En Armenia, en plena fiebre balompédica de los años 50, se escribió una historia única: un equipo argentino comprado por la ciudad, un estadio construido con donaciones y un gol que tumbó el arco y quedó en la memoria colectiva.
Corría el año 1953 y en Armenia,, ciudad de 100.000 habitantes, que por entonces pertenecía al departamento de Caldas, solo se hablaba de fútbol a toda hora y en todas partes. ¿Cuáles eran las razones de semejante fiebre futbolera?
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El club Deportes Quindío había sido creado como sociedad anónima por escritura pública el 1 de agosto de 1950 y había debutado en el fútbol profesional colombiano en el año 1951, siendo la primera y única vez en Colombia que una ciudad comprara un equipo extranjero completo para representar sus colores deportivos en todos los estadios del país. Se trataba del equipo argentino Wanders que como cosa extraña nunca jugó como equipo en su propia tierra. Fue creado por el empresario argentino Emilio Reubens quien lo integró con un grupo de jugadores amigos de la ciudad de Rosario y viajaron a Colombia a buscar fortuna cuando empezaba la época de El Dorado del fútbol, en las postrimerías del año 1950. Jugaron algunos partidos de exhibición en Bogotá, Cali y Medellín
Hasta la capital paisa viajó el señor Nepomuceno Jaramillo, en representación del Deportes Quindío, para cerrar la operación de compra en la suma de 22.500 dólares por el equipo argentino integrado por 14 jugadores profesionales.
El Deportes Quindío hizo su debut en el fútbol profesional colombiano en la ciudad de Bogotá el sábado 10 de marzo de 1951 en el estadio Alfonso López de la Universidad Nacional jugando contra el equipo Universidad, conjunto al que derrotó uno a cero con gol de Alfredo Laspina. El debut en su propia tierra lo hizo el domingo 18 de marzo de 1951, goleando 3 a 1 al cuadro Deportes Caldas, equipo este que ostentaba el título de campeón colombiano obtenido en el año 1950.
Este encuentro sirvió para la inauguración del estadio San José y tuvo como hecho anecdótico, la actuación como juez de línea del tristemente sacrificado líder regional quindiano Ancízar López López, por ausencia de uno de los jueces designados por la Dimayor para la ocasión.
El estadio San José había sido construido a marchas forzadas en tan solo noventa días con la ayuda económica de toda la afición quindiana. El gerente del equipo era el señor Carlos Concha Manrrique, quien también ocupaba la gerencia del Banco de Colombia en la ciudad. La sede del banco estaba situada en la esquina de la calle 20 con carrera 15 donde hoy se encuentra construido el edificio El Cairo. En toda la fachada del banco se instaló un enorme termómetro cuya columna de líquido rojo no marcaba la temperatura del ambiente, sino los aportes económicos que cada día donaba la afición. En dicha campaña se recaudaron ochenta mil pesos.
El recién incorporado Deportes Quindío, después de fulgurantes actuaciones dentro y fuera de su terruño, había ocupado el quinto lugar en los campeonatos profesionales de los años 1951 y 1952. Por todas las anteriores razones, en aquella época en Armenia se respiraba fútbol a toda hora y en todas partes.
Llegó entonces el año 1953 y en un caluroso domingo el mes de junio, el equipo de la tierra hacia su primera presentación internacional en Armenia enfrentando al Club Palestino de Chile.
Coincidencialmente por ese entonces nos visitaba, después de muchos años de ausencia, el tío Hernando Giraldo Orozco, quien había viajado a Chile para cursar sus estudios de medicina en la Universidad de Concepción y regresaba con su título de médico cirujano ortopedista.
El equipo Palestino se encontraba alojado en el hoy demolido Hotel Atlántico de Armenia que quedaba situado en la esquina de la carrera 14 con calle 21, donde hoy existe el edificio Colpatria.
En las horas de la mañana de ese domingo le solicité al tío Hernando que hiciera valer su doble condición de médico ortopedista y ciudadano chileno para que pudiéramos visitar a los integrantes del equipo austral. Así lo hizo, y una vez dentro del hotel encontramos al jugador estrella del equipo Palestino, afectado por un fuerte estado febril que le hacía guardar cama. El tío Hernando, luego de examinarlo detenidamente, le formuló algunos medicamentos y le aconsejó guardar mucho reposo.
A las 3;30 de la tarde de ese día estival de junio se dio comienzo al partido en el estadio San José, abarrotado de espectadores . A los treinta minutos de iniciado el juego, ese jugador a quien el tío Hernando había aconsejado en la mañana no jugar por su delicado estado de salud, ese jugador de cuyo nombre no quiero acordarme, curado milagrosamente por la aplicación de no sé qué clase de medicamento, anotó el gol que ponía en desventaja a mi equipo amado.
Con el marcador 1-0 en contra, se inició la segunda parte del encuentro y promediando este tiempo sucedió lo insólito, lo inaudito. El centrodelantero, goleador del equipo quindiano, Elger Poelo Alarcón, protagonizó una de sus sensacionales escapadas , dribló defensas y portero contrarios y marcó el gol del empate ante la inmensa algarabía de la afición quindiana. Para celebrar su fantástica anotación, el cañonero continuó veloz su carrera, se colgó del travesaño de la portería norte del estadio y allí fué donde sucedió lo inesperado. Como en la famosa canción de la Piragua, crujió el maderamen y el arco completo cayó pesadamente a tierra, ante la sorpresa de la multitud delirante que no atinaba a entender lo sucedido.
Después de algunos eternos minutos de expectación, ante la imposibilidad de remediar de inmediato lo sucedido y con el inmenso pesar de la afición cafetera, el partido terminó en ese instante con el marcador empatado a un tanto. Ha sido la primera y única vez que sucede algo parecido en los años de existencia del fútbol profesional en nuestro país.
Luego de esta evocación de un pasado deportivo glorioso, confieso que actualmente sufro en forma inenarrable las permanentes derrotas de nuestro amado equipo y me pregunto con impotencia hasta cuando tendremos qué soportar el atropello de un caballero de industria que, sin escrúpulos, desde hace años juega impunemente con los sentimientos deportivos de todo un pueblo que gritó jubiloso en 1956:
¡Deportes Quindío, orgulloso campeón del fútbol profesional colombiano!
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