parte que de lo que hoy corresponde al departamento de Risaralda; no obstante, la cantidad de hallazgos que se han hecho en esta región y en todo el Eje cafetero han llevado a que se les dé un nombre genérico que es ´los Quimbayas´” nos cuenta el antropólogo, Roberto Restrepo Ramírez, lo que sí es cierto es que fue territorio prehispánico que le ha dado al departamento y al país un aporte importante en ese sentido, como el descubrimiento de dos tumbas indígenas en 1890, en estas los ‘guaqueros’ encontraron más de 435 piezas de oro “lo que indica que tuvieron que pertenecer a caciques o gente de mayor jerarquía que fueron enterrados en esas sepulturas”, resalta don Roberto.
Fue tan grandioso el descubrimiento de estas dos sepulturas que en diciembre de 1890 pasó a la historia como el ‘Tesoro Quimbaya’, primero fue exhibido en Filandia, luego en Salento e incluso en Manizales. El 20 de agosto de 1821 fue comprado por el Gobierno colombiano. “Allí es cuando empieza la historia triste del ‘Tesoro Quimbaya’”, dice el antropólogo, “el presidente de la época Carlos Holguín compró los objetos para donarlos a España, prestó los objetos a España, allí los exhibieron con motivo de los 400 años del descubrimiento de América, luego de la exhibición el Gobierno colombiano se los obsequió a la reina de España” agrega sobre esta ‘triste’ historia .
El museo más grande del mundo
‘La colina iluminada’ nos recibió a las 9 a. m. con el cielo nublado, una suave brisa y, aunque en las charlas previas a la llegada al municipio deseábamos una taza de café en el parque de Filandia, nos dejamos llevar por las recomendaciones de los filandeños y elegimos su famosa colada de fécula de maíz con tostada.
Con la “barriga llena” continuamos el recorrido hasta llegar a la carrera 7 con calle 8, a una casa esquinera construida con bahareque, puertas y ventanas de madera, una vivienda en la que reposa la historia del municipio, del departamento, del país y de un hombre que ha entregado su alma a cada pieza que conforma lo que él denomina ‘el museo más grande del mundo’. Este museo abrió sus puertas hace 25 años, con piezas antropológicas que su fundador encontraba, José es guaquero, de allí nació su deseo por albergar en algún lugar un pedazo de nuestra historia, ahora en el museo no solo se encuentran piezas indígenas halladas en los alrededores del municipio, en aquella casa de bahareque hay monedas, billetes, pinturas, esculturas y una oficina española del año 1700 con una Biblia polvorienta a la que José le entrega su fe y su museo.
El ‘nevado’ de Bolívar
Después de casi 2 horas de recorrer aquella casa de bahareque y escuchar las historias que José tiene sobre cada objeto, seguimos nuestro recorrido por la ‘Colina iluminada del Quindío’, la neblina seguía cubriendo las montañas y los techos de las casas más altas del municipio; llegamos al mirador, uno de los lugares preferidos por los turistas, como si fuera una bienvenida en su entrada nos recibió una gran escultura de unas manos con una taza de café que “representa el esfuerzo de los campesinos y las campesinas al ser recolectores de café”, lo cuenta Mauricio García Zapata, el artista encargado de hacer esta obra.
Mauricio realizó un total de 6 esculturas que representan la tradición y la cultura que permea a Filandia, en el recorrido por el Ecoparque Mirador Colina Iluminada, 2 grandes esculturas se robaron nuestra atención, la palabra ‘Mirador’ de unos 24 metros que tiene como objetivo atraer a visitantes y propios a este lugar, y, a tan solo unos pasos, un poporo indígena, realizado con material reciclable bajo la técnica terrafacto, que significa hecho en tierra.
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Sobre el kilómetro 6, llegando a la vereda La India, 2 esculturas más reciben a turistas y campesinos que frecuenta la vía, “la primera hace parte de un monumento que se llama el Yipao, en homenaje a los conductores y sus tradiciones, mientras que al otro lado está Simón Bolívar con su perro Nevado”.
Este Bolívar de la vereda La India se llama ‘Bolívar sin espada’ y, según Mauricio, tiene 2 particularidades: una es el perro y la otra es que no tenga espada. “Casi siempre lo hacemos muy político, con la espada, guerrerista, este lo quise hacer más romántico”.
Del perro Nevado, que acompañó a Simón Bolívar durante 8 años, Mauricio nos cuenta que al libertador se lo regalaron junto al indio Tinjacá, al que los oficiales de Bolívar apodaban el “edecán del perro”, porque era quien lo cuidaba, y se le llamaba Nevado porque era negro y tenía el lomo y la cabeza blanca. “El perro se lo regalaron en 1813 y murió en 1821, de hecho, perdió la vida en la batalla de Carabobo junto a Tinjacá, que falleció intentando rescatarlo”, aclara Mauricio.
El paso ‘obligado’ por la historia
Durante su historia, ‘La colina iluminada’ ha sido paso obligado para propios y visitantes, por el ‘Camino Quindío’ que estuvo vigente hasta 1930, es la ruta que conectaba Oriente y Occidente, en especial 2 polos de desarrollo de la época, Santafé de Bogotá y Popayán.
“El camino es prehispánico, fue transitado por los indígenas en el intercambio económico, religioso y de guerra entre las tribus que existían”, nos dice Álvaro Hernando Camargo Tibuchino, quien advierte que por esta ruta pasó Simón Bolívar meses antes de su muerte.
“Salió de Alcalá en la mañana del 5 de enero de 1830, pasó por Filandia al mediodía, llegó a Boquía, después a Ibagué, Bogotá y Santa Marta donde murió”. Cuenta Roberto Restrepo y destaca esta historia como la más sobresaliente del Camino Quindío.
La lluvia, aunque leve, continúa cayendo, seguimos en recorrido tratando imaginar cómo cada persona que cruzó el Camino Quindío dejó en Filandia parte de sí, será por esto, que cada cuadra del municipio parece no conectar con la anterior, y; sin embargo, encajan en lo que hoy representa al departamento y su gente, un poco de todo, que se unifica, en el campo, las casas, las artesanías, la comida y la costumbre tan amable de abrir las puertas a quienes deseen describir que ocultan las montañas del ‘Corazón de Colombia’.
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