Expertos coinciden en que el ciclo menstrual influye en la salud física, mental y en el rendimiento laboral, lo que exige entornos de trabajo más flexibles y humanizados.
Desde su adolescencia, Valeria Hernández López convive con dolores menstruales intensos que fueron normalizados, minimizados y, durante años, ignorados. Con el paso del tiempo, lejos de mejorar, los síntomas se agravaron. Entre los 22 y 23 años volvió a presentar menstruaciones extremadamente abundantes y dolorosas que la llevaron, mes tras mes, a servicios de urgencias. Allí, sus molestias fueron atribuidas a dolores estomacales u otras condiciones ajenas a su ciclo menstrual. “Ese fue el primer choque fuerte: no toman en serio tu palabra, aun cuando tú conoces tu cuerpo y sabes que una menstruación no debería llevarte a urgencias todos los meses”, aseguró.
Fue solo a través de atención particular que recibió un primer hallazgo: un teratoma en el ovario derecho que crecía con cada menstruación y hacía que el dolor fuera insoportable, al punto de provocarle vómito y hospitalizaciones frecuentes. El diagnóstico llegó tarde y por fuera del circuito institucional, lo que ella describió como “el inicio de una odisea”.
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Esta condición, dijo, ha tenido consecuencias directas en su vida laboral: el dolor, las náuseas y el agotamiento afectan la concentración y el rendimiento. Aunque no ha solicitado flexibilidad laboral formal por desempeñarse como freelance, reconoce que muchas mujeres no tienen esa posibilidad. “No se puede seguir trabajando como si nada cuando el cuerpo pide reposo”, enfatizó.
A partir de su experiencia, Valeria empezó a investigar por su cuenta sobre salud menstrual, encontrando vacíos profundos en la información que debería garantizar tanto el sistema educativo como el de salud. Describió que en el Quindío no existe un panorama claro sobre la pobreza menstrual, lo que invisibiliza las barreras de acceso a productos dignos para muchas mujeres menstruantes.
Valeria hizo un llamado a la acción: propone un censo sobre pobreza menstrual, mayor concienciación y programas educativos que expliquen que menstruar no debe doler, que existen distintas formas de gestión menstrual y que hay condiciones como la endometriosis u ovario poliquístico que suelen diagnosticarse tarde. También cuestiona el desconocimiento sobre derechos laborales como la licencia menstrual. “Muchas mujeres crecen sin saber a quién acudir, qué les pasa o qué derechos las protegen”, puntualizó.
Ante este panorama, y en reconocimiento de que los síntomas asociados al ciclo menstrual no se manifiestan de la misma manera en todas las personas menstruantes, La Crónica del Quindío consultó diversos testimonios y la opinión de expertos para ampliar la comprensión de este tema desde una mirada médica, social y laboral.

Entre el diagnóstico y la indiferencia institucional
Jessica Obando Correal, diputada del Pacto Histórico en el departamento, destacó la importancia de reconocer los procesos jurídicos y científicos que diversas organizaciones de mujeres vienen impulsando en torno al estudio del aparato reproductivo y del ciclo menstrual.
No obstante, expresó que resulta preocupante constatar que históricamente los estudios médicos se han centrado en cuerpos masculinos y no en cuerpos femeninos, lo que ha generado vacíos en la comprensión de las condiciones asociadas al ciclo menstrual.
“Esto genera que, cuando se presentan cuadros de endometriosis o dolores intensos en el marco del ciclo menstrual, la respuesta por parte de la mayoría de médicos suele ser la prescripción de pastillas anticonceptivas para calmar esos dolores; sin embargo, esto obedece a la ausencia de estudios profundos que garanticen una adecuada revisión y comprensión de cómo funcionamos biológica, física y fisiológicamente las mujeres con capacidad gestante”, afirmó.
En ese sentido, Obando recordó que en Colombia ya se aprobó la ley de la endometriosis, pero que su implementación no fue incorporada de manera efectiva en el ámbito laboral. “Quedó como un enunciado de principios que no garantiza necesariamente el acceso a condiciones dignas de salud”, explicó.
Como ejemplo, la diputada relató una experiencia personal en la que, pese a no padecer endometriosis ni sufrir habitualmente cólicos severos, presentó un dolor tan intenso que le impidió asistir a una sesión de la Asamblea Departamental. “Cuando acudí al médico para solicitar el certificado que justificara mi inasistencia no me fue otorgado, por lo que la falta quedó registrada como injustificada, a pesar de tratarse de un dolor inhabilitante”, contó.
Para la periodista Alejandra Ovalle Peñuela el ciclo menstrual no es solo un evento biológico aislado, sino un proceso hormonal que influye en la fisiología integral. “El periodo menstrual no es solo un sangrado pues para muchas personas implica lidiar con inflamación, cólicos, fatiga crónica y un esfuerzo cognitivo doble para mantener el mismo nivel de concentración”, narró.
