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Viaje al corazón de Barbas Bremen y Salento

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sábado, 21 agosto 2021

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Distritos de conservación de suelo, áreas protegidas y áreas de la sociedad civil hacen parte de la labor de protección dentro de la región.

La Fundación Natura, a través del proyecto Magdalena-Cauca Vive, busca fortalecer la protección de ecosistemas acuáticos.

Su intención es llegar a territorios que tienen injerencias en las cuencas del Cauca y Magdalena, impulsando acciones de producción sostenible que reduzcan el impacto de la acción humana en la naturaleza. 

El territorio quindiano hace parte de la iniciativa, se enfocó en Salento por la cuenca del Río Quindío, así como en Filandia por Barbas Bremen, y Génova.

El objetivo es promover acciones articuladas junto con la Corporación Autónoma Regional del Quindío, CRQ, más la sociedad civil para incrementar estrategias de conservación natural.

Recorrido por Salento

LA CRÓNICA conoció apartes del proyecto de la Fundación Natura y junto con ella recorrió Salento. Se adentraron en la magia que esconde el municipio y la región entera en muchas de sus reservas naturales. 

La travesía comenzó en la vereda Palestina, ubicada a 2.6 kilómetros de la cabecera municipal. Luego de caminar alrededor de 15 minutos por un sendero rodeado de bosque húmedo, se puede encontrar ‘KasaGuadua’, un espacio que nació por iniciativa de Nicholas Panayiotou y Carlos Diazgranados, quienes buscan fomentar una vida de bajo impacto para la naturaleza.

De esta manera, Magdalena-Cauca Vive, que tiene como finalidad principal la conservación ambiental, enseña cómo hacer un turismo verde o bioturismo enmarcado en la responsabilidad con el medio ambiente, impulsando el cuidado del agua de esta zona que ellos denominan como ‘Agua Viva’ porque tiene microorganismos que permiten su purificación natural, motivo por el cual se impide el uso de medicamentos, desinfectantes o jabones químicos.

“Esta propuesta nace al evidenciar que tal vez la felicidad no tiene nada que ver con dinero sino hacer algo que tenga sentido, una idea que empezamos hace 15 años con Nicholas, y ¿qué puede tener sentido en un país como Colombia? pues la conservación”, afirmó Carlos Diazgranados uno de sus fundadores.

En esta zona, que comprende el área de conservación KasaGuadua,  se propende por la recuperación del árbol nacional de Colombia, la palma de cera, la cual nace de manera natural en este predio, a causa de las semillas que se encontraban dispersas pero que debido a la degradación del suelo se habían visto afectadas, transformación que actualmente se da y permite una regeneración de esta especie, la cual puede tardar hasta 100 años.

KasaGuadua

En esta reserva se busca la conservación de los ecosistemas acuáticos.

Esta reserva natural de la sociedad civil hace parte del proyecto por medio del cual se busca promover la conservación de los ecosistemas acuáticos, demostrando las maneras de producción sostenibles que pueden desarrollarse en estos predios y que aportan de manera directa a la riqueza natural no solo del Quindío sino de Colombia.

 La rana de chocolate

Este terreno tiene 26 quebradas y en el año 2020 se identificaron 4 nuevos nacimientos, contando además, con una cascada donde se puede encontrar la rana de chocolate, especie arborícola que se ha convertido en emblema del Quindío y que también habita en otros municipios como Calarcá, Pijao, Córdoba y Génova, estando su ecosistema a los 2.000 metros sobre el nivel del mar.

Apoyo de la CRQ

Andrea de la Cadena Ortega, funcionaria de la subdirección de gestión ambiental de la CRQ dio a conocer que desde la entidad se generaron alianzas para fortalecer la administración de áreas protegidas, a través de estrategias de producción sostenible en predios ubicados estratégicamente.

Ganadería y turismo, sostenibles

En la vereda Cocora del ‘Municipio Padre’, existe la reserva natural Los Árboles con un área de 508 hectáreas, de las cuales el 75 % corresponden a bosques nativos que permiten impulsar el equilibrio ambiental, gran parte de este, restaurado de manera pasiva, donde la naturaleza cumple su función de retomar el dominio sobre su territorio.

El proyecto de sostenibilidad que se lleva a cabo en este predio salentino inició hace 60 años, cuando la familia de Andrés David Drew adquirió la finca de parte de unos alemanes que tuvieron que resguardarse en la zona, durante la II Guerra Mundial.

