El Quindío ha sido históricamente una tierra liberal, forjada en la participación ciudadana y en las luchas sociales. Aquí aprendimos que el liberalismo no es una etiqueta electoral, sino un compromiso ético con la justicia social, la democracia y la dignidad humana.
Durante décadas, muchos entregamos nuestra vida política al Partido Liberal creyendo en su vocación progresista. Sin embargo, hoy es imposible guardar silencio frente a una realidad evidente: la actual dirigencia liberal ha traicionado buena parte de su legado histórico, alejándose de las causas sociales y de la base ciudadana que le dio sentido y legitimidad.
Las decisiones tomadas desde las cúpulas departamentales y nacionales no solo han ignorado a sus militantes históricos, sino que han optado por una postura cómoda, distante de las transformaciones que el país exige. Ese alejamiento ha vaciado de contenido progresista a un partido que nació para defender las libertades y los derechos de la gente.
Frente a ese escenario, los liberales del Quindío no estamos dispuestos a renunciar a nuestros principios. Por el contrario, hemos encontrado en el actual Plan Nacional de Desarrollo una ruta clara para materializar las banderas históricas del liberalismo social: la justicia social, la democratización del Estado y la ampliación real de derechos.
En coherencia con esa visión, respaldamos con firmeza a María Eugenia Lopera Monsalve, número 17 en la lista del Partido Liberal al Senado. Su labor en la Comisión Séptima, especialmente su papel decisivo en la reforma al sistema pensional, laboral y de salud, demuestra que aún existen voces liberales capaces de anteponer el interés general incluso cuando su propio partido les da la espalda.
Mientras otros dudaron o guardaron silencio, María Eugenia Lopera asumió con valentía la defensa de las reformas sociales, lideró debates, escuchó a la ciudadanía y promovió proyectos en favor de los derechos laborales, la seguridad social y la dignidad humana.
Asimismo, respaldamos al Pacto Histórico para la Cámara de Representantes en el Quindío, porque hoy es allí donde se expresan con mayor claridad las luchas sociales y las transformaciones que Colombia y el departamento necesitan.
A esta decisión política, consciente y coherente, la llamamos Pacto Liberal. No es una ruptura con nuestra historia; es, por el contrario, una lealtad profunda al verdadero liberalismo, el que camina con la gente y no con las cúpulas.
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