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Desde hace 35 años se dedica a ‘cuadrar’ a los descompuestos y hasta embrujados han llegado hasta el punto en busca de una cura.

Con una clase de 7 minutos sin práctica, y un primer paciente feliz comenzó el reconocimiento y el recorrido del popular sobandero de El bosque, que aunque muchos dicen, que no es el original, ya lleva 35 años ejerciendo el oficio.

Honorio Muñoz es su nombre y ha “arreglado” a miles de personas quienes han llegado hasta el lugar con tendinitis, espasmos, cuajos, estrés, gatillo y hasta descompuestos a utilizar sus servicios.

Cuadra niños descuajados y compone a personas de todas la edades. Ha llegado a atender hasta 26 personas al día. Inicia después de las 9:30 a. m. y no tiene hora de salida.

El paciente más joven, un bebé de 8 meses descuajado. Lo más común que trata es el espasmo muscular.

Le quitó la bruja de encima a un caqueteño

En su relato de casos emblemáticos tiene el de un caqueteño. “Son muchos casos, acá han venido muchos. Varias personas que los han ‘toriado’ en otras partes y no les han dado con el chiste”. Precisamente, uno de esos casos memorables es el de un joven que creía que le habían hecho una brujería.

Vino desde Florencia, Caquetá, 2 días de camino para llegar a Armenia. Él decía que tenía mucha tensión, caminaba gacho y era incapaz de levantar la cabeza, como si la bruja la tuviera ahí montada.

Como todo parecía indicar que era un maleficio, se fue para donde un brujo, que le confirmó su teoría “a usted lo arreglaron” y que por siete millones le quitaba el hechizo. Le alcanzó a dar uno.

Era un sábado y había al menos siete paciente, cuando llegó a las escalitas de El Bosque, todos lo miraron con asombro y lamento, tanto que empezaron a cederle el turno.

2 horas 22 minutos tardó la intervención, cuando terminó exclamó muy emocionado “¡Amor, abráceme que nací!” Lloraba de felicidad por haber recuperado su salud.

Una semana después volvió y le llevó un queso en agradecimiento, expresando que ojalá tuviera para pagar lo que hizo por él.

Honorio, ve a todos sus pacientes por igual, el que llega a pie, en camioneta, moto, bicicleta, tiene una tarifa igual para todos, pero sin duda la gran recompensa es la felicidad de aliviar a una persona.

Sobre cómo se convirtió en sobandero, la clase fue de 7 minutos sin práctica, ese mismo día llegó el primer paciente y quedó tan bien que días después volvió con otra usuaria.

Su gran sueño, poner a andar a un inválido

Pero esta enseñanza llegó con una especialización, porque todos los días le pregunta a Dios y le pide que le dé sabiduría y esta llegó porque la noche anterior a cada atención, se sueña con sus pacientes y la manera en que debe sobarlos para que queden bien.

Dios me mandó para acá y acá estaré hasta que él me tenga”, señaló Honorio, quien expresó que no se cansa, solo un dedo es el que le indica que debe descansar y lo hace además cada seis pacientes.

Si bien ha sobado a personas que padecen trombosis, su gran sueño es hacer caminar a alguien que esté en silla de ruedas.


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