El resguardo indígena Dachi Agore Drua, ubicado en Calarcá, enfrenta desde hace 18 años graves problemas de acceso vial que afectan el transporte, la educación y la salud de sus habitantes. La comunidad exige atención urgente por parte de las autoridades locales.
Los integrantes del resguardo indígena Dachi Agore Drua, ubicado en la vereda Quebradanegra, en Calarcá, hacen un llamado urgente. Desde hace 18 años deben atravesar una vía empinada y en mal estado, lo que dificulta el paso de vehículos y peatones, especialmente en temporadas de lluvia, cuando las corrientes arrastran piedras de gran tamaño.
El resguardo se localiza a treinta minutos del centro poblado de Quebradanegra. Allí habitan 52 personas —entre adultos y niños— pertenecientes a 17 familias de la etnia Embera Chamí.
Vía de acceso inadecuada
La comunidad solicita al gobierno departamental y a la alcaldía de Calarcá intervenir la vía que conduce al resguardo. Diariamente, niños y adultos mayores deben caminar cerca de cuarenta minutos por una ruta empinada y rocosa. José Erney Ramírez González, uno de los habitantes, dispone de una motocicleta no apta para ese terreno, pero ante la necesidad, se convierte en el único medio de transporte. A veces, deben pagar hasta $150.000 por un servicio en campero.
El trayecto toma entre 30 y 40 minutos en vehículo; a pie, hasta una hora. Andis Yuliana Marcial Gutiérrez, gobernadora del resguardo, expresó:
“Es horrible en época de lluvias. Para subir con los mercados, a veces debemos usar caballos, porque no siempre tenemos dinero para pagarle al conductor. Llevamos casi 18 años con este camino en las mismas condiciones”.
La vía también pone en riesgo la vida de los habitantes cuando se presentan emergencias médicas.
“Han venido brigadas de salud unas cuatro veces. Solo nos hacen firmar la asistencia y recogen datos sobre nuestras enfermedades. Siempre hemos pedido medicamentos, pero muchas veces perdemos las citas por no llegar a tiempo”, explicó la gobernadora.
A pesar de estas dificultades, la comunidad reconoció el apoyo del gobierno nacional en mejora de viviendas y acceso al agua potable, gestionado por la administración departamental.
“Hacemos un llamado tanto al gobierno departamental como a la alcaldía de Calarcá para que conozcan de primera mano la situación de la vía. Solo así entenderán la urgencia de nuestra solicitud”, reiteró Marcial Gutiérrez.
Solicitud de plantel educativo
Otra necesidad prioritaria es contar con un espacio educativo dentro del resguardo. Actualmente, los niños deben levantarse a las 4 a. m. para asistir a la sede educativa de Villa Hermosa, en Calarcá.
Unos quince menores recorren a diario un camino peligroso, lo que vulnera su derecho a la educación.
“Queremos que puedan enseñarles dentro del resguardo (…). Recientemente recibimos la buena noticia de la asignación de un nuevo etnoeducador. Pero cuando llueve, los niños deben cubrirse con bolsas y enfrentarse al peligro del camino”, dijo la gobernadora.
Luz González, viuda del líder indígena Constantino Ramírez Bedoya, recordó:
“Uno de los carros casi se volcó por un abismo mientras transportaba materiales. El costo del transporte es muy alto. Me angustia que algo le ocurra a mi hija en el camino”.
Una alternativa que propone la comunidad es adecuar la maloka indígena como espacio educativo, ya que cuenta con agua potable y energía, aunque también se ve limitada por el difícil acceso.
Recientemente, el gobierno departamental anunció la instalación de 17 viviendas autosostenibles, equipadas con sistemas solares amigables con el medio ambiente.
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