Hoy reunión de gremios y entidades nacionales para conocer novedades de la rehabilitación del paso.
Hoy se cumple un mes del desplome del puente El Alambrado que comunica al Quindío con el Valle del Cauca, paso estratégico para unir el Pacífico con el centro del país.
Este viernes se llevará a cabo una reunión en la que estarán presentes representantes de la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI, del consorcio Autopistas del Café encargado de operar la vía, del comité intergremial, entre otros actores, donde se espera se den a conocer novedades al respecto de la problemática.
La reunión se llevará a cabo en el edificio de la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío, después de las 9 a.m., según pudo conocer este medio escrito.
Voces del Comité Intergremial expresaron su preocupación por estos primeros 30 días transcurridos luego del colapso y más cuando aún siguen en la zona restos de los camiones accidentados aquel día.
Desde Autopistas del Café ya se confirmó que el puente que en un principio iba a ser instalado en Girardota, Antioquia, será el reemplazo de El Alambrado y así poder reanudar el tránsito en la zona, desde la Agencia Nacional de Infraestructura, ANI, y desde el concesionario manifestaron que “en octubre estará listo”.

Para bien y para mal
Mientras llegan las soluciones, habitantes del sector luchan a diario para afrontar los efectos del colapso. Algunos establecimientos comerciales como restaurantes, puestos de frutas y misceláneos fueron cerrados. Otros se mantienen, pero las pérdidas económicas están por encima del 60 % y debieron incluso despedir trabajadores o abrir solo algunos días de la semana.
Lo paradójico es que hay otro sector de la población que aprovechó esta situación y para ganar algún dinero que ayude al sustento de sus familias.
Francy López puso una venta de mecatos -platanitos, chitos, dulces y bebidas-, cuyo precio oscila los $2.000- a escasos metros de la estructura caída. Y aunque sabe que no tiene un negocio grande, le ha dado ganancias: “Me ubiqué en esta zona porque muchas personas vienen a ver el estado del puente, otros hacen transbordo y compran mis productos. Yo estaba antes cerca de la zona urbana de La Tebaida, pero me instalé acá cerca de mi casa y me ha ido bien”.
Sin embargo, a quienes les ha ido mejor es a aquellos que se encargan de ofrecer un servicio de transporte para cruzar por la antigua vía del tren, localizada debajo del puente caído, las tradicionales ‘brujitas’ -carros de balineras que se movilizan sobre los rieles.
Por esa vieja estructura metálica cruzas las personas a pie o sentadas en los carritos, pero estos también se utilizan para llevar motocicletas y electrodomésticos. A una sola persona por utilizar estos medios se le cobra $2.000 y si va con otros elementos como una moto, una bicicleta o cualquier otra $5.000 adicionales, es decir, cruzar por allí puede salir hasta por $7.000.
Uno de los que trabaja en este negocio, quien no dio a conocer su nombre, relató que antes de la caída del puente se dedicaba a extraer material de río, pero, tras el desplome vio que era mejor negocio ayudar a pasar a la gente.
“Desde las 4 a. m. empieza la jornada y se puede extender hasta las 10 a. m., no podría decirle cuántas veces transportamos de ida y vuelta, pero tenemos que aprovechar mientras se habilita otra vez el puente”.
John Henry Giraldo vive justo enseguida de donde están los rieles, reconoce que el tráfico ahora es más numeroso: “Es el único paso que hay, hasta ahora no ha pasado algún accidente, ya que los encargados de manejar estos carros de balineras son precavidos, además este es el único acceso de la gente, incluso se han puesto algunas tablas para pasar a pie. Tengo entendido que le van a hacer un reforzamiento a este puente de tren, eso sin duda ayuda a la economía de muchos de esta zona que trabajan en esto”.
Otra persona que se beneficia de esta nueva dinámica es Doris Cano Rodríguez, quien se vio afectada porque cuando el puente se cayó dañó una pequeña habitación de su casa que tenía para arrendar: “Menos mal que no la tenía arrendada. El día de la caída me encontraba en la parte superior y vi cómo cedía lentamente, tocó avisarles a los conductores que frenaran”, contó.
Y sobre las ventas: “Yo me dedicaba a criar pollos blancos, pero hasta que no arreglen el puente no puedo realizar ese trabajo. Ya vendo gaseosas, agua, galletas, me sostengo con ello, además cobro a $1.000 la entrada para aquellos que quieren ver más cerca el puente caído”.
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