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Testimonio: 36 días en UCI por Covid

socialmedia@cronicadelquindio.com

lunes, 9 agosto 2021

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Se contagió de Covid-19, fue intubado 2 veces en la UCI de la Clínica Central, pero los galenos y el personal asistencial estuvieron ahí para salvarle la vida.

Desde marzo del 2020 cuando aparecieron los primeros afectados por la Covid-19 en el Quindío, la vida cambió.

Los efectos de la pandemia en el departamento dejaron la misma sensación que en el resto del país y el mundo: pérdidas económicas, crisis emocionales, cambios severos en los hábitos de vida.

Pero, sin duda, lo que más ha impactado, costado y por supuesto lamentado es el número de personas que han perdido la vida por causa del virus: de acuerdo con el más reciente reporte de la secretaría departamental de Salud, van 1.700 fallecidos, cifra extensa para uno de los departamentos más pequeños de Colombia.

La experiencia de ver a un ser amado ingresar a la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, afectado por el coronavirus y sin saber si volverá a reunirse con los suyos o ser parte de la gruesa lista de decesos, es traumatizante.

Pero también está el otro lado de la historia, aquellos que ganaron esa difícil batalla y pueden decir que “volvieron a nacer”, sin importar las secuelas, las angustias y los penosos días en la UCI.

Esa es la experiencia de Fernando Gacharná Nieto, quien por 36 días entregó todo de sí para darle batalla a ese virus que pareciera que no se quiere ir y que continúa cobrando vidas.

Él es un triunfador de la vida, su premio fue volver a estar con su familia. Sin embargo, él es el primero en reconocer que los médicos y demás profesionales de la Clínica Central del Quindío fueron sus ángeles guardianes, los que nunca lo abandonaron a pesar del agotamiento.

La llegada del virus

Don Fernando compartió su experiencia y lo que tuvo que vivir en carne propia para comprender el virus, para descubrir más adelante, tras dolores y ansiedades, el verdadero significado de amar.

Él nació en Bogotá, pero desde hace 11 años está radicado en la región. Se siente más quindiano que otros. Siempre feliz y bendecido por estar rodeado de los paisajes y la tranquilidad.

“Nunca podré decir qué fue lo que pasó, todos en la familia nos contagiamos —esposa, un niño de 8 años, su cuñada y su suegra—, a pesar de que siempre tuvimos activados, y todavía los mantenemos, los protocolos de bioseguridad. Nosotros no somos de estar dentro de multitudes, por ello es importante los cuidados que se deben tener porque donde menos se piensa llega el virus”, describió don Fernando.

“El 1 de junio nos hicimos la prueba, dimos positivo y de todos el único que llegó a la UCI fui yo, los demás superaron sin problemas el coronavirus por fortuna”.

Por la gravedad debió trasladarse a la Clínica Central donde vivió la experiencia más dura de su existencia: “Llegamos al centro hospitalario, de inmediato me hicieron pruebas de sangre y los resultados evidenciaron que debía comenzar el proceso de intubamiento. ¿Qué hace uno en esa circunstancia?, pues ponerse en las manos de Dios”.

Los héroes a su lado

Y Dios, según sus palabras, se reflejó en el equipo interdisciplinario de la clínica. “Yo les dije: ‘Hagan lo que tenga que hacer para tratar de salir de esta”.

El protagonista encomendó su vida en un momento de soledad dentro del centro médico: “Perdí la conciencia. Me sedaron, quedé a la merced de ese grupo de profesionales. Fueron 36 días los que estuve internado”.

No había nadie de su familia cerca de él, pero jamás se sintió solo, porque a pesar del agotamiento, de las horas y días seguidos de ardua labor para salvar vidas, ahí estuvieron los galenos y enfermeros peleando por su vida.

