A sus 110 años, Ángela Ospina de Giraldo es la mujer más longeva del municipio de Filandia.
En lo alto de las montañas, rodeada de cafetales y donde el canto de las aves se cruza con el susurro del viento, vive una mujer amorosa, guerrera, luchadora y trabajadora. Ella es Ángela Ospina de Giraldo, oriunda del municipio de Filandia hace 110 años y habitante de la vereda La Lotería en la finca El Vergel, ubicada a media hora del pueblo, el cual hace años, hace 11 décadas, se diferenciaba por su caminos e infraestructura empedrada.
Su hija, Alba Gladys Giraldo Ospina, con 62 años de edad, mantiene vivo el recuerdo de su madre como una mujer ejemplar, cuidadora y comprometida con las labores del hogar. 17 hijos, más de 40 nietos, 20 bisnietos y 9 tataranietos hacen parte del legado familiar de Angela. De sus 17 hijos, 10 siguen vivos, entre ellos, Adiela Giraldo, quien actualmente tiene 87 años y es la hermana mayor. Jorge Óscar, con 58 años, es el menor.
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Reconocida como la persona más longeva del municipio de Filandia, Ángela Ospina de Giraldo, el jueves, 22 de mayo, cumplió 1.320 meses y 40.150 días, es decir, 110 años de vida que representan 110 décadas. De siete hermanos es la única que está viva, fue la tercera hija en nacer y ha sido la más afortunada en seguir compartiendo con sus familiares.
En una celebración llena de risas, llanto, alegría y emoción, sus familiares felicitaron a esta mujer que aún irradia tranquilidad, ternura, lucidez y una esperanza más de vida. Con la suave melodía de cada canción y los dulces abrazos que Ángela regaló a quienes le desearon un feliz cumpleaños, ese 22 de mayo se convirtió en la fecha más especial para todos. Fue una mañana de gratitud, homenaje y esperanza.
Como un mapa de arrugas, su piel narra historias, aprendizajes, lágrimas y risas de la vida. Cada línea en su rostro, cada mancha y sus ojos que aún brillan con la sabiduría de un siglo, reflejan las marcas que dejaron los años, el trabajo, la dedicación a su familia y el campo.
Sus manos, aunque temblorosas, siguen siendo un refugio de calor y de amor, capaces de ofrecer consuelo con un simple roce.
Su cabello es como un velo de niebla y cada hebra es un susurro de lo que fue y de lo que aún es.
Su corazón, guarda los mejores recuerdos, momentos vividos y el gran amor de su vida, con quien compartió 49 años de casados.
Ángela fue una caminante de largas lomas y compañera de Pedro Pablo Giraldo, su único amor y padre de todos sus hijos, quien vivió a su lado hasta que él tuvo 73 años de edad, pues hace 36 años su corazón dejó de funcionar.

“Mi mamá tuvo muchas amistades. Ella lo primero que pensaba era en las visitas, en tenerles siempre la comida. Ella sabía mucho de números y de finanzas. Fue muy inteligente”, expresó su hija Alba Gladys. Y lo repite con los ojos llenos de nostalgia y orgullo.
Actualmente, un día cotidiano en la vida de Ángela inicia con un desayuno, luego recuerda la hora del almuerzo, reclama por este y se afana por la comida… porque como ya la conocen, su buen comer y el gusto, todavía se mantiene intacto.
Vive con su hija Gladys y su yerno, quienes han sido testigos del amor que evoca Ángela. Con suaves y dulces besos repartidos en la cabeza de las personas que comparten con esta mujer, se logra vivir nuevamente en una historia que no se olvida, sino que se respira y se agradece.
“El recuerdo y el agradecimiento más lindo que tengo hacia mi madre, es que ella me dio la vida. Se dedicó a todos sus hijos y gracias a ella yo existo”… Así es como esta mujer con la fuerza que solo da el tiempo y la vida, evoca que los grandes seres humanos hacen historia y dejan una huella.
Ángela Ospina de Giraldo es una mujer sana, sufre únicamente de hipertensión arterial y tiene algunas alteraciones de la memoria, sin embargo, es una reliquia viva que, aunque su espalda se curva por el peso de los años y no por debilidad, demuestra valentía y amor por su presencia en este mundo.
“En los momentos de lucidez, recuerda mucho a todos sus hijos. Incluso, en algunos momentos dice que se mojó la ropa, que hay alguien en la cocina y que pongamos mucho cuidado”… Palabras que solo nacen del corazón de una madre, de una mujer entregada al amor por su familia y que todavía evoca las ganas de seguir cumpliendo con su rol de mamá, como si el tiempo no hubiera pasado.
Su vida fue el campo. No ha conocido otro hogar que no sea los cafetales de su municipio, su tierra y sus montes…. Estos 110 años no son solo longevidad, es testimonio de un camino acompañado por el brillo de una persona única que todavía no se apaga.
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