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La Palma de Cera como tal no es considerada un árbol, sino una hierba gigante, pero dada su importancia fue declarada en 1985 como el Árbol Nacional del país.

Mediante la ley 61 de 1985, sancionada el 16 de septiembre por el presidente Belisario Betancur, el Congreso de la República adoptó a la Palma de Cera del Quindío (Ceroxylon quindiuense) como árbol nacional.

Uno de los artículos de la citada ley le ordena al Gobierno nacional para que realice las operaciones presupuestales correspondientes, contrate los empréstitos y celebre los contratos necesarios con el fin de adquirir terrenos, que no sean baldíos de la nación, en la Cordillera Central, para constituir uno o varios parques nacionales o santuarios de flora a fin de proteger el símbolo patrio y mantenerlo en su hábitat natural.

Sin embargo y de acuerdo con Johan Carvajal Hanrryr, biólogo experto en la Palma de Cera del Quindío, esto no ha sido cumplido. El experto expresó su opinión sobre la situación actual de esta especie y la deuda que el Gobierno nacional aún tiene con ella.

Carvajal recordó que la Ley 61 de 1985 protege y exalta a la Palma de Cera como el árbol nacional de Colombia. Sin embargo, mencionó que, a pesar de que dicha ley contempla la creación de espacios de conservación, como áreas protegidas o un parque nacional, hasta el momento no se ha cumplido con esta promesa.

El experto enfatizó que, aunque Salento es reconocido por ser la cuna del árbol nacional de Colombia, la Palma de Cera está distribuida por todo el país. Fue esta característica, su dispersión geográfica, lo que llevó a que fuera elegida como el árbol nacional. Aun así, el biólogo señaló que existe un desconocimiento general sobre el hecho de que las Palmas de Cera no son árboles, sino hierbas gigantes. A pesar de esto, debido a su exuberante belleza y significado biológico y cultural, merecen ser resaltadas como símbolo nacional.

Johan Carvajal expresó su preocupación porque, a pesar de que se han realizado esfuerzos locales por parte de algunos gobiernos municipales, como en Salento, la Palma de Cera sigue estando en peligro de extinción.

A nivel central, todavía se deben acciones importantes para garantizar su conservación. El biólogo explicó que no solo se trata de proteger a la Palma de Cera, sino a todo el ecosistema asociado a ella, incluyendo aves y mamíferos que dependen de su hábitat.

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El experto añadió que, en los casi 39 años transcurridos desde la aprobación de la Ley 61 de 1985, el Gobierno nacional ha incumplido con su obligación de darle a la Palma de Cera el espacio de conservación que merece. “En Salento, algunos propietarios han tomado la iniciativa de destinar áreas para la regeneración de la Palma de Cera, entendiendo que esta especie no puede sobrevivir sin el bosque que la rodea. Sin embargo, estas acciones, aunque valiosas, son insuficientes para enfrentar la magnitud del problema”, expresó.

Carvajal, quien lleva 24 años trabajando con la Palma de Cera, dirige la Estación Biológica y Experimental de la Palma de Cera, una fundación dedicada a la conservación y propagación de esta especie. No obstante, mencionó que tanto su equipo como otros actores locales se ven limitados por la falta de tiempo y de presupuesto para realizar actividades esenciales, como la propagación de la especie y la creación de conciencia sobre su importancia.

Con respecto al turismo desmedido en el Valle de Cocora, el biólogo experto consideró que este fenómeno no es una de las amenazas más graves para la Palma de Cera. Si bien hay problemas relacionados con la movilidad y el agua en Salento, el biólogo explicó que la Palma de Cera enfrenta problemas de conservación desde hace más de un siglo, cuando se inició la deforestación en la zona a principios del siglo XX. Por lo tanto, en su opinión, el turismo no es el principal factor que afecta a la Palma de Cera.

“Algunos propietarios están transformando sus terrenos en reservas, donde el bosque es el principal atractivo para los visitantes. Este tipo de turismo controlado y regulado está beneficiando a las poblaciones de Palma de Cera en ciertas áreas. En cuanto al sector turístico del Valle de Cocora, este es un lunarcito chiquitico comparado con toda el área de conservación existente, por lo que no considero que el turismo allí represente un peligro significativo”, indicó.

El biólogo también se refirió a otras amenazas más tradicionales que han afectado a la Palma de Cera durante décadas, como la ganadería y la agricultura, que han impedido la regeneración del bosque en muchas zonas. Sin embargo, destacó que en los últimos años ha habido un cambio de conciencia entre algunos propietarios, quienes han comenzado a respetar los 15 metros de ronda hídrica exigidos por la normativa, e incluso algunos han destinado 20, 30 o 50 metros, o un potrero entero, para permitir que el bosque se recupere.

Señaló que este tipo de iniciativas deben replicarse en toda Colombia para garantizar la recuperación de la población de Palmas de Cera. “Hay esfuerzos similares en otras regiones del país, como Cundinamarca, Valle del Cauca y Caldas, pero todavía falta mucho por hacer y es fundamental contar con el apoyo del Gobierno nacional para lograr avances significativos”.

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Recuperación de Palma de Cera

A pesar de los desafíos, este experto que lleva los últimos años de su vida trabajando con el árbol nacional de Colombia se mostró optimista al señalar que, en los últimos 25 a 30 años, se han recuperado aproximadamente 400 o 500 hectáreas de áreas donde la Palma de Cera prospera. Sin embargo, insistió en que la labor de conservación debe ser constante, y no limitarse a las fechas conmemorativas.

Por último, hizo un llamado a los gobernantes y pobladores para que tomen más conciencia sobre la importancia de proteger la Palma de Cera e instó a los propietarios de tierras a que respeten las rondas hídricas de 30 metros en las orillas de los ríos, ya que esto permitirá que la Palma de Cera se regenere de manera natural y se fortalezca su población en todo el país.


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