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Estación del Ferrocarril de Armenia: un vestigio de la modernidad echado al olvido

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viernes, 10 junio 2022

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Las estaciones son Bienes de Interés Cultural del ámbito nacional.

El cierre de la red ferroviaria y el cese de circulación de los trenes desde mediados hasta finales del siglo XX condenó al deterioro y abandono a las estaciones del tren en Colombia. Para evitar su desaparición, las antiguas estaciones del ferrocarril fueron declaradas en el año 1996, mediante el decreto 746, como Monumentos Nacionales y como Bienes de Interés Cultural del ámbito nacional. 

Este decreto buscaba proteger las estaciones por su importancia histórica y cultural. Tras su emisión, las estaciones fueron consideradas un bien patrimonio de los colombianos por lo que se obligaba a las administraciones locales a cuidar, conservar y mantener vivo el testimonio de aquellas épocas. Sin embargo, en Armenia, preocupa el estado del antiguo edificio.

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Entre 1927 y 1950, el ferrocarril trajo al Quindío modernidad y progreso. Ana Lucelly Velasco Jurado, integrante de la Corporación Diálogo Democrático explicó la importancia de esta construcción: “Para nosotros este bien representa un valor singular porque es el testimonio de una época en la que se llamó a Amenia la ‘Ciudad Milagro’”.

Explicó que estos bienes permiten que se genere un sentido de arraigo, identidad, pertenencia y orgullo por ser habitante de un lugar donde, en otras épocas, seres humanos fueron capaces de realizar obras majestuosas e importantes, no solo para la arquitectura sino para la economía. 

El terminal de tren de Armenia, en su momento, marcó tendencia porque su arquitectura renunciaba al estilo colonial y tomaba elementos del estilo neoclásico influenciado por los diseños europeos de la época. El edificio principal de la antigua estación es una edificación de 2 pisos con techos altos y zaguanes amplios. Paralelo al cual se ubican las bodegas que en su momento albergaron café o equipaje de viajeros. 

De su estilo, resaltan las paredes en colores pasteles, balcones amplios, suelos con figuras geométricas, columnas y techos coronados con capiteles, gárgolas, vidrios en grandes proporciones, puertas y hierros forjados. De allí el valor de su arquitectura.

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En el 2015, se planeaba realizar los parqueaderos del edificio patrimonial, sin embargo, debido a que no cumplían con la resolución 3277 de 2014 que aprueba el Plan Especial de Manejo y Proyección, emitida por ministerio de Cultura, se detuvo la intervención y desde entonces, no han podido resolver esta situación. Martha Lucía Usaquén Ramos, presidente de la Fundación Territorio Quindío, dijo sobre esto: “La increíble irresponsabilidad con la que la alcaldía del momento hizo una contratación, generó un nudo jurídico que tiene que ser desatado por los entes de control. Hay que fallar respecto a ese asunto para poder continuar, eso no se puede seguir dilatando”.

Fernando Jaramillo Botero, integrante de la Academia de Historia del Quindío, agregó sobre la situación que la Estación de Armenia está en total abandono, el concepto interesante que se presentó hace unos años tuvo dificultades porque el edificio no se podía remodelar, sino restaurar y por esto el ministerio de Cultura ordenó frenar la obra. “Hoy después de años, la obra sigue en problemas. Es lamentable porque recuperar la Estación era un proyecto muy completo”.

Usaquén Ramos hizo énfasis en que como sociedad nos corresponde a los quindianos enaltecer los legados de cultura material que nos dejó el sistema ferroviario que es, en sí mismo, símbolo del progreso y portadores de la construcción colectiva de memoria social. 

“El conjunto de la Estación del Ferrocarril de Armenia presenta en este momento un gran deterioro físico. También tenemos el infortunio de sufrir el lamentable cementerio de autos y motos que se van “chatarrizando” inexorablemente detrás de las bodegas”.

A lo anterior se le suma, dice, la ausencia de un proceso sistemático de mantenimiento. “La prolongada inactividad por años respecto al foso destinado a un parqueadero subterráneo tiene graves consecuencias sobre la estabilidad de los edificios. Hace poco lo dije en Facebook: ese Bien de Interés Cultural de la Nación está colapsando frente a nuestra mirada indiferente. Y la indiferencia es el peor gesto de una sociedad”, enfatizó Usaquén Ramos.

Por su parte, María Eugenia Beltrán Franco, experta del Consejo Departamental de Patrimonio, aseveró: “Es responsabilidad de la alcaldía que se cumpla el plan de manejo. Hemos llamado la atención al actual alcalde de Armenia. Antes de la pandemia, invitamos a las secretarías para que nos informaran sobre lo que había sucedido con la licitación y la suspensión del proyecto. Ellos dicen que no han encontrado una solución jurídica. Esto es imposible. No hay consciencia frente a lo colectivo y a la identidad”.

Sobre el tema, Velasco Jurado sostuvo: “La Constitución y la ley exigen el cuidado de estos bienes declarados patrimonio. El estado actual de la Estación deja como conclusión que tenemos unos líderes locales públicos indolentes con la historia, el patrimonio, la cultura y su pueblo porque despilfarran recursos, toman decisiones erradas que van en contra del plan especial de manejo y protección que debe seguirse”.

También añadió que por ese motivo y debido a que no se ejecutaron, recursos que ya habían sido asignados tuvieron que devolverse al tesoro nacional. “No les interesa conservar uno de los bienes más representativos y bellos de Armenia”, aseguró.

La llegada del tren al Quindío en 1927 marcó un antes y un después. Su aparición dinamizó la economía, la cultura y la sociedad del momento, además, modernizó el estilo arquitectónico de entonces. De ahí su valor histórico, cultural y arquitectónico.

La Estación del Ferrocarril conserva el pasado, es un vestigio del tiempo que guarda la memoria de lo que alguna vez fue el Quindío. El cuidado que se le brinda revela el valor que se le da a la historia.


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