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Este poema está marcado por la violencia y la represión de los años setenta y ochenta, un contexto político que atravesó la vida y la obra del quindiano Nelson Osorio Marín.

“Ricardo bajó a la aldea estrenando amaneceres”. Así inicia una de las canciones más emblemáticas de la música social colombiana. Ricardo Semillas es un bambuco escrito por el poeta quindiano Nelson Osorio Marín y musicalizado por los hermanos Ana y Jaime Valencia Aristizábal, una obra que con el paso de los años se ha consolidado como un poema cantado sobre la violencia política, la lucha social y la esperanza.

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La historia de esta canción fue reconstruida por La Crónica del Quindío a partir de archivos de Álvaro Noreña Jiménez, quien compartió algunos documentos inéditos con la Casa Museo Musical del Quindío, y del trabajo investigativo del Centro de Documentación e Investigación Musical del Quindío, cuyo director es Álvaro Pareja Castro.

 

 De poema a canción: el origen de Ricardo Semillas

De acuerdo con Álvaro Noreña Jiménez, quien conoció y compartió aspectos de la vida del autor de esta obra, la balada-bambuco Ricardo Semillas fue llevada a ser canción en memoria del líder social, político e ideólogo revolucionario Ricardo Lara Parada, asesinado el 14 de noviembre de 1985. La obra fue interpretada por el dueto tolimense de los hermanos Ana y Jaime Valencia.

Según contó, los hermanos Valencia se presentaron con esta canción en el primer Festival del Coco, realizado en 1971, donde obtuvieron el tercer lugar, compuesto por ellos con la colaboración del poeta Nelson Osorio, con quien compusieron gran parte de sus interpretaciones.

 

Durante la década de los setenta, Ana y Jaime emocionaron a hombres y mujeres con canciones como Ricardo Semillas y Este viento amor, con las que obtuvieron premios y reconocimiento internacional.

 

Noreña destacó que la protesta y el amor fueron los temas centrales en las obras de Nelson Osorio. “En cuanto a la música, por un lado, sonidos sencillos, una o dos guitarras, un cable directo con América Latina y su música protesta; y por el otro, canciones más complejas en órbita con el pop internacional de aquellos años”, señaló.

 

Además de sus obras, Jiménez evocó a Nelson como un hombre solidario, generoso y profundamente humano. Lo describió como alguien divertido, alegre, entusiasta y vital, que siempre tenía un gesto amable en el rostro. Relató que lo conoció en 1977 en el teatro La Mama, cuando Osorio participó en la escritura “Joselito Carnaval en busca de Su Cosa Latina”. Según contó, con él siempre había tema de conversación y, sobre todo, motivos para reír.

 

Agregó que su escritura —poesía, minicuento y canciones— tenían que ver con lo social: fue crítica del establecimiento, denunció un “orden” que agredía a la mayoría, incorporó el humor y mantuvo el amor como tema recurrente. Fue pionero del minicuento y sus canciones se hicieron famosas en las voces de Eliana, Ana y Jaime, y Normán y Darío.

 

Jiménez aseguró que Nelson Osorio Marín nació el 19 de enero de 1941 en Calarcá, Quindío, y falleció en Bogotá el 7 de noviembre de 1997, mientras trabajaba prestando sus servicios a una programadora de televisión. Vivió y trabajó durante muchos años en la capital del país. Fue poeta, minicuentista, compositor y publicista.

 

Además, estudió Derecho y Sociología, y a los 22 años publicó su primer libro de poesía, Cada hombre es un camino (Bogotá, 1963). Posteriormente aparecieron Algo rompe la mentira (Bogotá, 1969) y su obra final Al pie de las letras publicada en Bogotá en 1976.

Ricardo Semillas es un poema musicalizado por Ana y Jaime Valencia, una obra que transformó la palabra en memoria, denuncia y resistencia frente a la violencia política
en Colombia.

