En el barrio donde las casas parecen repetirse una tras otra, hay una que rompe la rutina: paredes intervenidas, frases pintadas y una consigna clara que se lee como un manifiesto: “Hasta que Ibai nos vea”. Allí vive Sebastián Escobar Palta, conocido en redes como alias Estrato Cero, un creador de contenido de 29 años que decidió convertir su historia familiar en comedia digital.
“Queremos hacer historia con humor”, dice Sebastián, sentado en la sala que también funciona como set de grabación. Nació y creció en Armenia, Quindío, y hace seis años, junto a sus padres, comenzó a subir videos a redes sociales. Hoy manejan Instagram, Facebook, TikTok y YouTube, con un reto autoimpuesto: publicar cinco videos diarios.
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La familia detrás del personaje
Detrás de Estrato Cero no hay un equipo de producción sofisticado. Está su papá, Celimo Escobar, a quien Sebastián llama “el viejo” y quien, entre risas, reconoce que la tecnología no es lo suyo. “Ellos son los especialistas. Uno, nacido en 1960, imagínese”, comenta. Sin embargo, es uno de los rostros más queridos del proyecto.
También está su mamá, Martha Liliana Palta, conocida en redes como alias La Gash, quien graba desde 2021. Actualmente enfrenta un proceso de cáncer, pero sigue apareciendo en los videos. “La gente se ríe de mí porque soy muy chistosa. Todo lo que me dice mi hijo, lo hago. Y aquí voy, luchando con esta batalla”, dice con serenidad.
En la casa también participa la hija de Sebastián, Emy Sofía Escobar González, quien repite convencida el lema familiar: “Yo sé que lo va a lograr, que Ibai nos va a ver”. Y su esposa, Nataly Tatiana Vera Rojas, cantante de música popular colombiana, que respalda el proyecto mientras impulsa su propia carrera artística.
Del mercado al millón de seguidores
Sebastián habla sin rodeos sobre su motivación. Recuerda que, cuando era niño, el sueño más grande era “hacer un buen mercado” o “tener carne en la mesa”. Para él, salir adelante significaba estabilidad económica. Hoy dice estar estable, pero no satisfecho.
“No nos queremos quedar como esos que tuvieron un video viral y ya. Queremos ser esa familia que salió adelante, que está haciendo cosas grandes”, afirma.
El nombre Estrato Cero no es casual. Es una reivindicación del origen humilde y una apuesta simbólica: demostrar que desde “lo más bajo” también se puede aspirar a escenarios internacionales.
La meta: Ibai Llanos
En las paredes de la casa hay referencias a La Velada del Año, el evento de boxeo entre creadores de contenido organizado por Ibai Llanos. Para Sebastián, llegar allí sería el equivalente digital a ser nominado a un premio de la industria tradicional.
“Allá van los grandes. Es como los Óscar de los creadores, pero peleando boxeo”, explica. No busca un acceso inmediato ni un golpe de suerte. Quiere que el streamer español los vea, que reconozca el esfuerzo detrás de los cientos de videos grabados en una casa de Armenia.
¿Por qué Ibai y no otro creador colombiano? “Fue genuino. Siempre consumí su contenido. No fue estrategia, fue algo espontáneo”, responde.
Cinco videos diarios y una apuesta colectiva
La disciplina es la bandera del proyecto. Cinco videos diarios, más contenido largo en YouTube, más trabajos audiovisuales y asesorías en redes. Todo bajo una narrativa familiar que mezcla humor cotidiano, orgullo barrial y sueños de grandeza.
Sebastián lo resume así: “Estamos luchando. El día que usted me llegue a llamar”, dice imaginando a Ibai Llanos, “vamos a tener todos estos videos para que se siente a ver el esfuerzo que hicimos”.
Pero si el algoritmo no ayuda y el streamer español nunca responde, Estrato Cero ya dejó clara su apuesta pública: promete limpiar la Plaza de Bolíívar de Armenia con jabón y cepillo en mano, como muestra de que su reto va en serio y que está dispuesto a convertir el sueño en espectáculo, incluso desde la derrota.
En el departamento más pequeño de Colombia, una familia graba, edita y publica sin descanso. No hay mánager ni patrocinadores gigantes. Solo una casa intervenida, una madre que pelea contra el cáncer, un padre que se adaptó a la era digital y una niña que repite el eslogan como una promesa: hasta que Ibai los vea.