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En Salento, aunque el progreso ha tocado muchas puertas, no todas las ha dejado abiertas.

A María Eugenia Pineda le duele el territorio. Líder campesina, activista ambiental y salentina de nacimiento, ha sido testigo de cómo su pueblo pasó de ser una comunidad agrícola a convertirse en la vitrina del turismo en el Quindío. 

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“Nos ha tocado improvisar todo el tiempo para poder sobrevivir o encajar a estos fenómenos”, dice con voz firme. “nos han atravesado sin ninguna planificación y sin conocimiento y sin aliados que nos permitan paliar esa situación”.

María Eugenia tuvo que cerrar su restaurante de comida saludable a finales del año pasado. Era más que un negocio: era una apuesta por lo local, por lo propio. Usaban productos de la zona, de los patios y solares que aún resisten. Pero la economía fue implacable. “Somos una economía pequeña para pagar una renta altísima en arrendamiento”. Les tocó cerrar.

Hoy, también,   muchos salentinos han tenido que marcharse. A Circasia, a Armenia, a donde el arriendo no los expulse.

En Salento sigue rigiéndose el Plan de Ordenamiento Territorial del 2001

Del café al turismo: una transición sin retorno

Desde el terremoto de 1999 y la crisis del café, el Quindío vio en el turismo una salida a la recesión económica. Se impulsaron proyectos, se atrajo inversión, y Salento se convirtió en símbolo, en destino, en postal.

Pero la economía que surgió alrededor de esa oportunidad pronto se convirtió en el único camino. Lo que fue tabla de salvación, se volvió ancla. Y una comunidad acostumbrada al trabajo de la tierra tuvo que reinventarse como prestadora de servicios, muchas veces sin herramientas, sin apoyo y sin condiciones justas.

El problema, en parte, es que Salento sigue rigiéndose por un Esquema de Ordenamiento Territorial aprobado en 2001, que no contempló la magnitud del fenómeno turístico. Un instrumento desactualizado que no previó el impacto social, ambiental y económico que tendría esta nueva vocación en la vida diaria de los salentinos.

Jaime Arias, concejal de Salento y representante legal de la fundación Bareque, lo explica: “Hoy una casa sencilla, que hace una década costaba $500.000 en arriendo, ahora vale $3.000.000. Y eso, si hay disponibilidad. En barrios como Frailejones ya no se consigue vivienda. Y los arriendos comerciales pueden llegar hasta $15 millones. Esto no es sostenible para nadie que viva del salario mínimo”.

Lo que está ocurriendo no es solo un aumento de precios. Es una transformación profunda en la forma de habitar el municipio. Viviendas convertidas en alojamientos turísticos, locales en manos de inversionistas externos, y una comunidad que, poco a poco, va perdiendo su lugar.

El turismo que expulsa

La mirada de María Eugenia no es de reproche al visitante, sino de crítica a la forma como se ha estructurado la economía del municipio. “Hay salentinos que se enriquecen con el turismo, claro. Pero son pocos. La mayoría trabaja como empleados en hoteles y restaurantes, apenas sobreviviendo. Y si se quejan, hay otros dispuestos a trabajar por menos”.

El alcalde de Salento, Santiago Ángel Morales, reconoce el problema: “Hoy es imposible desconocer que los arriendos están por las nubes. Muchos propietarios prefieren convertir sus casas en hoteles, hostales que arrendar a una familia. Y eso ha generado una brecha social profunda”.

Pero también hace una advertencia: “No podemos olvidar que el turismo es hoy una de nuestras principales fuentes de empleo. Y sin políticas nacionales de vivienda, sin subsidios y sin regulación clara, los municipios solos no pueden resolver el problema”.

El turismo es hoy una de nuestras principales fuentes de empleo de
Salento.

“No queremos perder la identidad”

Desde la Secretaría de Turismo del departamento, la visión es que no se trata de eliminar el turismo, sino de transformarlo. “Queremos un turismo que no sea invasivo, que esté integrado al territorio y que beneficie realmente a las comunidades locales”, asegura Juana Camila Gómez Zamorano, titular de la cartera.

Gómez menciona programas de emprendimiento, capacitación y apoyo a pequeños empresarios turísticos. “Estamos promoviendo productos con valor agregado, visibilizando iniciativas locales y apoyando a emprendedores con formación y capital semilla. El objetivo es que el turismo no sea solo negocio para unos pocos, sino una herramienta de desarrollo colectivo”.

Aun así, reconoce que el reto es grande. “Hay que generar acciones a corto, mediano y largo plazo. Lo que no queremos es que se pierda la identidad de nuestros municipios”.

Desde el gremio hotelero, también hay conciencia del riesgo. “Defendemos un turismo con sentido, que privilegie lo auténtico y respete el entorno”, afirma Valeria Montero Palacios, representante de Cotelco en el Quindío. La organización trabaja con universidades, cámaras de comercio y cooperativas para fortalecer el turismo rural y comunitario, integrando a pequeños productores a las cadenas de valor sin que tengan que renunciar a sus tierras.

“Queremos evitar un turismo basado en el consumo inmediato y superficial. Nuestra apuesta es por un turismo que reconozca y fortalezca lo local”, concluye Valeria.

El desarraigo como herida abierta

Pese a estos esfuerzos, el impacto ya se siente. El educador ambiental Germán Aristizábal lo resume así: “Nos están desplazando con dinero, con proyectos, con discursos. Nos están quitando el tiempo incluso para preguntarnos qué somos”.

La historia de María Eugenia es la historia de muchos. De quienes han visto cómo su pueblo cambia de manos sin que nadie lo note. De quienes han sido espectadores de la pérdida del arraigo, de la tierra, de lo común.

Y aunque ella no se rinde, sabe que resiste en un terreno desigual.

“No es que estemos en contra del turismo”, aclara. “Hay que generar unas discusiones muy profundas en relación a cómo queremos vivir nosotros como salentinos y con la economía que debería ser para para un mejor vivir ”.

Y esa es la pregunta que queda flotando entre las calles empedradas de Salento: ¿de qué sirve conservar la fachada de un pueblo si su gente ya no puede vivir dentro?


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