“Yo quiero aprovechar este momento para agradecerle a ese equipo encabezado por los doctores Granada, Vargas, Duque y Chica, a los auxiliares, a los terapeutas respiratorios. Yo quedé en sus manos, no tenía conciencia. Viví 2 intubaciones y ese trabajo es realizado por expertos”.

Estuvo consciente algunos días con respirador artificial y fue testigo de la tarea “maravillosa” realizada dentro de la institución: “No me cansaré de decir que ellos sí son unos superhéroes, me faltan las palabras de agradecimiento por esa entrega ante personas que llegan a la entidad en condiciones lamentables y extremas”.

Al ver esa actitud de los médicos, enfermeros y auxiliares le generaron a don Fernando ganas de vivir. “No puedo dejar a un lado a un personaje pequeño de estatura, pero inmenso y gigante de corazón y fuerza, es Luchito. Él es un enfermero auxiliar al que amo entrañablemente”.

Añadió: “Uno a Luchito le ve la entrega con cada paciente. Los organiza, está pendiente de que estén cómodos, repito Lucho es un gigante”.

Con esta experiencia se dio cuenta de algo que lo impactó: “Toda esta gente está invisible ante los ojos de los demás. Todos hemos sido testigos de noticias de que han sido discriminados, donde los acusan de que no hacen nada por los pacientes. Sin embargo, los días que estuve consciente fui testigo de cómo se doblan los turnos, no duermen, dejan de comer, siempre están ahí, frente a la gente, para tratar de salvarla”.

Pudo conocer la cara de desesperanza de ellos al ver que el coronavirus les arrebataba un paciente: “Ellos sufren más que nadie esa pérdida, yo lo pude ver ahí adentro, hay que vivir esa experiencia en carne propia, hay que hacer visible esa experiencia”.

Aprendió el significado del amor

En situaciones complejas o positivas uno de los aspectos del ser humano es aprender de las circunstancias y aplicarlas en su cotidianidad.

En el caso de don Fernando conoció el verdadero significado de amar: “Yo ya no quiero a nadie, ahora yo amo. Tenemos que entender el verdadero significado de esa palabra, es que si yo le digo te amo a un hombre ya lo toman por otro lado. Amar es una palabra muy grande”.

Reiteró que ahora es experto en el amor con lo que observó en la UCI: “La entrega de ese equipo médico, incluso la señora encargada del aseo fue una hermosa maestra”.

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Mensaje para cuidarse

Como es obvio, a Fernando le quedaron secuelas por la agresiva presencia de la Covid-19 en su organismo.

Debe recuperar masa muscular —perdió 25 kilos e incluso tuvo que volver aprender a caminar—, además tiene una dolencia en el hígado y, por supuesto, debe someterse a terapias respiratorias.

A pesar de la situación, no dejó a un lado la invitación a la población, a tomar en serio el virus y a protegerse siempre. 

“Lo más importante es que las personas entiendan que ese bichito sí existe, que en cualquier momento y lugar estará presente. Yo vivo en un área campestre, no estamos en aglomeraciones y aun así nos contagiamos”.

Le preocupa que hoy en día el virus ataca a personas menores: “Vi morir a gente de 35 años. Por ello hay que cuidarse, alimentarse bien, evitar aglomeraciones y cumplir con los protocolos de bioseguridad”.

Mejorar el sistema de salud

Fernando Gacharná un mensaje a las fuerzas vivas de la región en relación con el mejoramiento del sistema de salud local y territorial.

La semana pasada tuvo que trasladarse a la Clínica Santa Fe en Bogotá, para continuar con una terapia que no podía efectuarse en el Quindío, por lo que le preocupó que un departamento, que está en constante crecimiento, no ofrezca una atención con todas las garantías.

“Me tocó esperar casi 10 días una cama en Bogotá para recibir la atención que requería y seguir con la recuperación, porque acá en Armenia no la hay. Los médicos maravillosos del departamento merecen una infraestructura acorde, no podemos seguir con hospitales de segunda o tercera generación”.    

  

 


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