La universidad busca que el consumo no se convierta en un obstáculo para el proyecto de vida académico y personal de los jóvenes.
Hace un mes, la Universidad del Quindío inauguró la zona intercultural ubicada en las proximidades del jardín botánico, se trata de un espacio concebido como encuentro de diferentes grupos de estudiantes para el desarrollo de actividades de connotación cultural, deportiva, cuidado medioambiental, talleres de lectura y demás expresiones artísticas, sin embargo, se ha elegido como un espacio recreativo elegido por estudiantes u ocupado mayormente por el colectivo cannábico de la universidad.
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El proyecto a llevar a cabo en la zona involucra al personal de chalecos verdes de Bienestar Institucional, quienes acompañan con permanente vigilancia y con una propuesta de prevención y mitigación el consumo de sustancias psicoactivas no solo en esta zona sino en la totalidad del campus universitario, buscando generar mayor sensibilidad sobre el consumo de las mismas, teniendo en cuenta que es un asunto de salud pública y de libre desarrollo de la personalidad.
Espacio de Cultura y Encuentro
La zona cuenta con 552 metros cuadrados, tuvo un costo $791.819.717 y dispone de un teatrino, zona wifi, área de estudios con mesas y cubierta, batería sanitarias, iluminación con paneles solares, mobiliario de esparcimiento, punto ecológico y oficinas para funcionarios de bienestar familiar, con un horario de uso de 6:30 a.m. a 9:30 p.m. por población uniquindiana.
Prevención y mitigación
Natalia Berrío Mosquera, profesional universitaria en el área de desarrollo humano y salud integral del Bienestar Institucional, mencionó la importancia de revisar cada caso personal de estudiantes que frecuentan el lugar, precisamente por ello un grupo de funcionarios realizan un primer acercamiento para que, desde la universidad se pueda brindar un espacio de cuidado entre todos.
“Para la zona intercultural queremos llevar diferentes estrategias dentro del tema de prevención de consumo de sustancias psicoactivas en compañía de la secretaría de salud municipal y departamental y así conocer el tipo de sustancias que consumen, reconocer los riesgos y aliar programas como Universidad en Familia, con la intención de conocer qué sucede con los chicos y sus entornos familiares. Reconocemos que la idea es acercarnos a comprender qué pasa con los chicos, porque el consumo es síntoma de algo que hace la persona en respuesta a una problemática o situación, esto siempre y cuando exista el consentimiento de cada estudiante”, dijo.
La idea inicial de la zona intercultural, se pensó como un espacio de iniciativas culturales, deportivas, recreativas, artísticas, de pintura y poesía, orientado a que las personas que libremente eligen consumir sustancias psicoactivas tengan actividades adicionales para distraer la mente y no limitar el espacio al consumo.
Desde el área de Bienestar Institucional se creó el grupo interdisciplinario “grupo de sustancias psicoactivas”, conformado por el trabajador social Juan Carlos Sánchez Sánchez, el topógrafo Alejandro Valencia Valencia y el psicólogo Sergio Vallejo Rincón.
En el mismo sentido, se creó la Mesa de expertos en salud mental con énfasis en consumo de SPA, estos grupos se encargan de realizar un trabajo con los estudiantes de la totalidad del campus universitario en dirección a la prevención, socialización y sensibilización del uso de estas sustancias y allí se encuentran involucradas instituciones como el Observatorio de drogas de Risaralda, secretaría municipal y departamental de Salud, secretaría de Desarrollo y Gobierno, Policía con Patrulla Púrpura e Infancia y Adolescencia, como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y alianzas estratégicas con universidades del Eje Cafetero.
Estadísticas de consumo
Juan Carlos Sánchez Sánchez, trabajador social adscrito a ‘chalecos verdes’ de la Universidad del Quindío habló de las sustancias psicoactivas legales e ilegales. Entre las sustancias legales en Colombia se encuentra el alcohol, el vapeador o cigarrillos electrónicos y entre ellos, la marihuana. Expresó que en la última caracterización realizada en el segundo semestre de 2024, arrojó datos relacionados a que un 28% de los estudiantes consume marihuana, un 5% cocaína, sustancias inhalantes un 6% y 1% consume bazuco, así mismo, drogas como éxtasis un 4% y heroína un 1%, resultados que se pudieron conocer gracias a la prueba de detección de consumo de alcohol, tabaco y sustancias, por sus siglas ASSIST, desarrollada por la Organización Mundial de la Salud, OMS, utilizada como un instrumento que consta de 8 preguntas que permiten detectar consumo de las sustancias psicoactivas a lo largo de la vida de una persona.
