Usuarios del dispensario denuncian que inescrupulosos los intimidan con armas blancas para arrebatarles los turnos y venderlos. La falta de control agrava la crisis.
Lo que faltaba, el deficiente servicio de los dispensarios encargados de entregar medicamentos a los usuarios de las EPS ha desencadenado múltiples problemas en Calarcá, entre ellos la inseguridad. Personas inescrupulosas amenazan a ciudadanos para arrebatarles sus turnos y venderlos, agravando la crisis.
Los usuarios han denunciado reiteradamente que obtener un turno en el dispensario Discolmets puede tardar más de un día. Sin embargo, tras la larga espera, muchas veces no reciben la totalidad de sus medicamentos, lo que pone en riesgo su salud.
A este problema se suma la presencia de delincuentes que intimidan con armas blancas o fuerza bruta a adultos mayores y mujeres que madrugaron o incluso pasaron la noche en la fila para obtener un turno. La ausencia de autoridad ha permitido que estas prácticas se repitan.
Las quejas ante la Personería Municipal de Calarcá son recurrentes, al punto de que la entidad ha visto duplicar su labor de atención a estas denuncias.
El personero de la ‘Villa del Cacique’, Jorge Andrés Triana Salamanca, reconoció la complejidad del problema: “El acceso a la salud implica una serie de acciones, contratos y convenios. En este caso, la Nueva EPS, que atiende al 35 % de la población calarqueña, debería garantizar un mejor servicio. Sin embargo, el convenio con Discolmets no ha funcionado adecuadamente, pues la empresa no tiene la capacidad para atender a tantos usuarios”, explicó.
Cuando Triana Salamanca asumió su cargo en diciembre de 2024, la sede del dispensario era un local pequeño. A pesar de los compromisos de mejora, la situación sigue igual, por lo que la Personería insiste en exigir soluciones.
Un problema que crece
El personero advirtió que la crisis ha generado nuevas dificultades: “Discolmets no cuenta con una base de datos actualizada, lo que genera retrasos. La Nueva EPS tampoco ha unificado su información, lo que prolonga la atención de cada usuario hasta 25 minutos, afectando a quienes necesitan medicamentos con urgencia”, señaló.
A esta demora se suman otros inconvenientes. “Las filas empiezan cada vez más temprano, exponiendo a los usuarios a condiciones climáticas adversas. Además, algunas personas aprovechan la situación para vender turnos, recurriendo incluso a la violencia”, denunció.
Aunque se han implementado mejoras, como la atención de varias órdenes en un solo turno y la habilitación de líneas telefónicas, estas medidas resultan insuficientes.
“Es urgente asignar un guarda de seguridad que respalde a la encargada de entregar las fichas, quien está en riesgo constante de intimidación”, agregó el personero.
También propuso ampliar el horario de atención para reducir la demanda y evitar más conflictos.
“La Superintendencia de Salud debe intervenir con mayor rigor. Su función de vigilancia y control puede ayudar a encontrar soluciones efectivas”, concluyó.
Pronunciamiento de la comunidad
La Crónica visitó el dispensario de Discolmets en Calarcá y comprobó que muchos ciudadanos llegan desde el día anterior para asegurar un turno.
Al tiempo, algunos usuarios ratificaron que delincuentes armados han amenazado a quienes esperan en la fila con el fin de arrebatarles sus turnos y venderlos. También han intimidado al personal encargado de la entrega de fichas y medicamentos.
Luis Alberto Alarcón relató su experiencia. Ayer martes 25 de marzo llegó a las 5 a. m. a buscar su turno. Cuando habló con La Crónica, a las 11 a. m., aún no había sido atendido.
“Me dieron el turno 101 y apenas van en el 40. Esto es el pan de cada día. En una ocasión me dijeron que mi orden estaba vencida, tuve que ir hasta Armenia y allá confirmaron que no era cierto. Perdí todo el día y aún así no solucionaron nada. A muchos nos pasa lo mismo”, denunció.
Agregó que el medicamento que necesita cuesta $300.000 y no puede comprarlo en farmacias. “Es indignante que tengamos que vivir tantas dificultades para acceder a la salud”, lamentó.
Carlos Arturo Valero también manifestó su frustración. Desde las 5:30 a. m. acompañaba a su madre a reclamar sus medicamentos, esperando que se los entregaran completos para no repetir el mismo calvario.
“Las filas en la madrugada son interminables. Reparten los turnos y muchas personas siguen esperando hasta las 4 o 5 p. m. A veces ni siquiera entregan todos los medicamentos y toca volver otro día. La medicina especializada casi nunca la entregan”, expresó.
Además, advirtió sobre la inseguridad: “Aquí han sacado cuchillos a la gente con tal de robarle el turno. También han intimidado a las funcionarias encargadas de entregar los medicamentos. Es necesario que la Policía haga presencia”.
Luz Elena Cardozo Liévano, quien llegó al dispensario a las 3 a. m., también evidenció las fallas en el sistema.
“Desde las 7 p. m. del día anterior hay gente esperando. Se exponen a la inseguridad y al abuso. Ahora hasta los amenazan con cuchillo para quitarles el turno. Lo peor es que muchas veces los medicamentos quedan pendientes, poniendo en riesgo nuestra salud”, denunció.
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