Los murales se empezaron a pintar desde hace 3 años por iniciativa de la comunidad y la alcaldía del municipio.
En las paredes de las casas, en vivos verdes, rojos, amarillos, azules y otros colores, aparecen trenes, casas, ríos, paisajes montañosos, campesinos, barranqueros, guaduales, caballos, jinetes, jeeps, cafetales, chivas y elementos típicos de la cultura cafetera. Los murales fueron pintados por artistas de Montenegro quienes, financiados por los propietarios de las casas y la alcaldía del municipio, plasmaron la diversidad de la región con el fin de adornar el pueblo y captar el interés de los turistas para quienes antes, Montenegro hacía parte de la ruta, pero no era el destino.
Esta propuesta fue impulsada por Mario Sans y se llevó a cabo por varias calles. Es la zona del centro, en particular la de la carrera sexta —una de las principales del pueblo— la que más murales tiene. Es una forma también de conservar y resaltar el patrimonio arquitectónico, natural y cultural de Montenegro. En este sector, años atrás estaba el cuerpo de bomberos y la estación del tren que iba hacia Quimbaya, Manizales, Armenia y Pereira. En su mayoría, las casas fueron construidas con bahareque por los abuelos hace 80 o 90 años.
“Todos los que vivimos por acá somos propietarios, en comunidad antes adornábamos la cuadra para las fiestas de diciembre, hacíamos faroles, ahora de vez en cuando hacemos asados, tomamos café, pero la pandemia nos alejó mucho”, contó Lida Arias, habitante allí desde hace 63 años. El sector limita con La Graciela, La Avanzada, el Simón Bolívar y La Isabela.
En la estación, Efrén Fernández Varón hizo una pieza en la técnica de barranquismo en 1981 en el marco de la exposición nacional de flores que tuvo lugar en Montenegro.
“El sector es muy bueno, muy tranquilo, iluminado y seguro. Las calles están en buen estado. Solo hay 2 problemas. El primero es que las personas no les recogen las heces a sus mascotas. Es muy grave porque todo está muy bonito, pero la gente no colabora. El segundo es que sufrimos mucho por el agua. Todos los días y a toda hora se va. Es más lo que se va que lo que permanece y eso se debe a que el acueducto está caduco. Es un problema que viene desde hace años, al parecer la construcción de la tubería no quedó bien hecha y como la montaña a cada rato se cae, daña todo. Ese es un problema de toda la vida”, aseguró Carmen Emilia Correa, que vive desde hace 67 años en el sector.
“Yo sí quiero mi pueblo y lo defiendo mucho. Creo que hace falta más sentido de pertenencia, así la gente aprende a no tirar la basura, a cuidar más los espacios comunes”, agregó Belma Arias Berrío, otra vecina del lugar.
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