“Aquí instauramos un modelo que luego se retomó a nivel nacional e internacional y se denomina limpieza selectiva, al contrario de los ganaderos que limpiaban los potreros completamente, inicialmente a azadón, luego a machete y ahora con químicos, lo que hacemos es limpiar los potreros de una manera consciente y dejar los arbolitos que crecen en los potreros, porque mucha gente, especialmente los citadinos creen que en los potreros no crecen los árboles y están errados” manifestó Andrés David Drew.

En esta finca se establecieron 3 sistemas que trabajan de manera articulada para generar un impacto positivo en el medio ambiente: sistema productivo —ganadería regenerativa—, turismo y restauración.

Frente a la práctica ganadera, se registra un modelo sostenible enmarcado en la restauración de suelos y el restablecimiento de ecosistemas originarios, equivalentes a especies nativas.

“Soy biólogo, algunos de mis hijos son biólogos, hemos pasado toda una vida aquí, pero no conocemos todo lo que tenemos, y en ese ejercicio de identificación que se hizo se descubrió que tenemos, entre otras cosas, la rana de chocolate, tenemos unas áreas donde hay una población grande de esta especie” afirmó Andrés David.

A la labor de preservación de esta especie identificada y establecida en este predio de Salento se sumó el proyecto Magdalena-Cauca Vive, con la delimitación de zonas para impedir el paso tanto de personas como animales, fortaleciendo la protección de estos humedales, donde también se dio inicio a un proceso de restauración con la siembra de árboles que serán donados por el Jardín Botánico del Quindío en convenio con la Fundación Natura.

Además, el área de la reserva natural inicia en una altura de 1.900 metros sobre el nivel del mar y llega hasta los 3.400 msnm, ofreciendo una gran variedad de flora y fauna, representadas especialmente en aves, logrando identificar a la fecha, más de 250 especies registradas en el predio.

Es por esto que la parte alta de la finca forma parte del Área de Importancia para la Conservación de Aves, Aica, del alto Quindío, encontrándose además, dentro del distrito regional integrado de Salento.

Proyectos ambientales escolares

Por su parte, desde el espacio académico, se ha logrado involucrar a varias instituciones educativas del Quindío en un enfoque de conservación ambiental a través de los Poryectos Ambientales Escolares, Prae. 

Este es el caso de la institución Educativa Boquía en Salento, la cual cuenta con sedes en 14 de las 17 veredas del municipio, permitiendo que la enseñanza en torno al cuidado de la fauna y flora nativa.

La institución está aliada con las Fundaciones Natura y Las Mellizas, por medio de las cuales se logra fortalecer los Prae en 3 áreas protegidas del Quindío.

En esta localidad, los estudiantes adelantan un proyecto en la implementación de un vivero enfocado al cultivo de árboles nativos y plantas medicinales, permitiendo que los jóvenes de grado décimo y undécimo aprendan sobre las especies endémicas y se relacionen con la fauna y flora del sector.

Según lo indicado por la rectora de la institución educativa Boquía, Isabel Cristina Cañas López, el Prae es un espacio transversal con el currículo académico del colegio y sus sedes, convirtiéndose en el cimiento institucional.

“Este es un cimiento que enamora a los estudiantes de las sedes educativas y es la sensibilización en su contexto, los niños aprenden a cuidar desde todas las acciones en la parte ambiental, saben que vivimos en un territorio prodigioso, así mismo tenemos que cuidarlo, luchando por una sostenibilidad”, afirmó la directiva docente.

Además, en esta institución, buscando relacionar a los estudiantes con su entorno y el cuidado del mismo, se creó un sendero y se implementan proyectos entorno a la producción orgánica, eliminando los productos que generan alto impacto negativo al medio ambiente.

“En esta institución el conocimiento científico se articula con el arte, y se orienta desde la música, la pintura, la escultura, permitiendo que los más pequeños se motiven con esta cátedra y que se genere un respeto, replicando en las viviendas lo aprendido”, resaltó la rectora. 

Buscando articular la conservación y la productividad, se lleva a cabo el cultivo de plantas ornamentales, para lo que se adelanta la construcción de un espacio físico que permita abordar de manera directa y permanente los mercados campesinos. 