Ricardo Semillas: poesía, música y memoria política

Álvaro Pareja Castro aseguró a La Crónica del Quindío que Nelson Osorio Marín fue un activista político vinculado al Partido Comunista y que, con el surgimiento del M-19, también tuvo acercamientos y simpatías hacia ese movimiento, aunque dichas relaciones no se consolidaron de manera formal.

Sobre su historia familiar, indicó que los padres de Nelson llegaron a Calarcá y que, de los ocho hijos que tuvo la pareja, cuatro nacieron en este municipio, entre ellos el poeta. Más adelante, Osorio llegó siendo muy niño a Pereira, donde transcurrió su adolescencia, culminó el bachillerato y publicó su primer libro. Posteriormente se trasladó a Bogotá, ciudad en la que se radicó de manera definitiva y donde desarrolló gran parte de su vida profesional y artística.

El director del Centro de Documentación e Investigación Musical del Quindío contó que cuando inició su trabajo investigativo sobre el poeta hace más de 40 años, comenzó a descubrir que en el Quindío se sabía muy poco sobre su vida y trayectoria. En ese proceso también hizo referencia al contexto político de los años ochenta, una época marcada por una fuerte represión contra los movimientos de izquierda, tanto legales como armados, especialmente durante la vigencia del Estatuto de Seguridad. Señaló que en ese periodo muchas personas salieron del país y algunas permanecieron en el exterior, principalmente en Europa y en países de América Latina.

Este contexto político y vital —enfatizó—, resulta fundamental para comprender la carga ideológica y social de las obras de Nelson Osorio, así como el sentido profundo de poemas como Ricardo Semillas, donde la literatura se convierte en testimonio, denuncia y herramienta de transformación.

Manifestó que Ricardo Semillas pertenece a la música andina colombiana, ya que se trata de un bambuco, género característico de esta región del país. A su vez , precisó que el mundo artístico de Nelson Marín fue siempre la poesía y que su acercamiento a la música se dio gracias al encuentro con músicos profundamente involucrados con el momento político que atravesaba Colombia.

De acuerdo con su análisis e investigación, Pareja resaltó que  muchos de estos artistas, si no eran activistas políticos de izquierda o militantes de partidos de esta corriente, compartían una poesía de denuncia, con un fuerte mensaje político, social y de carácter insurreccional, que desde la literatura acompañaba y reflexionaba sobre los acontecimientos de la historia política del país.

En esa misma línea, recordó que en 1997 se publicó el disco Quindianísimo, una producción que reunió entre 10 y 15 canciones representativas del departamento . El proyecto fue patrocinado por el Comité Departamental de Cafeteros del Quindío y contó con la interpretación de la cantante Luz Marina Marín, reconocida artista de Montenegro. En esta antología se incluyó Ricardo Semillas, como parte de un esfuerzo por resaltar personajes y obras fundamentales de la música regional.

En cuanto a los derechos de autor, el director mencionó que es importante diferenciar entre autores, quienes escriben la letra; compositores, quienes crean la música; e intérpretes, quienes cantan o ejecutan la obra. En el caso de Ricardo Semillas, Nelson Osorio fue el autor del poema, y Ana y Jaime Valencia los compositores e intérpretes.

Para el lanzamiento del disco, Álvaro Pareja ratificó que estaban invitados los compositores que aún se encontraban con vida, y que durante ese proceso sostuvo varias conversaciones telefónicas con Nelson, quien falleció poco antes del acto de lanzamiento, a causa de una complicación de salud.

En relación a otros aspectos de la vida del poeta, reveló que Osorio se especializó en el campo de la publicidad, actividad que desarrolló en Bogotá y que le permitió sostenerse económicamente. En este ámbito —dijo— trabajó de manera cercana con Jaime Valencia, especialmente en la creación de jingles publicitarios.

Pese a esto, destacó que su mayor legado se dio gracias al encuentro con músicos que musicalizaron sus poemas y los convirtieron en obras ampliamente reconocidas, en una época marcada por el auge de la llamada Nueva Ola, una mezcla entre balada, rock y música latinoamericana.

