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La iniciativa liderada por la Fundación Toro busca restaurar este espacio histórico y consolidarlo como escenario para diversas expresiones artísticas.

La Fundación Toro, organización no gubernamental con sede en Pijao, nació como un homenaje a Gustavo Toro, quien durante décadas administró el Teatro Román de Pijao. Este emblemático escenario fue fundado en 1921 por Francisco Román Tangarife, quien llegó al municipio con una maleta de cine, adquirió el lote y construyó el teatro, concebido desde sus inicios como una sala cinematográfica con tarima, palco y una estructura inspirada en teatros internacionales.

A sus 18 años, Gustavo Toro llegó al lugar para trabajar como barrendero y, en medio del contexto de la violencia bipartidista, asumió progresivamente la responsabilidad del teatro luego de que su fundador se trasladara a Bogotá por falta de trabajo por sus inclinaciones políticas. Con el tiempo, el recinto se consolidó como un patrimonio cultural del Quindío, cuya conservación hoy continúa en manos de la familia, integrada por hijos y nietos que trabajan por su reactivación.

Edward Toro, hijo de Gustavo, aprendió el oficio de proyeccionista en formato de 35 milímetros y, tras la muerte de su padre en 2023, asumió el liderazgo del espacio, que durante más de cinco décadas fue epicentro cultural de Pijao. Sin embargo, el terremoto de 1999 causó graves daños en la infraestructura, especialmente en la parte frontal del teatro, luego de que un transformador cayera sobre la cubierta.

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A estas afectaciones se sumaron nuevos daños en 2001, durante la toma guerrillera al municipio, cuando el teatro fue objeto de saqueos.

Cubierta después del terremoto de 1999.

Angélica Toro, nieta de Gustavo Toro e integrante de la Fundación Toro, lidera actualmente la Muestra de Cine de Pijao, una iniciativa que busca reactivar el escenario cultural, como una huella de memoria y comunidad. Según explicó, el proceso de recuperación ha sido asumido principalmente con recursos propios.

Mi tío Helman Toro, representante de la Fundación y actual propietario del teatro, junto a la familia, hemos venido trabajando en la restauración, porque nuestro objetivo es devolverle la vida al teatro”, afirmó.

El terremoto de 1999 marcó un antes y un después. Los daños estructurales, sumados a la llegada de nuevas tecnologías como el VHS y el Betamax, que cambiaron los hábitos de consumo audiovisual, llevaron al cierre definitivo del teatro. A esto se sumaron hechos de inseguridad que terminaron por apagar sus funciones.

Desde entonces, el Teatro Román permaneció cerrado durante más de 20 años.

Un proyecto familiar que busca devolverle la vida

El renacer comenzó en 2021, cuando la familia Toro asumió formalmente la propiedad del inmueble y decidió emprender su restauración con recursos propios. Así nació la Fundación Toro, una figura creada para gestionar apoyos y canalizar esfuerzos en torno a la recuperación del espacio.

El proceso ha sido progresivo. Primero se intervino la cubierta, que estaba en riesgo de colapso; luego, la fachada y el palco interior. Todo esto respetando la estructura original del teatro.

“Queremos mantener su esencia, pero también adaptarlo a las condiciones actuales. Es encontrar un equilibrio entre lo patrimonial y lo funcional”, explican.

Además de su valor arquitectónico, el teatro conserva elementos originales como proyectores de 35 milímetros, carteleras antiguas y piezas que permitirían, a futuro, la creación de un espacio museográfico.

Máquinas proyectoras que podrían servir de recurso museográfico

La reactivación: el cine como punto de partida

Mientras avanza la restauración, la estrategia ha sido clara: devolverle la vida al teatro sin esperar a que el proceso esté completamente terminado.

Así nació la Muestra de Cine de Pijao, que ya va por su segunda edición y se ha convertido en el primer paso hacia la reactivación cultural del lugar.

La próxima jornada se realizará el 14 de marzo, con una programación que incluye cortometrajes internacionales y la proyección de la película Un poeta, del director colombiano Simón Mesa.

Las funciones se desarrollarán en dos horarios, con una muestra en la tarde y una función principal en la noche, acompañadas de talleres enfocados en el ámbito audiovisual.

Un espacio para las nuevas generaciones

Uno de los aspectos más significativos de este proceso ha sido el reencuentro intergeneracional. Personas mayores regresan al teatro con recuerdos vivos de su infancia, mientras jóvenes descubren por primera vez un espacio que desconocían.

“Hay quienes dicen que aquí conocieron a su pareja o que venían de niños a ver películas. Y también están los que nunca supieron que existía un teatro en el municipio”, cuentan.

Con capacidad para cerca de 300 personas, el Teatro Román tiene el potencial de convertirse nuevamente en un referente cultural, no solo para Pijao, sino para el Quindío.

Un sueño que va más allá del cine

El objetivo final es ambicioso: consolidar un escenario integral para las artes. La visión incluye presentaciones de teatro, danza, música, así como la posibilidad de recibir espectáculos nacionales e internacionales.

También se proyecta como un atractivo turístico, donde visitantes puedan conocer su historia, recorrer un posible museo audiovisual y asistir a funciones en vivo.

Aunque el camino no ha sido fácil y el acceso a recursos públicos ha sido limitado debido a su carácter privado, la familia mantiene firme su propósito.

El Teatro Román de Pijao vuelve a encender sus luces, esta vez con la memoria como guía y la comunidad como protagonista.


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