Barbas Bremen nació de una pinera

Luego de dejar la Autopista del Café y antes de llegar al casco urbano de Filandia se encuentra el Distrito de Conservación de Suelos Barbas Bremen, lugar que cuenta con corredores biológicos donde se avistan especies como el yaguarundí, la guagua loba, guagua común, la pava caucana, mono aullador, mono nocturno, armadillo y 2 tipos de tigrillos.

Esta zona, compartida con el departamento de Risaralda, en el sector Quindío tiene alrededor de 4.900 hectáreas, de las cuales el 70 % corresponde a Filandia y el 30% restante a Circasia.

El área en la cual se encuentran los corredores biológicos Barbas Bremen era anteriormente una pinera que fue transformada tras la liquidación de la empresa que la manejaba. Gran parte de su restauración fue adelantada por William García, un botánico que trabajó junto con varias personas para lograr la regeneración de la tierra. 

Bremen inicialmente, desde el 2006 era un parque regional natural, luego hubo una reconversión y el área regional natural en el 2010 quedó como distrito de conservación de suelos. A partir de momento se empezó a trabajar con el plan de manejo del distrito, el cual cuenta con la participación de la sociedad civil a través de un comité de participación.

La finalidad del comité es que la sociedad civil se involucre de manera permanente, y desde las diferentes instancias haga parte de la conservación de un predio.

Estos comités, que cuentan con la vinculación de la CRQ, tienen como labor principal fortalecer la pedagogía en la comunidad permitiendo que conozcan las sanciones impuestas por afectación a los recursos naturales, pero a la vez, identifiquen las actividades que se pueden realizar en áreas protegidas, disminuyendo la estructura turística sin medidas y alivianar la presión que se genera sobre los recursos ecosistémicos, especialmente afectaciones a fuentes hídricas.

Permacultura en el Quindío

Luego de salir de Salento y ya en jurisdicción de Filandia, sobre la autopista del Café, se encuentra una vía de ingreso al lado derecho, que por una carretera destapada conduce hasta la reserva La Rivera, un centro de educación en producción regenerativa, en conservación de turismo de naturaleza, que tiene como misionalidad concientizar y educar a las personas frente a la importancia de amar y cuidar la tierra.

Esta finca con 180 hectáreas y adquirida desde el año 1974, se estableció durante mucho tiempo para la ganadería extensiva, contando con un 90 % de zonas de potrero, pero con la dedicación de José Manuel Patiño Gómez se ha logrado la recuperación de gran parte del territorio, permitiendo la zonificación de terreno.

Donde hay cultivos de papas nativas, frijoles nativos, bosque de comestibles con más de 30 especies en policultivo, bosques maderables y zonas de conservación para la investigación, compostera, huerta, biofábrica y vivero de flores; además se aplica un modelo de ganadería regenerativa donde tienen levante de animales para la producción de leche.

Igualmente, en este territorio ubicado a una altura de 2.200 metros sobre el nivel del mar, se encuentra una propuesta diferente en torno a la energía eléctrica y cultivo de aguas lluvias, permitiendo la aplicación de una autosuficiencia de vivienda y cultivos a través de la instalación de sistemas naturales como la generación de energía a partir del viento con una estructura eólica que permite conducirla hasta la vivienda; un panel solar para la cerca eléctrica y un sistema que recoge aguas lluvias con una capacidad de almacenamiento de 60.000 litros de agua.

Con estas acciones, en la reserva se trabaja en la reconversión hacia modelos de producción sostenibles, contando actualmente con el 40 % del territorio en potreros.

En este lugar, aliado con la protección ambiental, se practica la permacultura, un modelo de vida en equilibrio con el entorno donde se enfoca a la producción desde la sostenibilidad y relación directa con el medio ambiente.

Una propuesta que surgió en la época de la revolución verde y que logró cautivar a José Manuel, uno de los menores de la familia, quien en su afán por conservar esta tierra decidió explorar un conocimiento nuevo entorno a la razón de vivir en equilibrio con la tierra, generando impactos mínimos.

Fue en ese momento cuando este joven quindiano decidió viajar a Tailandia donde vivió por año y medio en una ecoaldea que le permitió adquirir todos los conocimientos en torno a la permacultura para venir a replicarlos en el Quindío, con la idea de convertirse en mentor de este modo de producción.

Por el momento, en este espacio que cuenta con varias propuestas de sostenibilidad se imparten clases con un agrónomo, talleres cortos y se brinda un espacio para la investigación y la academia, recibe a estudiantes de instituciones de educación superior como la Universidad del Quindío y Eefit.

 


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