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Antes de que existiera el departamento del Quindío, inclusive antes de que existiera el gran Caldas, estas tierras ya estaban escritas en la historia del país. No como territorio político, sino como corredor estratégico en la construcción de lo que hoy es Colombia.

Soldados patriotas, pueblos indígenas, colonizadores españoles, arrieros, científicos, comerciantes y hasta prisioneros recorrieron el Paso del Quindío, unas de las rutas más duras de la cordillera central. Por esta trocha avanzaron diversos personajes ilustres desde Antonio Nariño, Simón Bolívar, Antonio Baraya hasta viajeros europeos de gran renombre; pero también fue recorrido por arrieros, cargueros, condenados y sobre todo los campesinos, que luego poblaron el corazón del Eje Cafetero.

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Hoy, 20 de julio, el Quindío toma un papel silencioso en la conmemoración del grito de independencia, no fue un campo de batalla ni protagonista; sin embargo, fue un corredor vital por donde no solo se desplazaron ejércitos y personas, allí pasaron ideas, economía y costumbres que cambiaron la historia del territorio.

El Camino del Quindío

El camino del Quindío o también conocido como el Paso fue durante siglos una de las rutas más difíciles de atravesar debido a su geografía montañosa. Esta importante ruta conectaba el centro del país con el suroccidente, uniendo a Bogotá con Popayán, y lo que en la actualidad es la ciudad de Quito.

“El camino del Quindío es un corredor ancestral, primero usado por los pueblos indígenas, después por los conquistadores, y más adelante por los ejércitos de la independencia. Era la única vía que comunicaba a Bogotá con Popayán y el sur del continente sin tener que atravesar el Valle de las Tristezas, en el Huila”, explicó Álvaro Camargo para La Crónica sobre la importancia estratégica de la ruta.

La historia se remonta de 1540 1550 con la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada y Sebastián de Belalcázar, así como la llegada de los fundadores de Cartago, quienes tuvieron como objetivo abrir rutas que atravesaran dicha cadena montañosa, dando origen al Paso del Quindío.
El camino era un sendero de herradura que cruzaba desfiladeros, páramos, guaduales y selvas húmedas en la montaña. En palabras del naturalista alemán, Alexander von Humboldt, el paso “más penoso de los Andes”, y lo describió así en su diario de 1801:

“Durante varios días caminamos bajo lluvias constantes, cruzando un territorio cenagoso cubierto de cañas de bambú. Las raíces de estas gigantescas herbáceas estaban armadas de púas, lo que hacía el tránsito aún más doloroso. Las mulas resbalaban y los peones, agotados, se hundían en el barro.”

El punto más alto del paso, la Garita del Páramo, alcanzaba los 3.505 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, la bajada hacia el valle del Cauca conocido por tener un descenso abrupto hacia Cartago, cruzando quebradas como Boquía y subiendo cerros como el Alto del Roble.

Es importante mencionar que el camino debía estar en constante mantenimiento, debido a la alta afluencia de personas, y se mantenía gracias al trabajo forzoso de prisioneros y condenados, especialmente en épocas como la reconquista española liderada por Pablo Morillo, quien en 1815 envió a presidiarios a ensanchar la vía entre Boquía y Cartago. Los derrumbes, las lluvias y la densa vegetación hacían que el mantenimiento fuera casi imposible. Cada año, el paso debía ser reabierto con machete y azadón para que siguiera en funcionamiento.

Un corredor militar y económico

Entre 1810 y 1819, años cruciales en los que Colombia vivió dos de sus fechas más importantes frente al dominio español; las tropas independentistas necesitaban rutas para desplazarse hacia el sur, donde las fuerzas realistas resistían desde Popayán, Pasto o Quito. El camino del Quindío se convirtió en un corredor militar estratégico.

Otra de las rutas más frecuentes era desde lo que hoy es la ciudad de Ibagué, seguía por el río Coello, cruzaba el nevado del Tolima, bajaba al río Quindío, pasaba por Boquia, Filandia, Alto del Roble y terminaba en Cartago viejo, lo que hoy es la ciudad de Pereira; este fue otro de los recorridos por el cual pasaron las tropas independentistas.