Tanto hombres como mujeres consumen sustancias psicoactivas a la par, sin embargo, en el lugar hay mayormente presencia de hombres. Sánchez Sánchez señaló que el propósito como universidad está relacionado con que el consumo no se vuelva problemático e interfiera con sus estudios académicos ni plan de vida. El proyecto Programa de Prevención y Mitigación de Sustancias Psicoactivas que involucra incluso entidades escolares a través de las Zonas de Orientación Escolar, ZOE, da cuenta de que el problema de consumo de sustancias psicoactivas viene muchas veces de ámbitos sociales que normalizan, por ejemplo, el consumo de alcohol, por ello, la universidad cuenta con la Zona de Orientación Universitaria Uniquindiana, ZOUQ, desde allí se busca prevenir, mitigar y reducir el daño que conlleva el uso de sustancias psicoactivas.
“Desde la ZOUQ manejamos diferentes estrategias para tratar de identificar o caracterizar la población que está consumiendo, qué sustancias inciden en sus procesos académicos y también brindamos ayuda porque algunos estudiantes son conscientes de que la sustancia los atrapa y no les permite culminar sus estudios. Una carrera que dura 5 años, puede tardar para algunos 7 u 8 años”, dijo Sánchez Sánchez.
Una mirada desde la psicología
Sergio Iván Vallejo Rincón, psicólogo clínico especialista en salud mental e integrante del equipo de Bienestar Universitario, explicó que su labor no solo se centra en atender a usuarios de sustancias, sino también en ofrecer herramientas que les permitan afrontar sus dificultades emocionales sin depender de ellas.
Vallejo señaló que los jóvenes que recurren a sustancias como el tabaco, el cannabis o el alcohol, lo hacen muchas veces como una forma de lidiar con problemas de estrés, emocionales, familiares, académicos o económicos. En un principio puede parecer funcional, pero con el tiempo se convierte en un hábito compulsivo que deteriora la salud mental.
“No todos los consumos son problemáticos, pero cuando se transforman en abuso dejan de ser una ayuda y se convierten en un obstáculo”, explicó.
Vallejo hace parte del proyecto Chalecos Verdes, que trabaja tanto en prevención como en reducción de riesgos y daños. Mientras la primera busca evitar el inicio del consumo, la segunda reconoce la realidad existente y propone formas más seguras y responsables de afrontarla.
En la Zona Intercultural, por ejemplo, se han diseñado estrategias para dinamizar el espacio: actividades culturales, artísticas y deportivas que ofrecen alternativas a los estudiantes. “La idea es que el consumo no sea el eje central de la vida universitaria, sino solo un aspecto más que pueda disminuir con el tiempo”.
El especialista advierte que iniciar el consumo antes de los 15 años aumenta el riesgo de desarrollar patrones adictivos, debido a que el cerebro aún no ha madurado completamente. Además, señala que detrás de muchos consumos problemáticos se esconden trastornos de base como depresión, ansiedad, déficit de atención o duelos no resueltos.
Finalmente, Vallejo resalta la importancia de los entornos protectores. “Si la familia ofrece diálogo, validación emocional y acompañamiento, el riesgo de consumo problemático disminuye. Pero si no lo hace, el joven buscará refugio en otros lugares, muchas veces en las sustancias”.
Con un enfoque que busca más comprensión que condena, el trabajo del psicólogo y su equipo se convierte en una apuesta por humanizar el debate sobre drogas en la universidad, entendiendo el consumo no solo como un problema, sino como una puerta para hablar de salud mental, resiliencia y proyectos de vida.
Atender la problemática social desde la academia
Francisco Antonio Cifuentes, licenciado en ciencias sociales, filósofo y funcionario de Bienestar Universitario, expresó que por razones constitucionales y derechos humanos, resulta imposible prohibir conductas del ser humano, sin embargo, desde el papel como educadores responsables se debe hacer frente a los problemas. Cifuentes ** ha propiciado por las buenas conductas de higiene, cuidado y preservación de la infraestructura, así como al respeto por la institución, encargados y demás estudiantes ya que, finalmente el espacio es para los mismos estudiantes.
“En el mobiliario instalado hay tableros de ajedrez dibujados en las mesas, eso tiene un sentido muy importante y es impulsar un juego de concentración, que tiene arte, ciencia y que la persona no solamente se siente en una mesa en términos ociosos, sino que incluso en su medio inmediato pueda tener acceso a otras alternativas, como leer, jugar, dialogar, ver otras cosas”, resaltó.
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