En esa línea, manifestó que en el ámbito laboral existe una presión histórica por mantener una linealidad productiva que ignora los ritmos biológicos y afirma un sistema patriarcal cuya estructura invisibiliza y menosprecia el cuerpo.
Desde su experiencia personal, afirmó que ha tenido que trabajar en estas condiciones, cumpliendo jornadas extensas, manteniéndose funcional con un dolor abdominal punzante, ignorando las migrañas y el cansancio físico, con el fin de responder a las exigencias diarias.
“Esas condiciones poco favorables no son solo físicas; son estructurales. Trabajar así desgasta el doble. Por eso, aunque parezca una perogrullada, es necesario humanizar los entornos laborales. No pedimos privilegios, pedimos que las dinámicas de trabajo sean compatibles con nuestra humanidad”, declaró.
El cuerpo no siempre rinde igual
Elkin Andrés Rivera Franco, profesional en medicina, explicó que al hablar del impacto del ciclo menstrual en la productividad laboral es necesario considerar múltiples factores. Entre ellos, diversos estudios que evidencian que más del 90 % de las mujeres perciben una disminución en su rendimiento a causa de los síntomas y el malestar asociados al ciclo menstrual, lo que incide directamente en la productividad del personal femenino.
El médico mencionó que en la mayoría de los casos, no se habla del presentismo, una condición que se presenta cuando las mujeres acuden a sus labores pese a experimentar síntomas relacionados con el ciclo menstrual. Explicó que en estas circunstancias, las mujeres continúan trabajando bajo condiciones de malestar, lo que puede afectar hasta en más del 50 % su productividad.
Agregó que además del presentismo, existen síntomas como náuseas, fatiga, dolor y dismenorrea —dolor menstrual— que pueden llegar a ser intensos e incluso incapacitantes, dificultando de manera significativa el desempeño laboral.
Rivera Franco expuso que en la práctica clínica, el abordaje inicial del ciclo menstrual suele centrarse en el manejo de los síntomas mediante analgésicos, en especial antiinflamatorios no esteroideos (AINE), como el ibuprofeno, el cual —según su experiencia— resulta efectivo para la mayoría de las mujeres.
Detalló que este tipo de medicamentos contribuyen a reducir la producción de prostaglandinas, sustancias asociadas al proceso de desprendimiento del endometrio funcional, responsable del sangrado, el dolor y la inflamación durante el ciclo menstrual.
Desde esa óptica, destacó la importancia de promover ambientes de trabajo más flexibles y amigables, así como la implementación de medidas como licencias temporales o modalidades de trabajo remoto para desarrollar labores en condiciones de mayor comodidad y tranquilidad, lo que a su vez favorece la productividad.
Liliana Bustamante Rave, profesional en psicología, también se refirió al impacto del ciclo menstrual desde una perspectiva emocional y psicológica, señalando que la carga física, mental y emocional afecta de manera significativa a las personas que presentan condiciones asociadas a este proceso.
En este punto, subrayó la importancia de utilizar un lenguaje inclusivo, recordando que existen personas trans que también menstrúan y no se identifican necesariamente con el género femenino.
Bustamante complementó diciendo que las variaciones hormonales que se presentan durante este ciclo pueden generar irritabilidad, ansiedad, fatiga, cansancio mental e incluso estados depresivos, lo que se traduce en un bajo rendimiento.
Finalmente, sostuvo que durante estos periodos se presenta una disminución en la tolerancia a la frustración, lo que puede hacer que las personas enfrenten con mayor dificultad las presiones externas y las exigencias cotidianas, en comparación con otros momentos del mes.

Lo que dice la ley
El abogado Johan David Ochoa Cárdenas aseguró a La Crónica del Quindío que la Ley 2466 de 2025, mediante la cual se implementó la reforma laboral, estableció directrices desde el sector público que permiten a las trabajadoras con dolores menstruales incapacitantes acceder a un día de descanso remunerado o hasta tres días de trabajo en casa por mes.
Según confirmó, esta medida busca proteger la salud de las trabajadoras sin afectar su salario ni sus prestaciones sociales. Para acceder a estos beneficios, aclaró, es indispensable contar con una certificación expedida por un profesional de la salud que acredite la existencia de síntomas incapacitantes. .
En esta primera fase, la medida se encuentra vigente únicamente para las trabajadoras del sector público, pero se prevé que a partir de junio de 2026 se extienda también al sector privado.
Así entonces, indicó que cada entidad pública deberá reglamentar internamente el procedimiento para acceder a estas licencias mediante circulares o resoluciones administrativas. Precisó, además, que el Departamento Administrativo de la Función Pública ya emitió directrices para su aplicación e invitó a otras instituciones a avanzar en la implementación de la medida.
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