En ese escenario, describió que en Ricardo Semillas, la imagen de “bajar a la aldea” funciona como una metáfora: el paso de la selva o el campo al pueblo para realizar trabajo político, dialogar con la gente y sembrar ideas de cambio, y que la aldea representa el pueblito, caserío o el espacio cotidiano al que Ricardo llegaba para desarrollar su labor política y educativa. “No se trataba solo de un lugar físico, sino del escenario donde intentaba generar conciencia y sembrar ideas de transformación social”, expresó.

A partir de ello, Pareja argumentó que en el poema, la semilla simboliza las ideas nuevas que deben sembrarse en las personas: la necesidad de acabar con la miseria, la desigualdad y la dominación política.

Sin embargo, es en medio de esa tarea donde el personaje es asesinado. “Dobla el cuerpo sin terminar la palabra”, como lo narra la letra, lo que refuerza la idea de que muere mientras hablaba, explicaba e intentaba convencer a otros de la necesidad de un cambio. “Su muerte ocurre en pleno ejercicio de lo que podría llamarse un trabajo educativo y político: plantear nuevas formas de entender la vida, la tierra y la organización social, e invitar a la gente a vincularse a la lucha política”, puntualizó Castro.

En ese mismo sentido, complementó diciendo que Nelson Osorio, a través de sus poemas, expresó lo que pensaba y lo que consideraba necesario transformar en el país. “En sus obras planteó que no se podía tolerar más el conflicto, que era urgente buscar la paz y promover grandes cambios frente a una realidad marcada por la miseria, el hambre y una persistente dominación política, heredada de una tradición liberal y conservadora que, según su visión, había afectado históricamente a la sociedad colombiana”.

Desde esa lectura, Pareja Castro subrayó que Ricardo Semillas trasciende el homenaje individual y se convierte en una representación colectiva de las luchas políticas y sociales de una época. “Ricardo Semillas encarna a quienes, ante las dificultades de hacer política en escenarios formales, optaron por otras alternativas de acción y resistencia. Defiende una visión política, una postura crítica frente al orden establecido, y su figura simboliza a esos movimientos que encontraron en la palabra, en la pedagogía y en el contacto directo con la gente una forma de transformación social”, concluyó Álvaro Pareja Castro.

Discos de Ana y Jaime Valencia dan cuenta del recorrido de Ricardo Semillas, canción con la que el dueto obtuvo el tercer lugar en el primer Festival del Coco, en 1971.

Ricardo Semillas

Autor: Nelson Osorio Marín

Compositor: Ana y Jaime Valencia

Intérprete: Ana y Jaime Valencia

Ricardo bajó a la aldea estrenando amaneceres, silbando canciones frescas sin olvidar sus quehaceres.

 

La aldea ese día nuevo salió el sol muy en silencio y dejó que el aire tibio regara bien los sucesos, ayayayay regara bien los sucesos ayayayay regara bien los sucesos.

 

Ricardo reunió a los hombres y les habló con despacio palabras verde-esperanza

teñidas de sal y selva.

 

Les dijo: la vida es nuestra, también es nuestra la tierra y las palabras que traigo son semillas también nuestras.

 

Ayayayay, son semillas también nuestras.

 

La aldea ese día nuevo amarró el sol al recuerdo y sintió que el aire tibio se llenaba de sucesos:

un disparo cortó el viento con sed de sangre emboscada y Ricardo dobló el cuerpo sin terminar la palabra.

 

Ricardo murió ese día, hermano de hombre y semilla,

 

Murió mirando la vida que entre sus manos moría,

ayayayay que entre sus manos moría ayayayay Ricardo murió ese día.

 

Ricardo murió ese día, haciendo bien sus quehaceres, cayó sembrando semillas de nuevos amaneceres:

 

la vida es nuestra muy nuestra, también es nuestra la tierra y las palabras que traigo son semillas también nuestras, ayayayay son semillas también nuestras ayayayay son semillas también nuestras

ayayayai…..ayayayai.

 


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