En 1810, Antonio Baraya y Atanasio Girardot lo cruzaron junto a sus ejércitos rumbo a Cartago; por otro lado, en 1813, el coronel Manuel Serviez usó la misma ruta tras el enfrentamiento con el español Juan Sámano. Este es quizá el paso más importante luego de la independencia del país, y es el paso del mismísimo Simón Bolívar, el 5 de enero de 1930 cuando recorrió las trochas con 900 hombres a caballo y a pie bajo su mando, y es quizá uno de sus últimos actos militares.

La independiza no solo se libró en los campos de guerra, también se cargó a lomo de mula, es allí donde entre el Camino del Quindío, dado que por este corredor se transportaban armas rudimentarias características de la época como fusiles de chispa, bayonetas caladas, espadas y lanzas.

El armamento que pasaba por las montañas también incluía pólvora, municiones y elementos básicos de supervivencia para los soldados desde carnes secas, huevos duros, panela ron hasta sal en piedra, y es así como los arrieros también llevaban el alimento por esta ruta.

Las mulas eran el principal medio de transporte de la época, sin ellas la guerra no hubiese sido posible y la independencia se hubiera demorado muchos años más. No obstante, al pasar por este camino se podían enfrentar diversos riesgos no solo caídas, sino enfermedades y epidemias como la viruela que afectaba principalmente a los cargueros.

Otra de las cosas que se destacan entre los caminos que cruzaban las montañas, era los contaderos, es decir lugares donde se contaban los ganados y las cargas, al igual que los tambos, lugares de descanso con comida y alojamiento, y por último los presidios, donde recluían a los prisioneros condenados a trabajos en la montaña. Algunos de estos puntos estaban ubicados en Boquía, La Balsa, Portachuelo y Toche.

La indumentaria desde el soldado hasta el arriero

La vestimenta de la época refleja una clara desigualdad en la guerra, por un lado los ejércitos vestían uniformes completos casacas, botas, gorros de cuartel, cinturones y fusiles, mientras que los criollos, solían usar cotizas de cabuya en su gran mayoría, camisas rústicas, pantalones, un machete al cinto y sombreros.

Es así como la indumentaria criolla fue adaptada al monte, al barro y demás condición es adversas, convirtiéndose en el destacado traje del arriero que hasta el día de hoy es característico en distintos municipios del país. Este traje evolucionó; se le sumó el tapapinche, el carriel, y el sombrero aguadero convirtiéndose en herencias directas de los que cruzaba la cordillera, primero por necesidad y después por costumbre.

“El arriero quindiano, es una figura representativa de la cultura cafetera, es hijo de la historia”, así lo mencionó el historiador. De hecho, el proceso de colonización antioqueña llegó tras la independencia y las guerras civiles, con ella no solo llegaron los arrieros, sino su cultura, vestimenta, gastronomía y forma de vida, expresó Camargo.

De camino de guerra a territorio multicultural

Luego de la independencia, el paso del Quindío siguió siendo esencial para el crecimiento poblacional y economía del territorio. Debido a la búsqueda incansable de oro y buenas condiciones para la agricultura llegaron los primeros pobladores que dieron origen a los municipios de Salento y Filandia.

“El territorio albergó grupos de migrantes, buscadores de tierra y aventureros que huían del conflicto y encontraron en esta zona un refugio en medio de la selva y la montaña”, afirmó.

La importancia del camino del Quindío no solo se remonta a la época de la independencia de Colombia, por allí entraron distintos objetos modernos desde herramientas, molinos hasta el primer billar, transportados desde el puerto de Buenaventura hasta el interior del país.

Actualmente, el Paso del Quindío aún no ha sido declarado como bien de interés cultural, pese a su valor histórico. Antiguos tramos hoy sobreviven y son exaltados en festivales, como el Festival Camino del Quindío en Filandia, pero no se cuenta con un reconocimiento oficial. Camargo hizo un llamado a los entes gubernamentales:

“Nuestros gobernantes no le han dado la importancia debida a este camino. No fue un simple paso de viajero, sino un corredor por donde pasó la independencia, la colonización y toda nuestra identidad”.


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